¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto

wrapper

Elementos filtrados por fecha: Noviembre 2016

Esto es noviembre de 2016, está de moda hacer el mannequin challenge, retuitear memes sobre Donald Trump y emplear las redes sociales para conseguir dinero. Quizás no era lo que predijo Nostradamus ni lo que quisiera Marshal McLuhan para nosotros pero... esto es así.

Vivimos en un mundo en el que la serie Black Mirror es más ficción que la pura realidad. Para ello voy a hablar del concepto de autónomo de las redes. Hay una página web que se llama Patreon. Es una plataforma en la que los artistas y los creadores pueden ganarse la vida con su pasión, creatividad y trabajo. ¿Cómo? Permitiendo que los fans apoyen económicamente a sus creadores favoritos patrocinándolos mediante un sistema de micropagos.

En esta plataforma puedes hacerte una cuenta y ofrecer tu trabajo a los demás. Ya sean dibujantes, youtubers, escritores, diseñadores, cantantes... Recoge a todo tipo de artistas. Se diferencia de otras como Kickstarter o Indigogo en que las que hay un crowfounding (reunir dinero para crear un cortometraje, un disco, un libro...) para financiar un proyecto digamos a largo plazo en que aquí, en Patreon, tienes una cantidad mensual más o menos estable.

El usuario que "dona" dinero al artista se convierte en un mecenas y recibe su trabajo como pago. Si pagas a un youtuber, este te asegura una cantidad de vídeos al mes para que puedas verlos como espectador. El youtuber supuestamente invierte ese dinero en conseguir un material mejor para su canal: micrófonos de mayor calidad, una cámara con más resolución, pagar a grafistas o compositores para que mejoren sus vídeos...

Un diseñador de juegos o un programador te ofrece actualizaciones de su juego o programa para que los puedas ir disfrutando o incluso pequeños tutoriales para que te adentres en ese mundo. Un crítico de cine o literario te ofrece artículos mensuales hablando de películas, series o novelas. Un cantante te va ofreciendo canciones o pequeñas demos de lo que va grabando.

Hasta ahí todo bien. Tú das un dinero a alguien porque te gusta el trabajo que hace y porque quieres seguir viendo su contenido. Ya lo otro, son chorradas. Si sigues a un determinado artista, independientemente de si es un escritor, crítico, youtuber... las cosas extra como contactar con él, que te añada a sus redes sociales, que te haga dedicatorias, quedadas para conocerlo... es una tontería. Yo quiero su trabajo, su producto. Lo otro son añadidos que no necesito.

En general en España tenemos un concepto de "si tengo que pagar algo no vale la pena, prefiero gratis". De ahí podemos sacar que no es necesario pagar un mísero euro por una aplicación como Whatsapp, cuando antes nos gastábamos la vida enviando SMS; ni pagar un servicio de 5 o 10 euros por Spotify cuando nos antes nos gastábamos un dinero apreciable en CD'S; ni tan siquiera hacerte una cuenta en Netflix y evitarte el aluvión erótico, pornográfico y por qué no decirlo, poco sugerente de las preguntas de "Sofía está sola en casa y quiere tener una cita cachonda contigo. ¿Quieres llamarla?"

Hace unos días uno de mis youtubers favoritos y que se dedica a analizar videojuegos, se hizo una cuenta en Patreon. Sus argumentos eran que los juegos están muy caros y que no podía analizarlos todos debido a que no tenía el suficiente dinero para hacerlo. Normalmente suele analizar uno o dos por mes. También aclaraba que para resultar independiente en su análisis no podía aceptar que las compañías le ofreciesen gratis sus productos porque así perdería la neutralidad de su opinión y se vería cohibido a la hora de decir lo malo y lo bueno del juego. Por lo tanto pedía el apoyo monetario de la gente.

Ofrecía más críticas de videojuegos porque con ese dinero se podría comprar más títulos, también mejorar la calidad de sus vídeos con una cámara de mayor resolución y alguna cosa más. Hasta ahí todo bien. Ya luego prometió hacer streamings en directo, quedadas con sus fans, añadirlos a Skype, seguirlos por Twitter y... ahí... sinceramente creo que "la cagó".

La plataforma Patreon es una muy buena idea pero todavía debe pulir su sistema. Permitir que tus artistas favoritos puedan ganarse la vida y crear más contenido, es una manera genial y justa de negocio. Es una forma de autonomía online. Sin embargo, todavía debe aclarar muchas cosas. Está claro que muchos artistas aparte de su trabajo, también acuden a prsentaciones, promociones... pero ahí se queda la cosa. A mí, alguien del que soy fan de su trabajo, que me siga por Twitter o que me agregue en Instagram, Badoo, Facebook me da bastante igual. Lo que quiero es su trabajo, no su "sociabilidad".

Domingo, 20 Noviembre 2016 00:00

Algo sobre la credibilidad

Hay diversos factores que definen la credibilidad de un comunicador, sin embargo hay que tener muy presente que esa credibilidad en los medios de comunicación se debe a dos puntos: la credibilidad de la fuente y la credibilidad del medio. No hemos de menospreciar la credibilidad del medio, tanto del soporte como del tipo de línea editorial que siga. Pues es cierto que ambos tipos de credibilidad están estrechamente relacionados y dependen en muchos casos, los unos de los otros.

En el caso del comunicador la credibilidad debe ser entendida como la capacidad que tiene alguien para transmitir una información y el nivel de aceptación y asimilación de esa información que tiene en los receptores. En este caso debemos de circunscribir esto a la realidad comunicativa de los medios de masas.

La credibilidad depende, casi en su totalidad, de quien la ofrece. y que entiende por tal. No todo el mundo puede entender lo mismo por credibilidad y que este aspecto es una percepción subjetiva de la realidad. Es decir, no se trata de algo cuantitativo sino cualitativo. Es verdad que existen grandes líderes de opinión y personas con más o menos credibilidad, pero al respecto siempre podremos encontrar voces disonantes con mayor o menor argumentación. Por ejemplo, un motivo por al que alguien le pude parecer que un comunicador tiene credibilidad puede ser justamente el mismo por el que otro crea que no la tiene, usando el mismo razonamiento. Es por lo tanto algo subjetivo, pese a esto sí que existen algunos patrones y reglas básicas entorno al concepto de credibilidad, como es normal en la mayoría de ciencias sociales. Junto a esta puntualización sobre el fenómeno de la subjetividad también es necesario y creo que muy oportuno remarcar que la credibilidad es una característica muy voluble. Cuesta mucho conseguirla y muy poco perderla. Esto posiblemente se deba a ese carácter personal y emocional que tiene esta cualidad.

En lo que respecta a que creo que debe tener un comunicador para poseer cierto nivel de credibilidad, creo que hay una lista de factores influyentes. A su vez he de matizar que no considero unos más importantes que otros. En algunos casos y dependiendo de dos cosas, personalidad y tipo de información, la credibilidad se puede alcanzar de diferentes formas. Por poner varios ejemplos, si Guillem Caballé, Joaquín Luqui o Andrés Montes hubieran sido comunicadores en un formato de informativo televisivo, no hubieran tenido para mí la credibilidad suficiente. Lo mismo pasa si Matías Prats, Vicente Vallés o Iñaki Gabilondo hubieran presentado un formato musical o deportivo. A lo que me refiero es que a cierto tipo de información y de formato, los factores que les otorgan credibilidad a sus presentadores no serán los mismos que si estuviésemos hablando de otros formatos.

¿Alguien puede resultar creíble contando una mentira? Pues no está reñido con lo que hemos dicho. Depende de… ¿Tantos factores? Ejemplos como los que vemos en El Mundo Today cada día contados en otro contexto y línea informativa podrían haber sido perfectamente verdad… y más si son “oralizados” por una Ana Blanco.

Lunes, 07 Noviembre 2016 00:00

Vídeos de gatos

En los últimos años, la presencia de Internet en nuestras vidas es tan natural que ya casi parece innata a la existencia humana misma. El conocimiento instantáneo que proporciona, las relaciones sociales o la globalización son algunas de sus más altas consecuencias. No obstante, la viralización de ciertos contenidos nos lleva a plantearnos en qué nos estamos convirtiendo. O qué solíamos ser desde que el mundo es mundo, pero desconocíamos. Me refiero, cómo no, a los vídeos de gatos. Que lance la primera piedra quien no haya terminado viendo vídeos de gatos después de una larga búsqueda en Google sobre un trabajo final de la Universidad.

Los inocentes felinos han acabado siendo la animalización misma del pensamiento, sentimiento y estupidez propios de los humanos, eso sí, respetando su diosificación egipcia. Es bien sabido que estos elegantes animales presumen de un estatus más elevado en esta nuestra civilización contemporánea. Hemos llegado incluso a poner en sus bocas palabras y expresiones naturales de nuestro lenguaje. Los gatos nos hablan. O más bien imaginamos qué nos dirían de poder hacerlo.

Del mismo modo, los vídeos de caídas, golpes, magulladuras y todo lo que hubiera supuesto dolor en nosotros mismos, nos proporciona un inexplicable dulzor en cuerpos ajenos. Hemos de admitir que la risa por la desgracia ajena nos viene ya de hace tiempo, al menos en televisión son bien conocidos los programas sobre vídeos caseros y todos sus tortazos (y tartazos). No obstante, una herramienta de apenas un decenio de edad ha hecho que cualquier insignificante caída antes de la revolución tecnológica sea digna de aparecer en El Hormiguero, de la mano del morboso Pablo Motos o en los Informativos de Telecinco. Me refiero al inevitable Youtube. Todos hemos caído en las garras de la reproducción de vídeos automática, en las recomendaciones personalizadas, o en el vídeo que encontró tu colega y que lleva dos millones de visitas en una hora.

Si bien es cierto que Youtube nació hace once años, ya es el sitio web más visitado de las redes sociales y el celuloide. Pero cuidado, que ahora parece que se está profesionalizando. La gente ya se está haciendo su buen imperio cibernético compartiendo sus paseos a la panadería o la última pantalla de un videojuego que salió antes de ayer. Son los nuevos famosos de la escena mediática y ya resuenan en medios ajenos a la plataforma. Algunos son PewDiePie, Smosh, TheFineBros, Hola Soy German, Yuya, a nivel internacional. En España no podíamos ser menos, y nombres como ElRubius, Vegetta777 o LuzuVlogs (aunque opera desde el extranjero) son algunos de los que exportan el humor más español y el carácter imitador del que hemos podido gozar siempre en nuestro país.

Es innegable que internet nos ha cambiado la vida para siempre, aunque nosotros vayamos a seguir siendo los mismos. Siempre nos quedarán los vídeos de gatos.