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Elementos filtrados por fecha: Junio 2016
Lunes, 06 Junio 2016 00:00

La pereza de la nostalgia

Hay cosas que envejecen mal: las travesuras del cole, el cine de John Ford, Tita Cervera... y no pasa nada. Es ley de vida. Muchas de las creaciones pertenecen a un tiempo y a un lugar.

Estos días he recordado una serie icónica de mi infancia: Quantum Leap, traducida al español como A través del tiempo. En gallego, que es como yo la vi en la Televisión de Galicia se titulaba Salto no tempo.

Era una de las primeras series que veía con asiduidad y me flipaba. El argumento era el de un doctor, Sam Beckett, convencido de la existencia de los viajes en el tiempo. Un día desaparece al introducirse en un acelerador de partículas cuántico. Cuando vuelve a aparecer, lo hace en el pasado, pero al mirarse en un espejo no reconoce su rostro y se ve aquejado de una extraña forma de amnesia. A partir de entonces no vive vidas que no son la suya, saltando de una existencia a otra e intentando mejorar el futuro desde el pasado para poder volver a casa.

Ver esta serie en la Televisión de Galicia todos los sábados después de comer era un clásico en mi vida. Suponía una hora de felicidad seguir las andanzas de la pareja protagonista: Scott Bakula y Dean Stockwell. Si Bakula hacía del científico Sam, Stockwell era un holograma.
Aparecía de manear espectral en cada capítulo y Charlaba para averiguar qué misión tenía que hacer para saltar a otro cuerpo y momento.

No sé como la habrá tratado el tiempo y prefiero seguir con el engaño. Es como esa novia que en su momento era guapa, lozana, incluso atractiva y temes que con el paso de los años haya tenido hijos, se haya casado con un fontanero con la hucha asomándose vertiginosamente por su pantalón y que se ha acostumbrado a llevar un moño en forma de albóndiga.

Es mejor recordar el momento que volverlo a vivir. Aquello de "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". Tiene capítulos muy tópicos (como cualquier serie) en plan guerra del Vietnam, un tío a lo James Dean que tiene que salvar, cuando debe suplantar a una chica, a un negro... yo recuerdo con especial cariño uno en el que Dean Stockwell y Bakula se invierten los papeles.

Su protagonista, Scott Bakula (puede que su papel más reconocido hasta la fecha sea el de homosexual número 2 en American Beauty), ha alcanzado un nivel de frikismo similar al de David Hasselhof. Quizás eso haga mucho por conservar ese estatus de serie de culto. Si Los vigilantes de la playa lo ha sido no veo porqué no A través del tiempo.

Tengo la impresión de que sus guiones, los efectos especiales, la trama e incluso los actores han envejecido mal. Al menos en mi crecimiento de infante a post-adolescente. Las historias estoy casi seguro de que no aguantan una segunda lectura y que hay fallos de narrativa a lo largo de cada temporada.

He pensado mucho en volver a verla, como aquella novia pero... creo que mi vida será mejor con ese recuerdo que volviendo a una nostalgia tan inservible como perezosa.

No voy a verla, a ninguna de las dos.

Jueves, 02 Junio 2016 00:00

Directísimo

Muchos críticos hablan que en la televisión actual el tema del directo apenas se lleva. Salvo espacios informativos y algún que otro reality la realidad es que Internet y la Televisión a la carta mandan en el espectador. Es decir, no se está tan prisionero del directo como antes. Pero, ¿Saben qué? Creo que se equivocan.

Hay un episodio de Seinfeld en el que Jerry llega de a casa después de una actuación y no quiere enterarse de ninguna manera del resultado de su equipo de baloncesto, los New York Nicks. Para ello cada vez que lo llaman por teléfono responde "no me digas el resultado de los Nicks". Además, no enciende la televisión ni interactúa con amigos. Su plan maestro era ver el partido grabado en vídeo. ¿Lo consigue? Tristemente no. Su vecino Kramer, en un descuido, termina por informarlo al entrar a pedirle un favor.

Hablamos de mediados de los noventa. Ya en aquel entonces era complicado no autospoilearte. Se podían grabar programas en televisión con cintas VHS y no existía el Internet de hoy día. Y lo que es mejor, o quizás peor, no había Twitter.

En esta época de "selfies" y de "hastags" al instante, es muy complicado que si sigues una determinada serie, reality o cualquier espacio en directo, tengas la oportunidad de verlo con la absoluta seguridad de la ignorancia del desenlace.

El directo, tanto en programas, series, concursos se ha vuelto más importante si cabe. La posibilidad que dan Internet y Twitter de opinar del espacio en directo es un aliciente en general que resulta más atractivo que la posibilidad de ver el programa luego. Tanto en programas en riguroso directo como otros emitidos en diferido.

Antes estaba el tema de tener conversación el día siguiente. Si no veías una determinada cosa en televisión quedabas excluido de tertulias de trabajo, conversaciones con amigos... De alguna manera sabías que si no asistías a esas conversaciones tenías la posibilidad de poder enterarte del final de un determinado programa.

Ahora si no ves ese algo en directo, no solo pierdes esa oportunidad de comentarlo el día siguiente, si no que terminas por intentar aislarte para tener la oportunidad de verlo.

En una era en la que podemos elegir que ver casi a cada momento, el directo sigue más fuerte que nunca. Quizás el medio, en este caso la televisión, haya cambiado, pero Internet ha conseguido que ese directo se haga más y más fuerte.

Para todo lo demás siempre nos quedarán las gafas de aislamiento de Ted Mosby.