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Elementos filtrados por fecha: Noviembre 2017

Como fan de las películas basadas en los cómics, estoy muy dolida. Es verdad que no soy ávida lectora de esta modalidad de literatura gráfica, pero desde pequeña, en esta cultura pop en la que estamos sumergidos, siempre le he tenido mucho cariño a las películas de superhéroes. Marvel, antes y después de ser adquirida por el terrateniente Disney, ha estado produciendo películas de una calidad y presupuesto impresionantes. Unos verdaderos blockbusters que son parte vital de la cultura cinéfila de estos últimos años. La creación de un multiverso con los héroes de siempre entre sus filas. Una exploración en busca de identificación, de salvar el mundo y a sí mismos, una aventura que parece interminable. Marvel, bravo por habernos enganchado durante más de 10 años -y los que quedan- a los hombres y mujeres en mallas.

 

Pero DC, ¿qué has intentado hacer? La industria cinematográfica, actualmente, pasa por una crisis creativa, por lo menos al nivel de Hollywood. Todo son adaptaciones, o re-adaptaciones, que hacen que queramos gritar “¡por qué tocáis los clásicos!” Y claro, todo se copia, que es más fácil. En este caso van ya varias sagas las que quieren alcanzar el mismo y longevo éxito de una como Harry Potter en su momento: 8 entregas en cine, 7 libros y una cantidad exorbitante de taquilla, de ventas, de merchandising y de dulce memoria en los espectadores, desde los más entusiastas a los de andar por casa. A eso aspiran los grandes productores. En la espera y punto álgido de estos estrenos, surgió el “universo Marvel” en la pantalla grande, con grandes ambiciones. Las entregas se esperan hasta 2025, con las diferentes etapas que piensan narrar basados en tan reconocidos superhéroes, y ojalá pronto más superheroínas.

 

Y ¿quién iba a ser Marvel por encima de DC? Decían algunos. Las mejores últimas adaptaciones de un superhéroe de la casa DC Comics vino de la mano de Christopher Nolan, con una trilogía insuperable acerca de Bruce Wayne y su álter ego Batman. Pero quisieron intentar ponerse a la altura de su competidor vital y… no lo lograron.

 

“El hombre de acero” protagonizado por Henry Cavill también fue víctima de mis ronquidos. Yo, cinéfila que jamás se había quedado dormida profundamente en la butaca del cine, me declaro víctima de DC. “Batman vs. Superman” ni me molesté en verla. “Escuadrón Suicida”, ni de reojo. Creo que ni el trailer he visto. Pero, “Wonder Woman” sí había que verla. Dentro de esta revolución mediática de la figura de la mujer empoderada era necesario ver si esta película lograría estar a la altura de ser un ícono feminista. Hasta cierto punto, bien. No me quejo. Fue entretenida y no me quedé dormida. Pero “La Liga de la Justicia” ha colmado el vaso. Diálogos muertos, interpretaciones somnolientas y una trama ausente. No había pasado una hora, ni el primer acto, para que yo ya empezara a roncar. DC, me debéis una noche de mi vida.

Segundo de Chomón, cineasta español de inicios de siglo, vino una vez a Burgos a dar un paseo. Ese paseo fue filmado y estrenado para público francés, que así vería cómo es la vida de un pueblo castellano en 1911. De Chomón, conocido por ser un gran técnico cinematográfico y creativo, incluso comparado con George Méliès, ofrece este trabajo como uno de sus primeros trabajos documentales en la península.

El documental “Viaje a Burgos” de 1911 comprende una serie de 17 planos de diferentes localizaciones de Burgos. Algunas, como la catedral, son vistas desde diferentes puntos. La iglesia de San Esteban, el monasterio de Las Huelgas, la Casa del Cordón, el Arco Santa María, la Plaza Mayor, el Paseo de la Isla o incluso la calle que da a la catedral donde ahora se encuentra el Bar Victoria, son algunos de los lugares que nos muestra De Chomón.

Lo curioso de los documentales de este tipo, grabados hace más de 100 años, es la posibilidad que nos ofrecen de ver la ciudad con la que tan familiarizados estamos, de una forma totalmente diferente. Nos permiten comparar la situación social, económica y urbanística de la ciudad y de sus habitantes, lo que había y lo que hay, lo que se hacía antiguamente. Es todo un hito tener a nuestra disposición películas de este tipo que además se conservan en perfecto estado, se han digitalizado y lo podemos ver a través de diferentes plataformas. En este caso, YouTube.

La película coloreada en Pathécolor nos da una visión claramente distorsionada y subjetiva. No son esos los colores captados técnicamente, ya que el negativo sobre el que se ha rodad en monocromático. Sin embargo, damos por hecho que el director allí presente, tanto nos quiere mostrar un ambiente, como que recuerda esos colores en el momento de grabar, y nos transmite su visión de esta ciudad.

Burgos tiene mucha suerte de tener documentados en vídeo lugares tan significativos de la ciudad con una técnica que superaba a su tiempo. Demuestra también, que la ciudad fue cuna del primer cine español, siendo elegida como localización para sesiones de los hermanos Lumière y donde Manuel Vitores nació, productor de la primera película sonora española. Segundo de Chomón nos muestra un paseo por la ciudad, que ahora mismo habría que re-escribir pero con un pasado, que por suerte, tenemos el gusto de ver.

Viernes, 10 Noviembre 2017 12:55

Una comedia romántica diferente, al fin

Todos (y especialmente todas) nos hemos quejado alguna vez del reflejo de la sociedad que nos presentan las comedias románticas contemporáneas. No digo ya las clásicas, que en algunos -solo algunos- aspectos hemos evolucionado desde entonces. Especialmente en tema de parejas y la mujer, y la cultura, a la que se hace referencia en esta película. Todo a la vez.

The Big Sick o en español “Esa enfermedad llamada amor” nos presentan una visión actual de lo que es una relación de pareja. El protagonista Kumail Nanjiani, hijo de hindúes en los Estados Unidos de Trump, es un comediante stand-up en Baltimore que se enamora de la forma más millennial posible de una de las espectadoras de su actuación. Esta vez - no, no en Tinder- se encuentran en el bar, conversan y cuando ella quiere volver a su casa, oh sorpresa, él es su conductor de über. Así es la vida ahora.

Su relación - y aquí es necesario un spoiler alert para todos aquellos que no la hayáis visto, cae un poco en desgracia. Principalmente por la cultura y religión en la que se mueve la familia de Kumail. Aunque él no es practicante, por lo menos en el ámbito privado, a ojos de sus padres, respeta toda aquella tradición que le ha sido impuesta. En este caso, una cuestión que ha sido muy criticada en la sociedad estadounidense, por irónico que suene: el matrimonio concertado. Cuando Emily, la joven, se entera de que Kumail ha estado todo este tiempo recibiendo la visita de las diferentes mujeres a las que llaman sus padres, ella se enfada y rompe la relación. Ante la mentira, o más bien, la omisión de la verdad que ha sostenido Kumail sobre ella todo este tiempo, ella no quiere volver a verlo. No es hasta que una amiga de ella lo llama para decirle que Emily está en el hospital y que si puede ir a estar con ella.

La enfermedad de alguien cercano siempre supone una crisis. En una relación “rota” por agentes externos como es la que presenta esta película, es concretamente incómodo. Sus padres vuelan para verla, con toda la dosis de sentimientos y emociones que ello conlleva. Hay que lidiar con médicos y autorizar tratamientos con más o menos urgencia. Y la espera. Lo que peor puede llevar cualquier persona con un ser querido en el hospital es no saber qué va a ser de ella.

Un viaje a través de sí mismo, de ella a través de los recuerdos de su relación, y también de sus padres y amigos, hacen que Kumail reflexione acerca de lo que de verdad quiere y en qué cree.

Gracias a esta reflexión da varios pasos adelante, como la confesión a sus padres sobre su espiritualidad, la relación con el matrimonio que serían sus suegros, y la lucha contra los conceptos socialmente impuestos.

Lo más inspirador de esta comedia romántica es la capacidad de mezclar drama, comedia y aspectos sociales de una forma tan fluida, tan real. Y es que es eso, una historia basada en hechos reales, en la vida propia del actor que encarna a Kumail. Porque sí, se interpreta a él mismo. Con todos los cortes y arreglos que puede suponer llevar a la pantalla grande una experiencia, es una proyección particular y poco antes vista de la vida real.

Las películas que se encajan dentro del género musical son una de dos, o repudiadas por el espectador o generan un culto, una base de fans bastante sólida y locura desenfrenada que lleva a esta producción en activo en Broadway durante décadas. Así son los musicales, o los fans de los musicales, como se quiera ver.

Sin embargo, los musicales son mucho más que una narrativa que parece estar azucarada con una ración ingente de canciones que no parecen venir a cuento. La música, y como recurso, la banda sonora de las películas es más que vital. Supone un recurso narrativo más y hace al espectador reaccionar según este ritmo y efectos.

Las películas de Disney son musicales. Sí, todos los clásicos añorados por todos en los últimos 70 años están cubiertos en canciones que nos cuentan las actividades mundanas o heroicas de sus personajes. ¿Pero en qué momento esto se volvió norma?

El consumo de música baja, sube, se mantiene, cambia de formato, de género popular, es una ciencia viva. O un ente vivo. La industria controla – nos controla – como quiere y esperamos a ver cuál es el último bombazo. Durante unos pocos años, a inicios de milenio vimos resurgir grandes obras como “Chicago” (ganadora del Oscar) “---“ en la pantalla grande. Sin embargo, lo vimos volver a caer en desgracia por las insurgentes películas de acción desenfrenada. Luego parecía que querían volver con “Mamma Mia” protagonizada por Meryl Streep, o hace muy poco, con “Into the Woods” con Anna Kendrick y un elenco de espanto, a la mejor forma Hollywood.

Entonces, me pregunto, ¿qué nos lleva a querer contar nuestra vida con momentos musicales tan determinados? ¿Cuándo andas por el parque te imaginas contando tus penas y alegrías al son de un showtune? Se ve que en la industria del cine, sí. Pero seguimos sin saber porqué se nos pegan las canciones y queremos montarnos nuestra propia movida mental.