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Hay un músico australiano llamado Nicholas Edward Cave, más conocido como Nick Cave, que es conocido por su amplia discografía con la banda The Bad Seeds y su estilo rock/post-punk. Además es escritor, poeta e incluso actor. Si nos centramos en su faceta musical es uno de esos artistas que editan absolutamente todo lo que graba. Desde una canción grabada en un estudio profesional a una composición casera en la que se escuchan pájaros de fondo mientras un Opel Corsa “quema” rueda frenando en un paso de cebra.

A los muy fans eso les encanta. Todo es bien recibido si eres el mayor admirador de alguien. A mí como admirador moderado del artista, también lo agradezco pero… lo cierto es que me gustaría encontrarme con un mínimo de calidad. Y eso no siempre pasa. Es lo más normal del mundo. Un músico no puede hacer siempre canciones de 10, como un escultor no puede esculpir todos los días obras de sobresaliente o un director rodar películas que sean obras maestras.

Otra cosa, dentro de que no es bueno “dar a luz” cualquier cosa que hagas, Nick Cave es una persona que se lo puede permitir. No es un mindundi como cualquiera que entre a First Dates o yo mismo. Tiene una carrera de más de 30 años. Edita y publica todo lo que hace sin ningún filtro. ¿Por qué? Porque puede.

Vayamos ahora al caso de eso que todo el mundo infravalora, ser una persona normal y corriente. Por mucho talento, creatividad, estilo que te creas que tengas, no siempre es merecedor de ser conocido por todo el mundo. ¿Por qué? Porque no te has ganado el respeto ni la aprobación de nadie. Hay gente que no sabe filtrar (la manida metáfora de Twitter como un bar lleno de borrachos).

Evidentemente si escribes algo acerca de tu odio hacia los niños en Internet, quedará grabado para siempre. Te pueden no gustar los niños pero resérvalo para tu círculo cercano. ¿Por qué querer compartirlo al mundo? No es algo tan genial y divertido que te vaya a hacer conseguir un trabajo, ni siquiera el sentirte mejor. Además, si en tus planes tienes previsto algún día dedicarte a ello pues… es un tanto necio cerrarse puertas de esa manera.

Si tuiteas sobre lo poco que amas los peluches de mapache que hay en ToysRUs, es evidente que si soy uno de los jefes de esa empresa o de otra que comercialice esos mapaches, lo más probable es que no quiera contratarte. Y puede que luego seas el mejor vendedor de mapaches de peluche de la historia pero… por vomitar un necio e irrelevante pensamiento te quedarás sin saberlo. Y ahí no puedes culparte más que a ti. Nadie te ha obligado a compartir eso que se te pasaba por tu cabeza.

Hay casos recientes de futbolistas como Sergi Guardiola que fichaba en 2015 por el filial blaugrana y horas después era despedido por encontrarse tuits de hace dos años con mensajes como “HALA MADRID puta cataluña”. Luego el jugador escribió una carta de arrepentimiento en su Twitter muy apenado por todo.

¿Significa esto que sea justo que te despidan de una empresa por haber escrito algo en contra antes de pertenecer a ella?

Pues la verdad es que no. Tampoco es eso de “antes fulanita me caía mal y era una borde y hablaba mal de ella pero luego la conocí y me enamoró locamente”. Si hablamos de manera profesional lo que no puedes hacer es cerrarte puertas por algo tan nimio, absurdo y sobrevalorado como una red social y en este caso Twitter.

Lo primero que hace una empresa es mirar tus redes. Por lo tanto, cuídalas, edúcalas y por favor… ¡Filtra!

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