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Elementos filtrados por fecha: Abril 2018

Son tiempos turbulentos. No son días fáciles. Últimamente parece que la actualidad en nuestro país se rige por el guion de ficción más enrevesado que hayamos visto. Ni ‘Black Mirror’, ni los finales de temporada de ‘Juego de tronos’, ni las series más innovadoras y exuberantes de presupuesto de Amazon, Netflix y HBO combinadas. No es necesario que me ponga a hacer un análisis superficial de la situación a nivel nacional, ni digo ya a nivel mundial - que da aún más escalofríos. Pero la revolución que se está gestando a nivel social por una injusticia que no tiene pies ni cabeza, ni pilar sobre la cual fundamentarse, está llegando al punto de ebullición. Y aquí es donde algunas nos preguntamos ¿hasta dónde somos y son capaces de llegar?

Como dije ya una vez en este mismo blog, la serie de Hulu, distribuida en España y otros países por HBO, ‘El cuento de la criada’ nos muestra una realidad distópica no muy lejana. Un régimen terrorista occidental justifica sus acciones en la supuesta contaminación de la humanidad a nivel social y sanitario. Las mujeres han perdido todos sus derechos frente a sus esposos, padres y el resto de sociedad masculina. No pueden trabajar con libertad, no pueden pagar, no pueden ser dueñas de nada, no pueden hacer nada. Las han convertido en unas máquinas de parir, esto claro, a aquellas que pueden. A las demás las desechan a las ‘colonias’ para realizar trabajos forzados. Las mujeres pasamos a estar en un segundo plano - más aún que ahora mismo - y a convertirse en una máquina, en una esclava. Pero la distopía no termina ahí. El gobierno es un fascismo religioso en el que se alega a un cierto dios, hombres y mujeres según su cargo y “prioridades” tienen diferente nombre y asignación de privilegios y lo peor, lo peor de todo, no es solo que la mujer se convierta en mero objeto: anulan cualquier tipo de dignidad, tanto que la violación es una cosa diaria durante la época fértil de la “criada”. 

Suena a pesadilla, a que es imposible, a que jamás pasaría algo así. Sinceramente, no sé qué me da más miedo, si las causas o las consecuencias de ese estado “Gilead” que se describe en la obra de Margaret Atwood, en la que se basa la serie. Crueldad por todos los lados, una sinrazón. Tiemblo mientras escribo esto. ¿Sabéis por qué? Porque ayer mismo, en una sentencia judicial se describen los actos llevados a cabo por 5 hombres bajo el nombre “La Manada” como abuso. Solo abuso. No me voy a meter en conceptos, ni en términos que se nombren en el Código Penal. Son esos mismos conceptos los que nos llevarían a un dominio del tipo que se termina describiendo en ‘El cuento de la criada’, bajo el cual sería imposible que a las mujeres se nos tomase como personas. ¿Qué está pasando? ¿Se nos está tomando el pelo? 

Mirad la serie, mirad las noticias, analizad la sociedad en la que vivimos y decidme si las series y películas se parecen o no a la vida real.

Viernes, 20 Abril 2018 14:00

Las historias de Phoebe Waller-Bridge

Phoebe Waller-Bridge ha sido una revelación en el stand-up comedy británico. Varía entre lo que podría ser para nosotros una Ana Morgarde con un humor pasado de oscuro. No tengo claro si tenemos a alguna comediante que diera más el pego, habrá que seguir buscando porque seguro que está por ahí. La televisión pública británica tiene un interés muy particular que no está presente en la nuestra, y es que arriesgan. No financian solo bombazos que saben que van a triunfar, re-makes que van a enganchar o mantener ‘Cuéntame’ en antena hasta que Imanol Arias diga “basta”. La BBC crea, apuesta por nuevos realizadores, o por lo menos eso es lo que se ve puertas para afuera, y con eso nos basta. Dentro del espectro de nuevos creadores está Phoebe, y Phoebe tiene muchas historias por contar.

La primera historia que supimos de ella fue ‘Fleabag’, una desgarradora pero curiosa historia de una mujer empezando los 30 sin saber donde tiene los pies. Sufre una terrible y traumática pérdida, tiene que mantener su cafetería de “cobayas” pase lo que pase y su vida amorosa es digna de historia de terror. Esta serie, de tan solo 6 capítulos de media hora, la distribuye Amazon Prime con gran éxito. La recomiendo fervientemente, especialmente si la ves con amigos, porque la sobremesa es digna de reflexión e invita a la discusión de temas que ahora mismo son la punta del iceberg. ‘Fleabag’ está basada en su monólogo más famoso, ha pasado del teatro a la pantalla chica, y Waller-Bridge sabe que esta dinámica puede continuar.

Su siguiente apuesta fue con Netflix, esa insaciable máquina de creación alternativa. Si quieres vivir el aquí y el ahora tienes que ver toda aquella producción que en el subtítulo rece “una producción de Netflix”. Drogas, sexo, tabú, falta de dinero, sobra de dinero, sin talento, un bicho raro, una mirada sobre la discriminación racial, los millennials, suicidio, relaciones tóxicas y amor real… tú di algo, que seguro que Netflix ya ha encontrado una forma brillante de contártelo. Y aquí es donde vuelve a entrar Phoebe. Su última serie ‘Crashing’ es actual, es fresca y te saca de la rutina por completo. ¿Sabes que son los guardianes de propiedades? Una dinámica británica digna de revisar y poner en práctica. Edificios enormes abandonados: hospitales, estaciones de bomberos, antiguas oficinas, que se deterioran y pasan a convertirse en una ruina urbana, hogar de tráfico de drogas o hábitat salvaje en general. Para eso están los guardianes. Por poco dinero a la semana, a través de un programa muy parecido al proceso de encontrar trabajo, la gente puede ir a vivir allí, mantenerlo ocupado, hasta que sea necesario. Es decir, te vas a vivir con gente que no conoces a una planta de quirófanos abandonada y reformada para que sea habitable. Vivir en comunidad, por un precio bajísimo, el nuevo glamour del millennial con trabajo temporal… Phoebe protagoniza esta contemporánea historia no tan estereotípica de triángulo amoroso. Una relación convencional no siempre es el camino ni una relación atípica la dirección. Waller-Bridge nos intenta enviar un mensaje y la mejor forma de escucharla es viéndola.

Alguien dijo alguna vez que las cosas mundanas, ordinarias de la vida, son aquellas que más atraen, que más gustan al público en general. No estoy segura de quien lo ha dicho, probablemente fue mi madre mándandome a hacer la cama, pero más gente lo ha pensado y así acabamos con una película como “El Show de Truman”. Para quienes no lo hayáis visto, se basa en la premisa de una serie de televisión de 24 horas en la que un personaje no sabe que está en un mundo de ficción pero vive su vida con normalidad… hasta que ya no. El público vivía y se desvivía por Truman, lo seguían hasta dormido. ¿Qué nos dice eso? Que hay algo, o en nuestra propia vida o en las ajenas, que nos atrae, que nos apasiona y que nos engancha. Mi apuesta es la empatía por un lado y los celos por el otro.

Pero en esta era en la que toda nuestra vida pasa por una pantalla, aún sin ser Truman, ¿qué tiene de atractiva tu vida, mi vida? ¿De verdad quieres ver cómo me lavo los dientes antes de ir a la cama o cómo me quemo con el agua del té del desayuno? No exactamente. El misterio, aquello que nos cautiva y que nos enloquece son las otras personas. Es decir, las relaciones interpersonales. 

Y eso es lo nos cuenta Netflix en esta serie de 2016: “Easy”. Era de la sobre-información, de la cultura según quieras, de los haters en las redes, de la revolución tecnológica diaria, de los amores desechables y las familias de IKEA. 

“Easy” nos cuenta la historia de varias personas de Chicago. Un serial de 8 capítulos por temporada, 2 temporadas y capítulos de solo 30 minutos. En uno de ellos verás a un personaje que volverá a salir en otro, y así sucesivamente. O a lo mejor, son capítulos totalmente aislados, que también los hay. Vemos familias, hombres, mujeres, jóvenes, sobreviviendo al día a día. Un matrimonio roto, otro más aventurero, una madre soltera, una chica que descubre su sexualidad, otra que descubre la religión… Nuestro día a día está lleno de sorpresas, y fuera de los puntos de inflexión tan tremendos que podrían hacer de nuestra vida una película, son las cosas pequeñas las que nos definen y condicionan.

Las series son el nuevo cine. Está más que comprobado. Actualmente, los trabajos audiovisuales que más se consumen y que crecen día a día en calidad son aquellas que se reparten en “pequeñas” píldoras en un tiempo determinado y de una duración corta o media. La atención del público se ha visto reducida, ahora mismo puedes comprobar por propia experiencia que la satisfacción de ver un capítulo de 20, 30 o incluso 40 minutos es mayor que sentarte a ver una película de más de 90 minutos. Además, claro, de que las películas de hora y media escasean cada vez más. Entonces con los nuevos hábitos de consumo vemos cómo algunos prefieren meterse entre pecho y espalda, en casa, una temporada completa de 13 capítulos de 40 minutos, que sentarse inmóvil e impasible en una sala de cine. Y no solo Netflix sabe esto, Amazon también y viene con ganas de hacerse un huequecillo en el negocio. 

Una de las series, no solo de más éxito, sino también de más calidad de esta plataforma ha sido “The Marvelous Life of Mrs Maisel” protagonizada por Rachel Bosnahan, conocida por su papel en House of Cards. 

Mrs Maisel es una mujer casada y con dos hijos en el Upper West Side de Nueva York. Es 1958 y la vida de las mujeres no es fácil, parece que no pueden alcanzar sus sueños, que viven atadas a los estigmas convencionales y… ¿os recuerda a algo, chicas? Pues Mrs Maisel rompe con todo ello con una naturalidad y encanto de marca propia. Midge – diminutivo de Miriam-, la podríamos describir mejor como una mujer judía neoyorkina, cuya mayor preocupación es que las cosas salgan bien y que la gente a su alrededor sea feliz. Se convirtió en madre porque era lo que tocaba y reflexiona sobre ello en un monólogo brillante en el tercer capítulo. Monólogo digno de revisionado y casi de oración antes de meterse en la cama. 

Extravagante dentro de unos límites auto-impuestos, Midge sigue la moda a su manera, tanto a la forma de vestir como a la forma de hablar. Colores despamanantes y vestidos muy para una chica de 28 años de la época, que es lo que es, la anuncian al llegar, y al abrir la boca es todo encanto. Entonces, cómo es que una mujer así, tan encantadora y feliz, ¿se convierte en comediante? No es solo ya el uso de ironía y sarcasmo en su alocada y peculiar vida, fue una pequeña explosión que – ojo, spoilers- pasa hoy en día y la reacción es parecida. Su marido, un hombre empequeñecido por su padre y por sí mismo, no está satisfecho con la vida “perfecta” que llevan, sus sueños de convertirse en comediante – llámalo falta de vocación – arrastrados por  fracaso constante y falta de carisma. Pero ahí está Midge, una chica inteligente y autónoma que sabe salir de esas situaciones incómodas a su manera y buscando, lo primero, ser feliz ella.