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Elementos filtrados por fecha: Septiembre 2016

Suena la sintonía de Vacaciones en el mar (con la cara del capitán Stubing en el corazón) mientras vemos la siguiente escena entre dos amigos:

-He pasado unas vacaciones de cine.

-¿Pero de qué cine? ¿Del de Chevy Chase con la familia o unas vacaciones dirigidas por Takeshi Miike?

-No sé de qué sitios me hablas pero… me lo he pasado teta.

-¿Cuántos días?

-Un mes.

-Eso no son vacaciones.

-¿Por qué?

-Ahora no tengo tiempo para explicártelo. Si quieres, léeme en mi blog, que me has dado una idea para esta semana.

-¿Tienes un blog? ¿Y qué más? ¿Una Blackberry? ¿Un Fotolog? ¿Una agenda electrónica? ¿Acaso también miras tu horóscopo en el Teletexto?

Después de esta analepsis y de comprobar en la página 662 del Teletexto que el día más favorable para Virgo es el viernes, les voy a explicar mi teoría sobre las vacaciones.

El tiempo aconsejable según la mayoría de expertos es de 15 días. No me parece mal pero yo añadiría unos cuantos más, entre 15 y 21. Tirar más hacia arriba es ya tentar a la suerte y a los dioses, de esos vengativos “made in Astérix y Obélix” o lo que es peor, de Disney.

Unos días más de esos 15 te proporcionan la satisfacción de plantearte las cosas. Es algo así como el 1 de enero en el que se prometen absurdeces tales como ir al gimnasio todos los días, dejar de comer chocolate o jurar amor eterno a tu pareja. Pasada esa franja lo normal sería volver a tu rutina. Algo que nos convierte en un autómata. Tenemos nuestro trabajo, luego las vacaciones y luego vuelta al trabajo. La estructura circular apocalíptica de nuestros días.

¿Qué sucede con esa semana de más? Después del día 15 tienes todas las horas con las que no contabas. Podemos llamarlo “tiempo para uno mismo”, “tocarse los cojones” o como me gusta definirlo: “trabajar la nada”.

Es bien sabido que hay trabajos mejores y peores. Existen oficios que gustan más que otros pero por norma general a nadie le emociona especialmente trabajar (y si conocen a alguien que sí, huyan de él como de una película de Gaspar Noé)

“El trabajar la nada” nos lleva a valorar lo que tenemos y lo que podremos llegar a tener. Es algo así como el Clint Eastwood de Sin Perdón, "Cuando le quitas la vida a un hombre, no matas sólo lo que es, sino todo lo que puede ser en un futuro”. Con los 15 días de fiesta vuelves cual te fuiste, automatizado. Este margen de más te hace más humano, te liberaliza.

Vamos a lo contrario. Pasan 21 días y continuamos en nuestro periodo de descanso. De manera automática nos convertimos en unos parásitos societarios. Permaneces en un limbo laboral semejante al de los personajes de Perdidos o te quedas en lo que reza Héroes del silencio en una de sus canciones: “Entre dos tierras”.

Te aburres de las vacaciones e incluso piensas en las bondades del trabajo. Algo totalmente inaudito pero te atraviesa cual flecha lanzada por Carlos Sobera en First Dates. Prefieres tu trabajo a “trabajar la nada”. ¿En qué clase de persona te has convertido? Déjame decírtelo, en una no muy buena.

Por eso, haz caso a la televisión (siempre) y a Samantha Villar y Meritxell Martorell y cíñete a esos 21 días.

Jueves, 15 Septiembre 2016 00:00

Woody Allen, la clase y el cabello perdido

Estos días puede verse en cartel la última película de Woody Allen. El autor “más europeo” que camina por Hollywood sale a película por año y su estreno es siempre un acontecimiento. Después de una temporada de intentos bienintencionados pero fallidos (exceptuando quizás Midnight in Paris) parece que su Café Society ha conquistado a crítica y público.

¿Es el Woody Allen de antes? Sí y no. ¿Es el actual? No y sí. Vayamos al meollo: Café Society no deja de ser una telenovela. Muy bien contada, fantásticamente interpretada, genialmente vestida, “atrezada” y maquillada pero que… ahí se queda. No la englobaría en lo mejor del autor, tampoco en lo peor. Ni frío ni calor pero con frío y calor.

El último filme de Allen se siente cómodo en la narrativa. Una historia en apariencia lineal pero que salta en el tiempo y lo hace de una manera mullida y confortable. Se agradece la naturalidad con la que todo fluye: los personajes, el narrador, los escenarios e incluso la trama. Me alegra que alguien de Hollywood entre tantos flashbacks forzados, hiperfragmentación de planos y personajes añadidos para continuar sagas, haga una película así. No es que ya no se hagan ese tipo de cintas, es que ya no se hacen así de bien.

No quedan apenas autores que tengan la maestría de contar una historia como esta (propia de telenovelas como Cristal, La dama de Rosa o Topacio) con tanta clase. Un trío de personajes que se relacionan amistosa y románticamente entre ellos y que además son lo bastante profundos para que empaticemos con sus aciertos y errores.

¿Qué sucede de malo? Que si escarbamos un poco pues tampoco hay mucho más. Carell, Eisenberg y Stewart están correctos pero sus personajes no dan de más de sí. ¿La historia es bonita? Sí ¿Triste? También ¿Agridulce? Seguramente. Casi cada parte de la película, ya sea actoral, de trama o referente a la historia se puede definir con un adjetivo. Faltan matices, dobles lecturas, ese poso de “algo más” que el Allen de años atrás siempre dejaba.

Café Society es ese joven extrovertido, impaciente y carismático con una poderosa y esbelta melena pero que al que su cabello ha ido abandonando tras hacerse mayor y entrar en la edad adulta. Tras unos años de probaturas con pelucas, insertos o peinados estrafalarios, se sabe con una calva atractiva. El problema es que ha olvidado parte de lo que hay debajo.

Bienvenido otra vez Mr. Allen, me alegro de verlo bien. Solo puedo saludarlo, es que tengo prisa. El año que viene espero tomarme un café con usted.

Viernes, 02 Septiembre 2016 00:00

Internet killed the porn star

El 1 de agosto de 1981 el videoclip titulado Video killed the radio star dirigido por Rusell Mulcahy (La sombra del Faraón, Resurrección) fue el primer video emitido en la cadena estadounidense MTV. Tenía un significado especial, tanto la letra, como las imágenes hacían referencia a una vieja estrella de la radio que ve como sus días de gloria terminan por el auge del vídeo.

El incipiente modelo de videoclip amenazaba con terminar con la radio musical. Una industria se come a la otra. Nada nuevo bajo el sol. Unos cuantos años más tarde, al final de los noventa, sucedió algo parecido. Los módems de 56 k terminaron por derribar las barreras que la industria erótica y pornográfica habían construido para la televisión y el vídeo doméstico durante tantos años.

Un niño de unos 12 o 13 años, en este caso el que les escribe, lo vivió desde una pequeña ciudad costera de Galicia llamada Ribeira, perteneciente a una comarca, la del Barbanza. Pues bien, esta tenía comarca tenía un canal local denominado Tele Salnés. Se sintonizaba a duras penas puesto que su señal procedía de Pontevedra Caldas. Su programación no distaba demasiado de las propias de un canal local de la época: Un noticiario que se veía en la sobremesa y se repetía por la noche, un puñado de series extranjeras compradas de otro canal y algún programa de producción propia en el que se debatía sobre política.

¿Qué tenía de especial? Una película X todos los viernes de madrugada. Años atrás, Telecinco, había intentado algo softcore para esas noches. Primero emitía el programa Contacto con tacto, presentado por un jovencísimo Bertín Osborne y después una película erótica ya campando la madrugada. Puede parecer una tontería pero el share de esos viernes noche se compartía en millones de espectadores repartidos con un Canal Plus incipiente y de pago.

A lo que voy, la alternativa pobre para todos los jóvenes del Barbanza que no podían permitirse unos padres que pagasen Canal Plus y un oculista que ayudase a descifrar las líneas codificadas del canal de Sogecable, era esperar hasta la 1 y media de la madrugada de los viernes para "ver un nuevo camino".

Se creó todo un fenómeno. Los lunes los comentarios en el recreo no eran sobre si Zubizarreta había parado muchos goles o si Fernando Hierro había dado una asistencia increíble a su socio Raúl González. Se hablaba de "la porno del Salnés", de la espera de la misma (había veces que no comenzaba hasta las 2 de la madrugada), sobre su argumento, las actrices, los diálogos...

Las referencias se disparaban hacia cualquier rastro de sueño percibido por un amigo los sábados por la mañana, las cintas vírgenes VHS se amontonaban y provocaban un mercado erótico de trapicheos de una segunda mano (nunca mejor dicho) que conducía el camino de la niñez hacia la adolescencia. Se vivía un despertar y en ese caso, Tele Salnés y la década de finales de los noventa ayudaron a muchos a comenzar un interés lógico el conocimiento propio y su extensión cinéfila. Porque lo que antes eran películas y argumento luego derivaron a escenas sueltas. Un reflejo del paso del tiempo. El encaje de una historia global cutre y noventera cedió ante unos cuantos minutos de enredo y "acción" entrando en el nuevo siglo.

La llegada de los módems domésticos de 56 k rompió el negocio como en su momento lo hizo la MTV. Se terminó aquello de pernoctar, programar el vídeo... Un simple buscador de la época: Terra o Yahoo, una vaga descripción y tenías una industria a tus pies. Tampoco era lo que hay ahora pero todos los niños nos dimos cuenta que las reglas del juego se habían modificado.

La industria había cambiado para siempre.