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La última película de Guillermo del Toro ha ganado el gran premio de la Academia. Se ha llevado los galardones a ‘mejor película’, ‘mejor dirección’, ‘mejor banda sonora’ y ‘mejor diseño de producción’. Aunque no se puede decir que haya sido la absoluta ganadora, con varias películas a sus tobillos, las 13 nominaciones dieron que hablar desde su anuncio hasta la gala.

Es una historia fantástica. Muchos la definen como poesía visual, con una fotografía de cuento de hadas y personajes encantadores que suscitan la empatía del espectador. Una chica muda con una rutina establecida, de la cual nos revelan todos sus secretos, y que convive con un vecino ilustrador mayor y sus gatos. La chica va a trabajar a un sitio misterioso, lleno de experimentos, lleno de gente que trabaja de tapujo, sin expresar claramente lo que está haciendo, y ella todo lo ve y no dice nada.

Sentimos una conexión particular con ella, nos transmite tranquilidad y ese toque cómico de personaje de cuento. Su compañera Zelda, interpretada por la galardonada Octavia Spencer, nos trae los pies de vuelta a la realidad en la que Elisa (Sally Hawkins, la protagonista) parece nadar. Mira a la ventana cuando cae la lluvia, se da baños, mira al horizonte del pantano… Pero a la hora de trabajar, ahí está Zelda para mostrarnos la vida de la mujer en esa época. Nos habla de los problemas de su matrimonio, de la cansada rutina, de la ausencia de sueños, de una vida con falta de emoción por todos los lados. Y ahí es donde la aventura en la que la sumerge Elisa se convierte en realidad.

Por otro lado, tenemos también al enemigo clave. Richard Strickland es el detonante de este cambio en el status quo. Como parte de una agencia de inteligencia sin especificar, trae a la base en la que trabajan de turno de noche Elisa y Zelda, a un ser extraño. Un ser casi mitológico, ¿un lagarto antropomorfo, quizás? Strickland es un hombre poderoso, con una familia perfecta a ojos de la época y de los extraños: una esposa guapa que le dejaba hacer lo que él quisiera, dos hijos muy monos y obedientes, casa en los suburbios, un coche cadillac… Pero él seguía sin estar satisfecho. Mira a Elisa con cara de lujuria. La relación con su esposa no le trae placer ni lo ofrece él. Un miserable en toda regla que busca la satisfacción a partir del sufrimiento de otros. En este caso del monstruo. O… ¿nos deberíamos preguntar quién es realmente el monstruo?

En mi humilde opinión, la obra de Del Toro está hecha a medida para los galardones. No solo está inspirada en historias mitiquísimas que ya sabemos que funcionan. Si no que la estratégica forma de adaptar personas de diferentes minorías, una historia romántica y fantasía visual la convierten en favorita sin duda. No es para quitar mérito, pero es seguir viendo más de lo mismo y ser acreditado por ello.

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