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Elementos filtrados por fecha: Abril 2017
Viernes, 21 Abril 2017 12:06

Life y las películas con bicho

Existe un subgénero dentro del terror y la ciencia ficción que es el de las “películas con bicho”. Ejemplos de ello pueden ser Alien, The Host, Deep Blue Sea, Gremlins, donde el monstruo se postula como un personaje de entidad propia y se apodera de la pantalla, terminando por ser el eje vertebrador del relato.

Hace unas cuantas semanas el director sueco de origen chileno Daniel Espinosa estrenó su última película llamada Life. Es un filme que nos lleva irremediablemente a las raíces de Alien pero que también toma como inspiración otras obras. La narración está trufada con la estética y el tono de Horizonte final, la exploración de Marte y el espíritu de supervivencia de Gravity. El tema del desarrollo y la profundidad de los personajes se lo deja en este caso a Interestellar, y digo que se lo deja porque aquí no hay rastro alguno de personalidad.

Y es que Life funciona a la perfección como “peli con bicho”. Posee tensión, una extraña mezcla entre fascinación, miedo y morbo por el nuevo ser, una atmósfera opresiva, una curiosidad científica y emocional por comprender la naturaleza del bicho y un poderoso instinto de supervivencia en pantalla.

¿Cuál es el problema? La poca entidad de sus personajes. No es cuestión de actores. Jake Gyllenhall tiene probada su solvencia y calidad en infinidad de filmes, Reynolds (cuyo personaje es el mejor pero deja un sabor agridulce) se ha puesto las pilas después de su divorcio con Scarlett Johansson y Rebecca Ferguson no es una mala actriz.

Los reparos vienen dado por el desarrollo de los mismos. Salvo el de Reynolds, el resto son personajes monocromáticos. Gyllenhall odia “los ocho millones de gilipollas que pueblan la tierra” pero ahí se queda. Solo conocemos que está a punto de de batir el record de permanencia en el espacio No tiene aristas ni misterio. Ferguson no da el pego como chica de romance. Es la nueva que llega a la nave y tiene un leve coqueteo con Gyllenhall pero nada más. No hay desarrollo.

Si bien es cierto que en el manual del guionista una película debe tener momentos de calma tras la tempestad, en esta ocasión las escenas con carga dramática dan bastante risa. No funcionan. El filme pedía “caña”, dinamismo, ritmo, acción, obviar esas pausas y llevar todo al máximo. No todas las historias deben tener esa tensión sexual no resuelta ni unos personajes que quieran “mostrarse”. Aquí es lo más prescindible. Esa aproximación que por ejemplo se hace en Gravity para conocer al personaje de Sandra Bullock aquí no era necesario al poseer un peligro físico tan potente y cercano.

¿Es un lastre? Indudablemente. ¿Repercute en que podría haber sido mejor? Sin duda. ¿Se carga la película? Para nada. El bicho se apodera de la película como si fuera el Errol Flynn de la época. Cada momento en que sale, cada escena donde se sugiere su presencia son quilates del mejor cine. Tiene secuencias de la mejor tensión, de auténtico filme de supervivencia. Es inteligente, malvado, feo y carismático. Es un “bicho villano” excelente.

Y por cierto: muy bien el final.

Hay un músico australiano llamado Nicholas Edward Cave, más conocido como Nick Cave, que es conocido por su amplia discografía con la banda The Bad Seeds y su estilo rock/post-punk. Además es escritor, poeta e incluso actor. Si nos centramos en su faceta musical es uno de esos artistas que editan absolutamente todo lo que graba. Desde una canción grabada en un estudio profesional a una composición casera en la que se escuchan pájaros de fondo mientras un Opel Corsa “quema” rueda frenando en un paso de cebra.

A los muy fans eso les encanta. Todo es bien recibido si eres el mayor admirador de alguien. A mí como admirador moderado del artista, también lo agradezco pero… lo cierto es que me gustaría encontrarme con un mínimo de calidad. Y eso no siempre pasa. Es lo más normal del mundo. Un músico no puede hacer siempre canciones de 10, como un escultor no puede esculpir todos los días obras de sobresaliente o un director rodar películas que sean obras maestras.

Otra cosa, dentro de que no es bueno “dar a luz” cualquier cosa que hagas, Nick Cave es una persona que se lo puede permitir. No es un mindundi como cualquiera que entre a First Dates o yo mismo. Tiene una carrera de más de 30 años. Edita y publica todo lo que hace sin ningún filtro. ¿Por qué? Porque puede.

Vayamos ahora al caso de eso que todo el mundo infravalora, ser una persona normal y corriente. Por mucho talento, creatividad, estilo que te creas que tengas, no siempre es merecedor de ser conocido por todo el mundo. ¿Por qué? Porque no te has ganado el respeto ni la aprobación de nadie. Hay gente que no sabe filtrar (la manida metáfora de Twitter como un bar lleno de borrachos).

Evidentemente si escribes algo acerca de tu odio hacia los niños en Internet, quedará grabado para siempre. Te pueden no gustar los niños pero resérvalo para tu círculo cercano. ¿Por qué querer compartirlo al mundo? No es algo tan genial y divertido que te vaya a hacer conseguir un trabajo, ni siquiera el sentirte mejor. Además, si en tus planes tienes previsto algún día dedicarte a ello pues… es un tanto necio cerrarse puertas de esa manera.

Si tuiteas sobre lo poco que amas los peluches de mapache que hay en ToysRUs, es evidente que si soy uno de los jefes de esa empresa o de otra que comercialice esos mapaches, lo más probable es que no quiera contratarte. Y puede que luego seas el mejor vendedor de mapaches de peluche de la historia pero… por vomitar un necio e irrelevante pensamiento te quedarás sin saberlo. Y ahí no puedes culparte más que a ti. Nadie te ha obligado a compartir eso que se te pasaba por tu cabeza.

Hay casos recientes de futbolistas como Sergi Guardiola que fichaba en 2015 por el filial blaugrana y horas después era despedido por encontrarse tuits de hace dos años con mensajes como “HALA MADRID puta cataluña”. Luego el jugador escribió una carta de arrepentimiento en su Twitter muy apenado por todo.

¿Significa esto que sea justo que te despidan de una empresa por haber escrito algo en contra antes de pertenecer a ella?

Pues la verdad es que no. Tampoco es eso de “antes fulanita me caía mal y era una borde y hablaba mal de ella pero luego la conocí y me enamoró locamente”. Si hablamos de manera profesional lo que no puedes hacer es cerrarte puertas por algo tan nimio, absurdo y sobrevalorado como una red social y en este caso Twitter.

Lo primero que hace una empresa es mirar tus redes. Por lo tanto, cuídalas, edúcalas y por favor… ¡Filtra!

Lunes, 03 Abril 2017 11:12

La vida como un 'Deus ex machina'

El Deus ex machina es un recurso de guionistas y directores por el cual un punto importante de la historia se resuelve con una serie de hechos que no tienen relación alguna ni con la narración ni con la trama y aparecen de manera gratuita e injustificada.


El nombre viene de la antigua Grecia y su narrativa teatral. Cuando un personaje estaba en medio de una aventura y tenía graves problemas a los que no podía hacer frente, entonces bajaba algún Dios y rescataba a su aventurero favorito. Una especie de “comodín de los Dioses”.


El mayor ejemplo es el final de la serie Los Serrano. El hecho de revelar que todo sea un sueño no solo es un final pordiosero para una ficción de varias temporadas. Denota además una falta de ideas alarmante. No hacía falta ser sorprendente, ni siquiera trascender con un final adecuado a la historia. Tan solo bastaba con no escribir el peor final nunca jamás imaginado. No sé en que estaba pensando Daniel Écija al autorizarlo. Es posible que quisiera ofrecer un halo de importancia en el tiempo pero lo cierto es que nunca funcionó. De hecho, su gran competidora Aquí no hay quién viva mantiene un recuerdo intacto de las tramas y la historia pero Los Serrano conserva ese estigma de “Ay, el final de Los Serrano”.


Hay otros ejemplos en el mundo del cine: Zombies Party, con los militares apareciendo en el bar sin que hubiesen salido en ninguna escena anterior; El mago de Oz, donde Dorothy se despierta en la granja y sabe que todo ha sido un sueño; Escuadrón suicida, donde cualquier cosa se resuelve con una bomba; La guerra de los mundos, donde todo se termina por un resfriado o el guiño en forma de parodia de Los Simpsons hacia El señor de las moscas, donde terminan el episodio de la siguiente manera: “Y los niños fueron rescatados... pues no sé, por Moe... por ejemplo”.


¿Podríamos trasladarlo a la vida real? Por supuesto.


Te pasas un año enamorado de una “pijiprogre” que estudia Diseño gráfico en la Pompeu Fabra. Además, sueñas con tener pareja para ver películas de Wes Anderson con ella. A esto le sumamos que tienes que lidiar con su ex novio, un tipo “poser” y aparente que es fan de los Pixies. Todo esto aderezado con un entorno “indie poperillo” de dulce y caramelo” en el que cada momento es merecedor de subir una fotografía a Instagram.


Si te pasas un año entero trabajando sobre esa base, no puedes resolver esto en una semana en la que conoces a una chica heavy en un concierto de Megadeth, pasas a soñar con una invocación satánica de Ozzy Osbourne y terminas en una marcha motera a favor de la bajada de los “cachis” de cerveza.


¡Puedes hacerlo! Está claro, pero... No tiene una coherencia interna y externa para con todo el año que has pasado y lo solucionas en una semana.


Es decir, yo como buen “procrastinador” podría hacerlo pero no soy el mejor ejemplo. Una vida y un relato deben respetar una coherencia interna y externa.


Todo debería tener un final que respetase lo anteriormente escrito.


¡Pim pam, toma Lacasitos!