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Elementos filtrados por fecha: Enero 2018

Los últimos años hemos visto cómo las películas de un interés informativo han copado tanto la lista de estrenos más esperados como la de los premios cinematográficos. En esta era post-11S, los americanos parecen estar más preocupados por el origen y el tratamiento de la información, y lo han demostrado con producción como ‘Spotlight’ en la pantalla grande o ‘The Newsroom’ de HBO. Es una forma muy romántica y certera de relatar a un nuevo héroe, uno que traspasa las leyes en favor de la primera enmienda, a favor del hombre y de la mujer de a pie, sin importarle los riesgos capitalistas de un país tan terriblemente mercantilizado. Bonito, ¿no?


Esta vez era el turno de Steven Spielberg a los mandos. La historia elegida es cómo Katherine Graham, que acaba de recibir la empresa que fue de su padre pero que heredó tras la muerte de su marido, va a salir a bolsa. Esa es la primera trama. Todo un torbellino de emociones para una mujer en esa época: empresaria pero sin casi experiencia (es mujer y no se le permitía), madre, abuela, viuda y se convertía también en un referente público para las mujeres.


En la mesa del consejo que controla el periódico era ninguneada, solo por el hecho de ser mujer. A la hora de tomar decisiones, también, no la creían lo suficientemente fuerte como para hacerlo. Entonces, tiene que tomar las riendas y demostrar que puede. Solo que el tiempo no fue a su favor, porque la primera gran decisión tras la salida a bolsa fue si publicar o no los Papeles del Pentágono. Menuda primera gran decisión. Y claro, todo esto bajo la visión del público. ¿Sería capaz esta mujer que ha recibido esta responsabilidad casi por accidente? Si no lo era, demostraba que la mentalidad presente era válida. Si lo era, ponía en riesgo su empresa (a los empleados, al rigor periodístico, a todos aquellos potenciales nuevos soldados para ese timo que fue la Guerra de Vietnam), pero también se convertiría en un referente, en un ejemplo de empoderación para las mujeres. Y eso hizo.


La segunda trama es propiamente la toma de esa decisión junto a más participantes. Entre ellos el editor ejecutivo Bradlee interpretado por Tom Hanks. Aquí viene lo que conocemos como la crisis que estaba sufriendo The Washington Post en ese momento, que hasta ahora seguía siendo un “pequeño periódico local” pero que quería estar en la misma liga que el New York Times. El Post quería más calidad y quería también pillar bocado de los Papeles del Pentágono. Sus inversores temían una catástrofe, desde una muerte repentina hasta que se culpara a Graham o Bradlee por espionaje. Cosa que se vio bastante cercana.


Existen también diferentes reflexiones por parte de los personajes a lo largo del metraje; desde la influencia que puede ejercer trabajar en un periódico y las amistades políticas, la legalidad de los procedimientos, etc. La películas nos intenta informar un poco de todo pero haciendo énfasis en las dos tramas principales, haciendo de Meryl Streep la indudable protagonista con una brillante interpretación y una fotografía y música que poco acompañaban al que pudo haber sido una de las más grandes películas del año, y que se quedó a poquitos pasos.

Tommy Wiseau es un ser bastante particular, excéntrico sin parecido y con los pies en la tierra… no exactamente, pero tenía un sueño. Junto a quien ha sido desde entonces su mejor amigo, Greg Sestero, decide producir su propia película, decisión que viene de la cadena de “fracasos” constantes que marca los primeros meses del yo-quiero-ser-estrella en Hollywood. Cuentan con una financiación de origen un tanto anónimo y sospechoso para crear la película “The Room”, que pasa a convertirse en película de culto por lo mala que es. Exacto, por lo mala que es.


Hay quien afirma que es tan mala que es buena. El que más, James Franco. Franco dirige y protagoniza una de las comedias del año “The Disaster Artist”, basada en el libro homónimo que escribió el propio Greg Sestero acerca de cómo conoció a Wiseau y el rodaje y primera exhibición de “The Room”. La comedia pretende ser biográfica, personal y atrevida. Sin embargo, se queda en el mero reflejo de una ridiculez anunciada.
La actuación de Franco puede ser muy acertada: se transforma en Wiseau con todas sus excentricidades incluidas, desde el acento hasta la forma de andar. Al fin y al cabo, es una comedia. ¿Y te ríes? A ratos.


Dave Franco es el ancla con el que empatiza el espectador. Encarnando a Sestero, el mejor amigo de Wiseau, nos muestra que no estamos solos en esto de pensar que “ese hombre está loco”. Aunque notamos en cada plano el cariño que le tiene al protagonista, también vemos su frustración por las decisiones de Tommy, personal y profesionalmente. Vemos la caída anticipada de alguien que pudo llegar a ser algo más, pero nunca lo sabremos ya que su compañía siempre fue ese excéntrico y novel director. Y él se queda en eso, en su fiel compañero.
Todos los altercados de un rodaje se ven expuestos al máximo en una crónica de producción cinematográfica que no tiene ni pies ni cabeza. Todos los que trabajan en el rodaje están de acuerdo en una cosa: Wiseau no sabe lo que hace. Y es verdad.


James Franco nos quiere demostrar que hay diferentes formas de hacer arte, y nos muestra la perspectiva de este director que creó algo insólito: que la gente vea una película mala como el pan de hace una semana y aplauda cuando acaba; no porque acabe, sino porque realmente se lo pasó bien. Su propia obra se queda en más o menos lo mismo. Vemos a su exageradísimo personaje, no lo creemos y solo empatizamos con Sestero que es el único que parece normal. Vemos un making of de una película que no va a llegar a ninguna parte y vemos una comparativa de ambas.
Lo siento mucho, pero no me reí, no me lo creí, y parece que es la típica película que ver cuando organizas una fiesta y quieres caer en el sofá en poco tiempo.

Tras los Globos de Oro de este año podemos afirmar, una vez más, que las chicas necesitamos tener nuestros derechos más que demostrados; a través de salario equitativos, de los mismos derechos laborales, de la imagen pública y del carácter de los papeles que reflejamos en pantalla.


El movimiento #MeToo y Time’s Up se hicieron latentes en la gala. A modo de protesta, todos y todas (a excepción de unas pocas) vistieron de color negro, en honor a las víctimas de violencia de género y como manifestación ante los abusos que este 2017 salieron a la luz en Hollywood. Principalmente, aquellos atribuidos a Harvey Weinstein. Aunque Kevin Spacey tampoco se queda lejos.
Los discursos de todas las ganadoras retumbaron en los oídos y nos hicieron reflexionar. A nosotras para reconsiderar nuestra posición y a ellos para revisar comportamiento y actitud. Desde Nicole Kidman, hasta la brevísima cita de Elizabeth Moss hasta el magnánimo discurso de Oprah Winfrey. Nadie es santo, pero la realidad es la que nos reflejan los hechos y somos nosotros los únicos que podemos cambiarlo.


A más de uno nos pudo llamar la atención que los Globos de Oro de este año tuvieran una mayor presencia de mujeres. Tanto presentando, como haciendo las gracietas del presentador de “Saturday Night Live” Seth Meyers, al igual que entre las producciones nominadas y ganadoras.

En televisión, “El cuento de la criada”, “The Crown”, “Game of thrones” (esta última temporada particularmente), “SMILF”, “La maravillosa señora Maisel”, “Will and Grace”, “Big Little Lies”, “Feud: Bette y Joan”, “The Sinner”, “Big Little Lies” o “Top of the Lake”, son solo algunas series nominadas y con mujeres como protagonistas o con papeles enormísimos. En el cine también lo vemos sin tapujos: la ganadora del galardón a película extranjera “In the fade”, y la nominada chilena “A Fantastic Woman”, “I, Tonya”, “Lady Bird”, “Molly’s Game”, “The Shape of Water”, “Three Billboards outside Ebbing Missouri” y puedo seguir contando.

Muchos dicen, incluso algunos afirman por redes sociales, que se está eligiendo producciones con mayor presencia femenina para cubrir una cuota. Pero es que ese es solo el primer paso para la visibilización del trabajo de las mujeres. Es mucho y muy bueno el trabajo de directoras (aún estigmatizadas, como todo trabajo técnico), cámaras, productoras y guionistas. Lo que pasa es que se alaba tanto el trabajo de siempre, mayormente masculino, que muchas de ellas pasan desapercibidas. Esta semana a Leticia Dolera, actriz nacional, le replicaban que “claro, vamos a empezar a no elegir películas buenas para que las mujeres estén representadas”. No. No es así. Todo empieza por elegir con equidad y sin prejuicios el material que va a ser valorado, distribuido y exhibido, no digo ya producido. A lo mejor estamos pasando por alto a la gran directora de cine. No entre mujeres, sino en el sector. O peor aún, estamos evitando que por falta de referentes públicos, una niña de ahora pueda ser la gran creadora del futuro. No nos paremos los pies a nuestro propio camino.

Operación Triunfo se alzó como el gran reality show de la 1 de Radio Televisión Española allá por 2001. Este 2017 volvió a probar suerte y la encontró. Un grupo de jóvenes promesas llevadas a un plató de televisión, como llevan años haciendo otros como La Voz, Número 1 o Tú sí que vales. Sin embargo, esta edición tiene algo más que los otros shows no tiene: pasión en sus participantes. Ha habido años en los que hemos visto a concursantes darlo todo y hemos disfrutado tremendamente con ellos. Algunos de estos artistas se han convertido en referencias completas de la música española más allá de nuestras fronteras, tanto así que no necesito deciros los nombres.

¿Cómo vemos la pasión de estos participantes? Al mejor modo Gran Hermano, nos inmiscuimos en la Academia de OT y vemos cómo los jóvenes se pasan el día, cómo trabajan la gala que veremos cada lunes religiosamente, y cómo disfrutan entre ellos. Da gusto ver en una competencia que los cotilleos no lo son todo y que no todos los que entran a la tele se quieren convertir en gente Sálvame. Los jóvenes participantes tienen sueños, pero también tienen los pies en la realidad. Entonces, nosotros como espectadores disfrutamos de ese sentimiento tan pegajoso. Puedes votar para salvarlos de la expulsión durante toda la semana a través de una app en tu móvil, puedes ser cronista de la gala o incluso de la transmisión directa de la academia por twitter, o compartir contenido en Instagram o Facebook. OT ha traspasado la televisión y ha reunido a miles en colas para la firma del primer disco recopilatorio de esta edición. Y no deciros ya la subida de audiencias durante el especial de Navidad con los participantes de la primera edición del reality.

Tenemos a chicas como Amaia, Aitana o Ana, que sobresalen del resto gracias a un carisma y talento tremendos. Distintas las tres en estilo pero terriblemente poseedoras del título ‘favorita’ para los seguidores de Operación Triunfo. Los chicos también son muy talentosos, Alfred y Roi, por ejemplo. Pero las chicas tienen al concurso en la palma de su mano. Incluso motes como “reina de España” y “Ana War” - en referencia a Ana Guerra y su garra en el escenario- son ya parte de la cultura pop actual en los usuarios españoles de Twitter. Y qué decir de Marina, que aunque ya no está participando en la Academia, se ganó el cariño de todos el día que explicó a triunfitos y espectadores las siglas LGTBI y su importancia. Una pequeña revolución en la televisión pública.

¡Ya era hora! Al fin un talent show con una repercusión como Operación Triunfo nos muestra la escena nacional. El Kanka, La Casa Azul, Supersubmarina… no son pocos los artistas nacionales que han pasado por boca de los participantes, incluso a Guille Milkyway como profe en la Academia, ¡al fin! Bueno, y ya si Amaia menciona que le gusta Ojete Calor, me vengo arriba.

No todo está perdido. Poco a poco parece que la música vuelve a La 1, aunque sea en una versión descafeinada como es un concurso de talentos prefabricado. Se ve la luz al final del túnel. O eso quiero creer. A mí me ganan con actuaciones como la de la novena gala de Ana y Amaia, donde muestran a las cabecitas locas que solo escuchan los ritmos discotequeros que existen artistas como Florence and the Machine. Yo ya lo veo con un poquito más de fe.