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Como fan de las películas basadas en los cómics, estoy muy dolida. Es verdad que no soy ávida lectora de esta modalidad de literatura gráfica, pero desde pequeña, en esta cultura pop en la que estamos sumergidos, siempre le he tenido mucho cariño a las películas de superhéroes. Marvel, antes y después de ser adquirida por el terrateniente Disney, ha estado produciendo películas de una calidad y presupuesto impresionantes. Unos verdaderos blockbusters que son parte vital de la cultura cinéfila de estos últimos años. La creación de un multiverso con los héroes de siempre entre sus filas. Una exploración en busca de identificación, de salvar el mundo y a sí mismos, una aventura que parece interminable. Marvel, bravo por habernos enganchado durante más de 10 años -y los que quedan- a los hombres y mujeres en mallas.

 

Pero DC, ¿qué has intentado hacer? La industria cinematográfica, actualmente, pasa por una crisis creativa, por lo menos al nivel de Hollywood. Todo son adaptaciones, o re-adaptaciones, que hacen que queramos gritar “¡por qué tocáis los clásicos!” Y claro, todo se copia, que es más fácil. En este caso van ya varias sagas las que quieren alcanzar el mismo y longevo éxito de una como Harry Potter en su momento: 8 entregas en cine, 7 libros y una cantidad exorbitante de taquilla, de ventas, de merchandising y de dulce memoria en los espectadores, desde los más entusiastas a los de andar por casa. A eso aspiran los grandes productores. En la espera y punto álgido de estos estrenos, surgió el “universo Marvel” en la pantalla grande, con grandes ambiciones. Las entregas se esperan hasta 2025, con las diferentes etapas que piensan narrar basados en tan reconocidos superhéroes, y ojalá pronto más superheroínas.

 

Y ¿quién iba a ser Marvel por encima de DC? Decían algunos. Las mejores últimas adaptaciones de un superhéroe de la casa DC Comics vino de la mano de Christopher Nolan, con una trilogía insuperable acerca de Bruce Wayne y su álter ego Batman. Pero quisieron intentar ponerse a la altura de su competidor vital y… no lo lograron.

 

“El hombre de acero” protagonizado por Henry Cavill también fue víctima de mis ronquidos. Yo, cinéfila que jamás se había quedado dormida profundamente en la butaca del cine, me declaro víctima de DC. “Batman vs. Superman” ni me molesté en verla. “Escuadrón Suicida”, ni de reojo. Creo que ni el trailer he visto. Pero, “Wonder Woman” sí había que verla. Dentro de esta revolución mediática de la figura de la mujer empoderada era necesario ver si esta película lograría estar a la altura de ser un ícono feminista. Hasta cierto punto, bien. No me quejo. Fue entretenida y no me quedé dormida. Pero “La Liga de la Justicia” ha colmado el vaso. Diálogos muertos, interpretaciones somnolientas y una trama ausente. No había pasado una hora, ni el primer acto, para que yo ya empezara a roncar. DC, me debéis una noche de mi vida.

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