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Elementos filtrados por fecha: Diciembre 2017
Viernes, 22 Diciembre 2017 10:41

‘Las sagas, los haters y la princesa Leia’

Este pasado viernes pudimos disfrutar del estreno de la nueva entrega de “Star Wars”, o en castellano “La guerra de las galaxias”. “El último jedi” aterriza como la tercera de las seis propuestas que Lucasfilm, dentro del emporio Disney, estrena en su nueva generación. El final de “El despertar de la fuerza” nos dejaba (¡cuidado spoilers!) con la prometedora Rey en un monte de una isla desierta con el desaparecido maestro Luke Skywalker. Suficiente para tener a todos los aficionados de la saga esperando ansiosos los últimos dos años.


Podemos decir, sin faltar el respeto a nadie, que “El despertar de la fuerza” es un completo fan service. Diez años sin saber nada de la franquicia es mucha expectación, ya que más que por cómics y series animadas que no llegaron muy lejos en cuanto a difusión masiva los productos más bien se quedaron dentro del fandom. Pero ahora no. La galaxia muy muy lejana volvía a la pantalla grande y todos nosotros con ella. J. J. Abrams fue el encargado de demostrarnos que sí era posible seguir una saga que empezó en 1977 del imaginario de George Lucas. Sin tanto CGI como la saga renovada de 1977, las técnicas utilizadas en el rodaje nos permitieron ver de nuevo a nuestros personajes favoritos. Teniendo en cuenta que “El despertar de la fuerza” seguía 30 años después a los acontecimientos de “El retorno de los jedi”, parecía que no habíamos envejecido tan mal.


Sin embargo, tras las emociones y nostalgia a la que nos llevó esa primera entrega ¿qué ha pasado con el último estreno? Largas colas y venta anticipada de entradas para el 15 de diciembre, y largas críticas en favor y en contra de “El último jedi” bajo el mando de Rian Johnson. Unos que si es una maravilla de película, con escenas clave de acción, secuencias redondas y un enlace de trama que nos deja boquiabiertos. Otros que si esto no es “Star Wars”, que no se parece en nada, que no hay cohesión, que hay fallos enormes de guion. Todos expertos en cine, claro. Pero ¿realmente es para tanto?


En mi humilde opinión, la secuencia inicial me pareció una maravilla de la ingeniería. Sigue el tono de las gracietas típicas de la saga, los personajes se desarrollan favorablemente (especialmente Kylo Ren, que me parecía más simple que un trozo de pan) y podemos ver en acción a Carrie Fisher. Aunque, sinceramente, la escena tipo Mary Poppins nos la podíamos haber ahorrado.

Claro que la estética no se mantiene totalmente fiel a las anteriores, y tampoco lo necesita. ¿En serio tenemos que ver el mismo tipo de plano para los pilotos de las naves una y otra vez? ¿Las transiciones en forma las echasteis en falta? La música sigue siendo John Williams. Vemos el espíritu de los arquetipos de los personajes míticos en los nuevos, pero mejorados. Es evolución. 

Todo se resume en unos que si es muy Star Wars y no crece, y otros que si es muy poco Star Wars y no se parece. Todo crece, todo cambia, pero mantiene su esencia, y ese es el mayor mérito de “El último jedi”.

Ahora mismo, cuando encendemos la televisión y ponemos los informativos, tardamos muy poco en cambiar de canal. La parrilla informativa se basa en sucesos, en aspectos completamente sensacionalistas de la vida de la ciudadanía, de políticos reprochándose, apesta a una terrible ausencia de rigor y vocación informativa. Las piezas que nos venden en forma de noticia tienen un tinte sutil a publicidad, partidista, comercial, o diplomática, con ese color a manipulación del espectador.


¿Qué pasó con el periodismo de campo? ¿Con el contraste de información? ¿Con la buena labor del informador? ¿Adónde ha ido? Eso fue lo que nos quiso demostrar el guionista de televisión americano Aaron Sorkin.


Sorkin, autor de piezas tan relucientes a la crítica cinematográfica como “Steve Jobs” o a otro tipo de crítica como “The West Wing”, aterrizó en los estudios de HBO en 2011 con una propuesta innovadora. Así, nace “The Newsroom”, una utopía informativa que a la que muchos nos gustaría aspirar, no digo ya, alcanzar.


Esta serie de televisión tanto nos intenta dar una luz de esperanza como nos muestra todas las sombras del periodismo que vemos pasar por nuestras pantallas de televisión. Vemos el periodismo ciudadano, el poder corporativo influenciando forma y contenido, las limitaciones, las ambiciones, el trabajo en equipo y la dimensión de la visión desde el dominio y ojo público.


Atlantic Cable News (nombre real de la cadena) se sitúa como un canal de pago, a modo de Movistar+ de nuestros días, sin la parte “bajo demanda” de los de Telefónica. El programa liderado por Will McAvoy (Jeff Daniels en la serie) y producido por MacKenzie McHale (Emily Mortimer) pretende convertirse en una oda al periodismo real, convirtiendo el plató en un tribunal donde los invitados son interrogados con Will en calidad de abogado para ambas partes y los espectadores como jurado. La idea es que los invitados sean tanto expertos en el tema que tratan como partes de los conflictos alicientes. De esta forma, mediante una exposición de hechos que facilitará Will con su entrevista, el espectador medio tendrá la posibilidad de juzgarlos y tomar sus propias decisiones.


The Newsroom refleja a la perfección esa utopía que tenemos algunos aspirantes y profesionales de la labor de la comunicación de transmitir la verdad frente a todo. Le premisa principal que presentan es la de informar al espectador de lo que sucede a su alrededor con hechos refutados y contrastados para que este pueda llegar a sus propias conclusiones. Es decir, le presentan al espectador una realidad, lo más cercana a la realidad verdadera -según ellos- para que pueda tomar una decisión informada. Sin embargo, muchas veces, esta información que intentan revelar es coartada o filtrada por sus jefes, ya que puede no contentar a aquellos en un sitio de poder que colaboran con ellos. Aún siendo la verdad. ¿Realmente vivimos así?

 

La nostalgia manda y no tu banda, diría cualquier erudito. Y es que sí, ahora mismo todo producto audiovisual que tengas a tu disposición, fácilmente pudo haber sido rodado en los 80s. Entiéndase como trama argumental, decorado y vestuario, porque la calidad visual que desprenden avanza inexorable.
Stranger Things, esa serie de Netflix que ha logrado romper todos los esquemas de la ficción “infantil” es el gran ejemplo. Basada en las aventuras de 3 amigos, una niña con ADN alterado y el aparente secuestro sobrenatural de un niño del pueblo local. Todo esto acompañado de la banda sonora que la MTV ponía en las pantallas hace 30 años. La canción que más podemos relacionar con esta serie es “Should I Stay or Should I Go?” de los británicos The Clash. Este tema era el que llamaba a Will, el niño desaparecido, a la vida real, en manifestación lumínica y sonora.

La presencia de la nostalgia de Hollywood se nota no solo en la música, sino también en el decorado. Inspirado en aquella obra maestra de Lynch, Twin Peaks, el pueblo de Hawkins, Indiana, donde tienen lugar los hechos, huele terriblemente a “lo hecho de menos”. Desde la ropa hasta los peinados, los aparatos, la comida y las referencias a la cultura pop son una constante llamada al baúl de los recuerdos. Winona Ryder uno muy importante de ellos. La actriz que pasó de ser conocida por protagonizar “Beetlejuice” y salir con Johnny Depp a sus últimos años en la luz pública tras el altercado en un centro comercial. Ahora, la estrella e ídolo adolescente de los 90 vuelve para encarnar a una madre preocupada y angustiada por su hijo perdido.

¿Hasta dónde llegaremos para volver a aquellos buenos tiempos donde todo era nuevo y original? Cuando las grandes estrellas infantiles y adolescentes no se habían echado a perder como flores mustias, cuando la música no se basaba en un mero algoritmo para encontrar el éxito, cuando los niños no se quedaban atontados con una dimensión de la realidad distorsionada que ven a través de sus teléfonos móviles - supercomputadoras… ¿Hasta cuándo nos durará la nostalgia que seguirán saliendo series - aunque brillantes - basadas en nuestro pasado?

 

Peter Jackson nos sorprendió con la adaptación de la trilogía de Tolkien más querida, aquella que estaba ya en la mente de todos los lectores anglosajones como en España el Quijote. Una lectura que animaba a jóvenes y mayores a dejarse llevar por la imaginación, y que volvió a boca de todos cuando este neozelandés la trajo a las salas de cine. La generación menos lectora hasta ese momento se ponía a hacer cola en las tiendas para adquirir las nuevas ediciones con la estética de la adaptación fílmica.
Las obras de J. R. R. Tolkien, extensísimas y de una complejidad argumental y filosófica tremendas, atraviesa el obstáculo de los años e internet para volver a nuestros ojos y oídos. Esta vez será gracias a las manos de Amazon Studios, que piensan adaptar alguna de las tantas obras de Tolkien. La popularidad de los personajes de su imaginario es demasiada como para no aprovecharla.
Las negociaciones para una serie de televisión están que arden. Warner Bros. Television y Tolkien State (organización que controla el patrimonio del autor) está en una fase temprana del proceso. Jeff bezos, fundador de la empresa magnate de compras por internet, ha demostrado su pasión al respecto, como buen aficionado de la literatura fantástica. No podemos olvidar que Amazon empezó vendiendo libros.
Aún no hay guiones, ni productores, ni concepto. Que nosotros sepamos. Pero la estrategia de la compañía es dar un giro y proponer a la audiencia proyectos más ambiciosos. La plataforma de Netflix ha demostrado su solvencia, y Amazon Studios no se quiere quedar atrás.
Sabemos que las obras de Tolkien son más que ‘El señor de los anillos’ y ‘El Hobbit’. El mundo de este empieza en ‘El Silmarilion’. Matt Galsor, representante de la editorial HarperCollins ha dicho que la serie versaría sobre historias que aún no han sido contadas más que en papel, y que podrían ser las siguientes.
Podríamos ver la vida de un joven Aragorn, Rey de los hombres. Cuando lo vemos por primera vez en el bar ‘El pony pisador’, el heredero de Gondor tiene ya 87 años. Durante esos años ha vivido en Rivendell con Elrond, conoció a su futura esposa Arwen, va a vivir a las tierras salvajes de Dúnedain y establece amistad con Gandalf. No esconde su servicios al rey de Rohan, y el ataque a los corsarios de Umbar. Muchos fans dicen que sería una época suya muy interesante, especialmente porque ya conocemos al personaje. Sin embargo, también conocemos el desenlace.
La historia de Beren & Lúthien también podría ser una de las elegidas. Una de las historias del Silmarillion, refleja una epopeya muy Romeo y Julieta 100 años antes de los acontecimientos de la trilogía, pero con un hombre y una elfo de la realeza de Silmaril. Una propuesta con hombres lobo y vampiros, pero aún así, muy emocionante.
Sauron, el enemigo más conocido, tiene la posibilidad de ser protagonista. Su conflicto con el señor elfo Celebrimbor, con quien hizo los anillos de poder para los enanos y los hombres, empieza cuando este crea a escondidas los tres anillos para los elfos. Así, los separaría de la influencia de Sauron. Es entonces cuando ‘el anillo único’ en manos de Sauron intenta dominar a todos pero se ve inútil frente a los elfos. Esta posibilidad le gusta mucho a los fans más intrépidos, ya que la precuela que contaría el dominio de Sauron de la Tierra Media, nos recordaría mucho a los parajes y personajes que ya conocemos.
Elendil, antepasado de Aragorn, y su hijo Isildur (aquel que le cortó el dedo al diablo) tendrían también su historia. El descubrimiento de Gondor y el inicio de la batalla en la que Isildur consigue el anillo son historias que podríamos ver en la serie. Pero sería muy finita, porque sabemos exactamente cuándo y cómo desenlaza la historia.
Por último, podríamos ver una trama previa al gran desarrollo del imaginario Tolkien. Más oscura y épica, que nos presentaría al héroe Húrin y de su hijo Túrin. El gran enemigo es el mentor de Sauron, Morgoth, quien secuestra a Húrin. Túrin sería el protagonista de historias e infortunios en el exilio, se convierte en archienemigo de un dragón y conoce a su hermana con la que desarrolla un romance sin conocer su condición. Es muy arriesgado, pero la tragedia siempre encaja. De alguna manera u otra.