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Existe un subgénero dentro del terror y la ciencia ficción que es el de las “películas con bicho”. Ejemplos de ello pueden ser Alien, The Host, Deep Blue Sea, Gremlins, donde el monstruo se postula como un personaje de entidad propia y se apodera de la pantalla, terminando por ser el eje vertebrador del relato.

Hace unas cuantas semanas el director sueco de origen chileno Daniel Espinosa estrenó su última película llamada Life. Es un filme que nos lleva irremediablemente a las raíces de Alien pero que también toma como inspiración otras obras. La narración está trufada con la estética y el tono de Horizonte final, la exploración de Marte y el espíritu de supervivencia de Gravity. El tema del desarrollo y la profundidad de los personajes se lo deja en este caso a Interestellar, y digo que se lo deja porque aquí no hay rastro alguno de personalidad.

Y es que Life funciona a la perfección como “peli con bicho”. Posee tensión, una extraña mezcla entre fascinación, miedo y morbo por el nuevo ser, una atmósfera opresiva, una curiosidad científica y emocional por comprender la naturaleza del bicho y un poderoso instinto de supervivencia en pantalla.

¿Cuál es el problema? La poca entidad de sus personajes. No es cuestión de actores. Jake Gyllenhall tiene probada su solvencia y calidad en infinidad de filmes, Reynolds (cuyo personaje es el mejor pero deja un sabor agridulce) se ha puesto las pilas después de su divorcio con Scarlett Johansson y Rebecca Ferguson no es una mala actriz.

Los reparos vienen dado por el desarrollo de los mismos. Salvo el de Reynolds, el resto son personajes monocromáticos. Gyllenhall odia “los ocho millones de gilipollas que pueblan la tierra” pero ahí se queda. Solo conocemos que está a punto de de batir el record de permanencia en el espacio No tiene aristas ni misterio. Ferguson no da el pego como chica de romance. Es la nueva que llega a la nave y tiene un leve coqueteo con Gyllenhall pero nada más. No hay desarrollo.

Si bien es cierto que en el manual del guionista una película debe tener momentos de calma tras la tempestad, en esta ocasión las escenas con carga dramática dan bastante risa. No funcionan. El filme pedía “caña”, dinamismo, ritmo, acción, obviar esas pausas y llevar todo al máximo. No todas las historias deben tener esa tensión sexual no resuelta ni unos personajes que quieran “mostrarse”. Aquí es lo más prescindible. Esa aproximación que por ejemplo se hace en Gravity para conocer al personaje de Sandra Bullock aquí no era necesario al poseer un peligro físico tan potente y cercano.

¿Es un lastre? Indudablemente. ¿Repercute en que podría haber sido mejor? Sin duda. ¿Se carga la película? Para nada. El bicho se apodera de la película como si fuera el Errol Flynn de la época. Cada momento en que sale, cada escena donde se sugiere su presencia son quilates del mejor cine. Tiene secuencias de la mejor tensión, de auténtico filme de supervivencia. Es inteligente, malvado, feo y carismático. Es un “bicho villano” excelente.

Y por cierto: muy bien el final.

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