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Las siglas FPS puede que no digan mucho a la gente que no está metida en el mundo de los videojuegos pero dentro del universo gamer son sinónimo de un género que ha traspasado fronteras en la industria. Los FPS (First Person Shooter) son juegos en los que usando una cámara en primera persona demuestras tus habilidades como tirador. Ya sea en la narrativa de una historia o jugando contra otras personas en línea.

Mi historia con este tipo de videojuego viene de los años noventa. El género ya había comenzado en los años 70 con un hombre llamado Jim Bowery, el cual desarrolló un juego en tres dimensiones que recreaba un juego en 2D de nombre Empire y que bebía del universo de Star Trek. No tenía unas mecánicas demasiado satisfactorias y todo se desarrollaba en una atmósfera oscura que apenas aportaba jugabilidad pero era un avance increíble para la época. Se descubría un nuevo género. En los 80 se pulieron varias cosas. Las atmósferas pasaron a ser más coloristas y el apartado narrativo quería contar algo aunque todo seguía siendo bastante tosco.

La época dorada. Los años 90.

Es la época de los shooter de la vieja escuela. Hablamos de Doom, Quake, Duke Nukem, Shadow Warrior, Wolfestein… Títulos que pasaron de la infancia a la adolescencia del género y lo hicieron de una manera increíble. Todos tenían unos modos campaña bastante característicos. Entornos “pasilleros” que te conducían a recorrer la historia, un humor corrosivo, ritmo, jugabilidad

Poco a poco se fue introduciendo el juego a través de servidores locales. Los cybers de la época se llenaban de chicos que querían jugar al Counter Strike, Quake 2 y luchar unos contra otros. Además, se introdujo lo que terminó por explotar el género: la posibilidad del online.

Todo esto fue provocando una creciente bajada de las historias de la campaña. Los desarrolladores se centraban en conseguir un modo online nivelado y satisfactorio para sus usuarios. Sin embargo las historias se perdían. El jugador individual se iba quedando desamparado. Si quería vivir su propia historia debería hacerlo con otros jugadores.

Entonces llegó el canto del cisne del universo shooter: la segunda parte de Half Life. Fue algo histórico, es de esas cosas que hacen que el mundo del videojuego se postule como una forma de arte. El culmen del género. Y… ahí… ahí debo decir que me perdí.

Cada juego que salía venía enfocado al online. La narrativa iba decayendo y con ella mis ganas de seguir con el género. Poco a poco fui jugándolo cada vez más hasta llegar a la nada durante más de 10 años. Todo esto hasta llegar a Ken Levine y su Bioshock Infinite.

Bioshock Infinite se compone de 3 juegos. El primero y tercero a manos del equipo de Levine y una segunda parte a cargo de otra desarrolladora. Se debería comenzar la saga por el primero (tiene lógica) pero recomiendo descubrir el universo desde Bioshock Infinite. De esa manera podrás ver la grandeza y el mérito del videojuego. El poder descubrir las ciudades de Rapture y Columbia. La narrativa de los personajes de Elizabeth, Booker, las mecánicas tan satisfactorias de acción y cómo han ido evolucionando…

La forma contemporánea más evidente de mostrarle a una persona que no le gustan los videojuegos a que sí lleguen a hacerlo es ponerle la obra de este señor. Levine, desarrollador de videojuegos y nerd declarado, lo cambió todo. Desde juegos como System Shock, Thief y hasta llegar al universo Bioshock desafió lo artesano de realizar una obra trascendente en lugar de una genérica.

Si alguien pone cara rara cuando le hablas del mundo de los videojuegos, lo suyo sería instarle a probar durante un par de horas Bioshock Infinite. Es una auténtica obra maestra. Desde la historia, las mecánicas, la jugabilidad, la acción… Como admirador de la obra de Levine, te recomiendo tanto como si eres un apasionado de los FPS, como si no te gusta nada el género, que lo pruebes. Lo mismo si eres fan de los videojuegos o estás en el extremo de que nunca has conectado de ellos.

Haz el favor de probártelo. Te debes esa oportunidad.

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