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La nueva película de Luca Guadagnino es… no sé ni cómo describirlo. La historia que nos cuenta el director italiano en esta entrega nos demuestra que el amor es amor, da igual cómo, cuándo y porqué. El joven Elio pasa un verano más en una villa italiana con su familia. Su padre, profesor, acoge a un estudiante americano, Oliver, para ayudarlo en los pasos finales de su tesis sobre la cultura grecorromana. Elio es músico, es lector, es un joven en la flor de la adolescencia donde cada sensación es nueva y cada momento una nueva aventura. Oliver es el culmen de todas estas nuevas emociones, encarna lo nuevo, lo que está por venir, en forma de reflejo y de proyecto.


Guadagnino es capaz de mostrarnos una historia de amor desde 0 hasta su pleno florecimiento, todo paso a paso de tal forma que parece que en dos horas y media hemos vivido todo lo que los protagonistas en una tensión contante durante 6 semanas. Y es que esa es parte de la magia. No nos convierte en ellos, pero nos permite compartir su dolor, su confusión, su alegría y re-vivir (o hacerlo por primera vez) esos primeros picores de lo que es sentirnos enamorados. O simplemente, atraídos. Son las mariposas en el estómago, el esperar lo mejor de cada decisión, el roce de las manos o una mirada que parece que te atraviesa. Elio vive el despertar erótico como cualquier joven con una capacidad intelectual y libertad cultural más allá de lo común. Sus padres lo apoyan, sin importar convenciones sociales restrictivas, están allí para él de forma incondicional. Paseos por el pequeño pueblo italiano en pleno verano, largas tardes junto al río, noches con amigos y música, leer por la mañana durante un desayuno digno de reyes… ¿Acaso no es un sueño?


“Call me by your name”, frase que nos acerca a esa catarsis que nunca vemos realizada frente a nuestros ojos, da nombre a este filme nominado a Mejor Película por la Academia. ¿Catarsis dónde? Realmente, emociones tan intensas como las que vemos en la relación de Elio y Oliver no se ven finalizadas. Crecen, se reproducen, se transforman, pero nunca tienen un punto álgido en el que puedas decir: al fin. Muy muy cerca, pero no lo llegas a tocar, porque todo es temporal. Oliver se irá y vivirá una vida diferente, guardando los días con Elio como un bonito recuerdo, como una nectarina (no diré nada que luego me tacháis de spoiler). A lo mejor es mejor no alcanzarlo nunca. A lo mejor guardar con tantísimo cariño esas experiencias es la opción más adecuada. A lo mejor nunca deberíamos hacer lo que es mejor. Esta película es un revoltijo de emociones tan cercano a nuestra propia experiencia que abruma. Es Sufjan Stevens en las montañas. Es… el amor de verano que más empatía podría despertar en el cuerpo de todos, da igual creencia y condiciones.

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