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La nueva película y debut en dirección de Aaron Sorkin es una delicia de trama y brillantes actuaciones. Como siempre, Sorkin nos presenta a una protagonista que es buena en todo lo que se proponga, y que si tiene un fallo va y lo arregla. Un personaje tenaz, benévolo, que no tiene miedo de ir a la cárcel mientras su nombre siga limpio. Ella es Molly Bloom, y es la princesa del póker.
Molly Bloom (Jessica Chastain) es hija de un psiquiatra súper exigente, que pretende que sus hijos sean lo mejor académicamente y en deportes. No hay descanso para las evaluaciones, Molly y sus hermanos parecen pequeños conejillos de indias de este médico que quiere que su vida se vea rodeada de perfección. Así crece la protagonista, esforzándose cada día en ser algo que jamás podrá llegar a ser solo para contentar a su padre. Surgen las riñas innecesarias, irse de casa y la frustración constante.
Es precisamente la frustración la que lleva a una joven Bloom a Los Ángeles a buscar trabajo antes de entrar a la escuela de abogados. Y es allí donde encuentra la forma de estar ocupada. Porque no es para ser feliz, es simplemente una forma de ganar dinero, hacerse notar y enterarse de cosas. Que tampoco le van a servir de mucho, pero que como buena droga crean dependencia y adicción. Empieza a organizar timbas de póker, le caen propinas por todos los lados, y gracias a observar muy atentamente, se da cuenta de lo fácil que es manipular a los jugadores compulsivos.
Divorcios, banca rota, crisis nerviosas… todo en una misma mesa, y nada que ver con ella. Molly queda absuelta de cualquier rumor, de cualquier escándalo que tenga que ver con sus jugadores millonarios, estrellas de cine o referencias del mundo financiero. Ella solo mira y escucha. Hasta que lo pierde todo.
Su obsesión por la perfección llega hasta límites que la llevan a ella misma a consumir drogas para poder aguantar las largas jornadas de juego. Buscar nuevos jugadores se convierte en una estrategia riesgosa donde llegan a colarse miembros de la mafia. Y ella, de alguna forma u otra queda salpicada por todo lo que sucede en su presencia, donde ella reúne a todas esas piezas de la peligrosa jugada de ajedrez.
Para que Molly se vea redimida necesita que su padre le pida perdón, necesita salir de la condena penal que le han impuesto y necesita mantener su nombre limpio. Todo eso con la ayuda de un abogado (interpretado por Idris Elba) que la ve mejor que un espejo, y que la acompaña por todo este proceso de purificación personal.
Son las imperfecciones las que nos hacen únicos. La búsqueda de lo perfecto es inútil, es frustrante y solo nos lleva a caminos que piden más de lo que podemos dar. Y Molly Bloom nos demuestra que en el éxito no está la felicidad.

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