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Tommy Wiseau es un ser bastante particular, excéntrico sin parecido y con los pies en la tierra… no exactamente, pero tenía un sueño. Junto a quien ha sido desde entonces su mejor amigo, Greg Sestero, decide producir su propia película, decisión que viene de la cadena de “fracasos” constantes que marca los primeros meses del yo-quiero-ser-estrella en Hollywood. Cuentan con una financiación de origen un tanto anónimo y sospechoso para crear la película “The Room”, que pasa a convertirse en película de culto por lo mala que es. Exacto, por lo mala que es.


Hay quien afirma que es tan mala que es buena. El que más, James Franco. Franco dirige y protagoniza una de las comedias del año “The Disaster Artist”, basada en el libro homónimo que escribió el propio Greg Sestero acerca de cómo conoció a Wiseau y el rodaje y primera exhibición de “The Room”. La comedia pretende ser biográfica, personal y atrevida. Sin embargo, se queda en el mero reflejo de una ridiculez anunciada.
La actuación de Franco puede ser muy acertada: se transforma en Wiseau con todas sus excentricidades incluidas, desde el acento hasta la forma de andar. Al fin y al cabo, es una comedia. ¿Y te ríes? A ratos.


Dave Franco es el ancla con el que empatiza el espectador. Encarnando a Sestero, el mejor amigo de Wiseau, nos muestra que no estamos solos en esto de pensar que “ese hombre está loco”. Aunque notamos en cada plano el cariño que le tiene al protagonista, también vemos su frustración por las decisiones de Tommy, personal y profesionalmente. Vemos la caída anticipada de alguien que pudo llegar a ser algo más, pero nunca lo sabremos ya que su compañía siempre fue ese excéntrico y novel director. Y él se queda en eso, en su fiel compañero.
Todos los altercados de un rodaje se ven expuestos al máximo en una crónica de producción cinematográfica que no tiene ni pies ni cabeza. Todos los que trabajan en el rodaje están de acuerdo en una cosa: Wiseau no sabe lo que hace. Y es verdad.


James Franco nos quiere demostrar que hay diferentes formas de hacer arte, y nos muestra la perspectiva de este director que creó algo insólito: que la gente vea una película mala como el pan de hace una semana y aplauda cuando acaba; no porque acabe, sino porque realmente se lo pasó bien. Su propia obra se queda en más o menos lo mismo. Vemos a su exageradísimo personaje, no lo creemos y solo empatizamos con Sestero que es el único que parece normal. Vemos un making of de una película que no va a llegar a ninguna parte y vemos una comparativa de ambas.
Lo siento mucho, pero no me reí, no me lo creí, y parece que es la típica película que ver cuando organizas una fiesta y quieres caer en el sofá en poco tiempo.

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