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Elementos filtrados por fecha: Marzo 2018

Algunos no hemos llegado a conocer la historia de Tonya Harding hasta hace relativamente poco. A los que nacimos en los 90’s y en algún momento nos hemos interesado o nos hemos tragado todo un programa de patinaje artístico en la tele, nos suena eso de una patinadora que sufría tal presión por ser perfecta que le rompió la rodilla a una compañera. En películas como ‘Princesa de hielo’, una que mi generación presenció en el canal pre-adolescente por excelencia, y que narraba la historia de una chica que quería dedicarse al patinaje tras estudiar sus entresijos físicamente. La madre de la chica, que estaba en contra de que se dedicase a otra cosa que no fuera conseguir una beca para la Universidad, critica fuertemente a la que se convierte en su entrenadora. Le llega a decir cosas como “tú harías todo lo necesario para ganar”. Primera sospecha de que algo como esto había sucedido en la realidad. Mi segunda pista y confirmación irrefutable fue el anuncio de la película biográfica de Tonya Harding, la joven patinadora cuya carrera no pudo ser lo que estaba destinada a ser por un “incidente”.

La película ‘I, Tonya’, dirigida por Craig Gillespie, narra la historia de esta patinadora artística de Portland, Oregon. Empezó a patinar a los 3 años, empujada - literalmente - por la ambición de su adre, una mujer maltratada por su padre y que maltrataba a sus esposos y a su hija. Camarera de sueldo redneck, invertía cada centavo que tenía en la carrera de Tonya. No llegamos a tener claro si ella veía en Tonya a una máquina de hacer dinero, si le frustraba ese talento sin aprovechar o simplemente porque realmente quería ver a su talentosa hija convertirse en lo que debía ser. A vosotros os dejo juzgarlo en la película. 

Tonya, como atleta de élite, se ve a sí misma tomando decisiones que quizás en otras circunstancias no lo haría. Su madre la saca del colegio para que se pueda dedicar tiempo completo a patinar, se casa a los 19 años con el único chico que le mostró interés y que resultó ser un maltratador al que divorció, y se volvió a juntar y sí y no y sí y no, y vuelvo a entrenar, y no, y bebo, y sí, y fatal todo.

Aquí es donde entra, en un papel aún más principal, su ex-esposo. En su obsesión de volver con Tonya, decidió que era una buena idea fastidiar a la rival más cercana de Harding, una patinadora que se llama Nancy. Se le fue de madre el plan gracias a un colega chivato y más tonto que un tarro sin tapa, unos tíos que este contrata que son aún más tontos y que encubrir un delito es casi igual de malo que cometerlo. 

La obsesión de su ex le costó a Tonya su carrera deportiva. Adiós a los patines, adiós al respeto y la reputación, hola a las cadenas de televisión enfrente de casa y a un recuerdo amargo.

El canal de Movistar Plus #0 está intentando, y algunas veces exitosamente, equipararse a monstruos como Netflix con material nacional. Una de sus apuestas ha sido con uno de la casa de El Terrat, con un colaborador habitual, con Berto Romero. Actor y comediante, el catalán se aventura en una web-serie autobiográfica de dimensiones astronómicas.

Son seis capítulos de 20 minutos, 2 horas de visionado en total que pasan más rápido que lo que tardas en cuestionarte tu futura familia. Berto retrata con gracia, drama y una tremenda dosis de realidad lo que es ser padre a inicios de siglo. Las diferentes presiones que sufre el matrimonio heterosexual, cómo se desenvuelve la pareja antes y después, el embarazo, los primeros días del bebé, el cambio radical en la rutina y toda la influencia del entorno en cada una de las decisiones.

Sandra, su esposa interpretada por Eva Ugarte, lo hace de forma extraordinaria. La interpretación, digo. Seguro que no es fácil ser la pareja de una persona que tiene una vida vigilada por el público general y mantener un mínimo de privacidad, dentro y fuera de internet. El papel de la madre en una maternidad contemporánea se ve quebrado por las expectativas de nuestras abuelas, que posiblemente no tenían una carrera profesional que mantener y que buscan ser algo más allá de ser una madre en exclusiva. Los padres también se ven envueltos en cambio, especialmente por este detonante. La excusa de ‘me bajo al bar’ ya no vale y los cuidados de la nueva criatura son responsabilidad de ambos. Repartir tareas, decidir el cole, convivir con padres y madres afines al actual ‘postureo’, seguir trabajando, seguir teniendo pasión por lo que haces y lo que quieres hacer… ¿te has agobiado ya? ¿Alguna vez le has preguntado a tus padres cómo fue su experiencia?

Personalmente, Berto nos trae los pies al suelo pero sin soltar nuestros sueños a las nubes. Algunos quieres ser padres, otros no, algunas quisieran ser madres pero sus condiciones no se lo permiten, algunas son madres de forma inesperada… Tenemos que saber lo que tenemos encima, lo que nos puede caer y dónde podemos caer nosotros, y eso nos lo demuestra ‘Mira lo que has hecho’. Los dramas familiares más comunes: divorcios, vejez, muerte, infidelidad, dependencia, emancipación, infancia, presión, convenciones, todo envuelto en comedia, en ironía, en lo que es la vida.

Un trabajo brillante por parte del equipo técnico y creativo en una serie que además de empática, se convertirá en un clásico de las crisis previas y posteriores a los 30. Como mínimo.

La última película de Guillermo del Toro ha ganado el gran premio de la Academia. Se ha llevado los galardones a ‘mejor película’, ‘mejor dirección’, ‘mejor banda sonora’ y ‘mejor diseño de producción’. Aunque no se puede decir que haya sido la absoluta ganadora, con varias películas a sus tobillos, las 13 nominaciones dieron que hablar desde su anuncio hasta la gala.

Es una historia fantástica. Muchos la definen como poesía visual, con una fotografía de cuento de hadas y personajes encantadores que suscitan la empatía del espectador. Una chica muda con una rutina establecida, de la cual nos revelan todos sus secretos, y que convive con un vecino ilustrador mayor y sus gatos. La chica va a trabajar a un sitio misterioso, lleno de experimentos, lleno de gente que trabaja de tapujo, sin expresar claramente lo que está haciendo, y ella todo lo ve y no dice nada.

Sentimos una conexión particular con ella, nos transmite tranquilidad y ese toque cómico de personaje de cuento. Su compañera Zelda, interpretada por la galardonada Octavia Spencer, nos trae los pies de vuelta a la realidad en la que Elisa (Sally Hawkins, la protagonista) parece nadar. Mira a la ventana cuando cae la lluvia, se da baños, mira al horizonte del pantano… Pero a la hora de trabajar, ahí está Zelda para mostrarnos la vida de la mujer en esa época. Nos habla de los problemas de su matrimonio, de la cansada rutina, de la ausencia de sueños, de una vida con falta de emoción por todos los lados. Y ahí es donde la aventura en la que la sumerge Elisa se convierte en realidad.

Por otro lado, tenemos también al enemigo clave. Richard Strickland es el detonante de este cambio en el status quo. Como parte de una agencia de inteligencia sin especificar, trae a la base en la que trabajan de turno de noche Elisa y Zelda, a un ser extraño. Un ser casi mitológico, ¿un lagarto antropomorfo, quizás? Strickland es un hombre poderoso, con una familia perfecta a ojos de la época y de los extraños: una esposa guapa que le dejaba hacer lo que él quisiera, dos hijos muy monos y obedientes, casa en los suburbios, un coche cadillac… Pero él seguía sin estar satisfecho. Mira a Elisa con cara de lujuria. La relación con su esposa no le trae placer ni lo ofrece él. Un miserable en toda regla que busca la satisfacción a partir del sufrimiento de otros. En este caso del monstruo. O… ¿nos deberíamos preguntar quién es realmente el monstruo?

En mi humilde opinión, la obra de Del Toro está hecha a medida para los galardones. No solo está inspirada en historias mitiquísimas que ya sabemos que funcionan. Si no que la estratégica forma de adaptar personas de diferentes minorías, una historia romántica y fantasía visual la convierten en favorita sin duda. No es para quitar mérito, pero es seguir viendo más de lo mismo y ser acreditado por ello.

Este año las mujeres nos hemos visto más tiempo en las pantallas. Al fin. Ya era hora. Greta Gerwig ha sido la quinta mujer directora en estar nominada a mejor película en los 90 años de historia de los premios de la Academia. Esta categoría la ha ganado una vez una mujer, más concretamente, Kathryn Bigelow con The Hurt Locker en 2008. Una vez. En 90 años.
2017 ha sido el año del Time’s Up, del #MeToo, del destape. Harvey Weinstein, Kevin Spacey, James Franco… algunos de los nombres que más han sonado en los medios y en boca de activistas y portavoces. Qué curioso que cuando hay una movida en la industria, la Academia la adapta. Hace dos años aparecía el ‘black boicot’ que inició Will Smith, al año siguiente un número bastante alto de películas nominadas estaban protagonizadas o narraban la historia de personajes afroamericanos. Eso mismo ha pasado este año pero con mujeres.
Tenemos a ‘La forma del agua’, ‘Tres anuncios en las afueras’, ‘Lady Bird’ y ‘The Post’ con fuertes personajes femeninos a la cabeza. Y ‘Lady Bird’ destaca por su perspectiva femenina de la vida.

Christine, que se llama a sí misma Lady Bird, es una joven estudiante de último año de secundaria de un instituto concertado. Una chica con ambiciones, con unas ganas terribles de crecer y salir de Sacramento, pero con las ataduras que tenemos todas: la familia, el dinero, la madurez. No nos dan datos de tiempo, ni del pasado de la familia ni de la chica; vivimos el presente, su presente, con ella. La vemos involucrarse más en las actividades extra-curriculares, conocer gente dentro y fuera de las aulas y los primeros amores. Y claro, los primeros desamores. Gerwig nos muestra cómo se ve, desde los ojos de una adolescente, el valor de la familia y cómo se lleva una situación económica que cuando somos más jóvenes no entendemos ni sabemos llevar. Ese ha sido exactamente el don de Gerwig con ‘Lady Bird’, contar una historia veraz de la forma más entretenida posible y desde unos ojos que muchas veces caen en clichés. La narración desde perspectiva femenina sobre una situación femenina al fin está contada desde la verdad, sin tapujos, sin caer en tópicos que los hombres creen que vivimos pero que no son así.

Historias como ‘Lady Bird’, con sus vueltas y revueltas, ‘La forma del agua’ con es particular sensibilidad de quien mira y observa, ‘The Post’, que nos demuestra que las ventajas económicas no favorecen la ‘condición’ de mujer’ y ‘Tres Anuncios’, la fuerza y valentía de una madre con un objetivo, son las que necesitamos para que chicas vean hacia delante, hacia un futuro igualitario, para que sean conscientes del mundo en el que vivimos y el que tienen que construir para ellas mismas.