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El Deus ex machina es un recurso de guionistas y directores por el cual un punto importante de la historia se resuelve con una serie de hechos que no tienen relación alguna ni con la narración ni con la trama y aparecen de manera gratuita e injustificada.


El nombre viene de la antigua Grecia y su narrativa teatral. Cuando un personaje estaba en medio de una aventura y tenía graves problemas a los que no podía hacer frente, entonces bajaba algún Dios y rescataba a su aventurero favorito. Una especie de “comodín de los Dioses”.


El mayor ejemplo es el final de la serie Los Serrano. El hecho de revelar que todo sea un sueño no solo es un final pordiosero para una ficción de varias temporadas. Denota además una falta de ideas alarmante. No hacía falta ser sorprendente, ni siquiera trascender con un final adecuado a la historia. Tan solo bastaba con no escribir el peor final nunca jamás imaginado. No sé en que estaba pensando Daniel Écija al autorizarlo. Es posible que quisiera ofrecer un halo de importancia en el tiempo pero lo cierto es que nunca funcionó. De hecho, su gran competidora Aquí no hay quién viva mantiene un recuerdo intacto de las tramas y la historia pero Los Serrano conserva ese estigma de “Ay, el final de Los Serrano”.


Hay otros ejemplos en el mundo del cine: Zombies Party, con los militares apareciendo en el bar sin que hubiesen salido en ninguna escena anterior; El mago de Oz, donde Dorothy se despierta en la granja y sabe que todo ha sido un sueño; Escuadrón suicida, donde cualquier cosa se resuelve con una bomba; La guerra de los mundos, donde todo se termina por un resfriado o el guiño en forma de parodia de Los Simpsons hacia El señor de las moscas, donde terminan el episodio de la siguiente manera: “Y los niños fueron rescatados... pues no sé, por Moe... por ejemplo”.


¿Podríamos trasladarlo a la vida real? Por supuesto.


Te pasas un año enamorado de una “pijiprogre” que estudia Diseño gráfico en la Pompeu Fabra. Además, sueñas con tener pareja para ver películas de Wes Anderson con ella. A esto le sumamos que tienes que lidiar con su ex novio, un tipo “poser” y aparente que es fan de los Pixies. Todo esto aderezado con un entorno “indie poperillo” de dulce y caramelo” en el que cada momento es merecedor de subir una fotografía a Instagram.


Si te pasas un año entero trabajando sobre esa base, no puedes resolver esto en una semana en la que conoces a una chica heavy en un concierto de Megadeth, pasas a soñar con una invocación satánica de Ozzy Osbourne y terminas en una marcha motera a favor de la bajada de los “cachis” de cerveza.


¡Puedes hacerlo! Está claro, pero... No tiene una coherencia interna y externa para con todo el año que has pasado y lo solucionas en una semana.


Es decir, yo como buen “procrastinador” podría hacerlo pero no soy el mejor ejemplo. Una vida y un relato deben respetar una coherencia interna y externa.


Todo debería tener un final que respetase lo anteriormente escrito.


¡Pim pam, toma Lacasitos!

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