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No suelo hablar mucho de comics cuando me asomo a este blog, pero lo cierto es que como lector aficionado que humildemente me considero, seguidor de la actualidad editorial y con curiosidad innata hacia multitud de géneros, la realidad es que el universo del cómic me resulta interesante desde hace muchos años por distintas razones; de hecho, nunca me he alejado del todo de este arte a veces infravalorado. Sin embargo, el escaso tiempo libre que me dejan mis obligaciones lo reparto habitualmente en distinto tipo de lecturas, entre las que se encuentra también el mundo artístico.

Cuando éramos niños, la palabra cómic no existía o al menos era algo 'residual', un vocablo importado y ajeno a nuestra cotidianidad. Al menos, yo no la conocía. A finales de los años 70 y comienzos de los 80 del siglo pasado, este término de raíz anglosajona comenzó a popularizarse, aunque utilizado siempre para referirse a lecturas más adultas, a 'tebeos' que se alejaban del público infantil y juvenil, que se asociaban de forma sistemática a lectores de más edad, que buscaban otro tipo de contenidos distintos al cómic tradicional.

Y un género específico, que venía del otro lado del Atlántico, arrancó con fuerza y se hizo fuerte en muy poco tiempo en los kioscos. De la mano de Ediciones Vértice, los superhéroes que en estados Unidos popularizaban desde mediados de siglo XX la todopoderosa y omnipresente Marvel y su eterna rival DC Comics, se hicieron populares. Una popularidad que ha conseguido mantenerse y extenderse, después de que en los últimos años la industria del cine haya rentabilizado este género, con multitud de películas en las que hemos comprobado cómo cobraban vida estos personajes en los que todos los niños nos habíamos mirado cientos de veces.

En los últimos años, la tecnología ha obrado el milagro. Los efectos especiales digitales han conseguido hacer realidad imágenes que hace años soñaron numerosos dibujantes de fértil imaginación, que ni en sus mejores sueños podían sospechar que sus personajes, las situaciones y los mundos que crearon en su cabeza, podían llegar a concretarse con semejante grado de verosimilitud. En este caso, creo que la esencia del cómic sigue plenamente vigente, y su continuidad está asegurada, como demuestran los millones de personas y las cifras millonarias que se manejan en el terreno audiovisual vinculado con el cómic, especialmente cuando la legión de superhéroes creados entra en escena, acompañada de una buena historia.

Desde que viera la luz en el ya lejano 1962, de la mano del guionista Stan Lee, 'Spiderman' el 'asombroso' trepamuros, el adorable neoyorquino, que bajo su doble identidad encarna a un entrañable, familiar y tímido estudiante de ciencias que ocasionalmente hace fotografías para un periódico, consiguió identificarse en tiempo récord con una juventud que veía en él a un modelo a seguir por varias razones. Motivos que, curiosamente, siguen plenamente vigentes casi 60 años después, tanto en la sociedad americana como en otras muchas, hasta el extremo de haberse convertido en un icono universal. Y creo que no estoy exagerando con una afirmación de esta categoría.

He recuperado recientemente este gran personaje, que tenía olvidado en mi memoria, gracias a las estupendas recopilaciones que ha hecho la editorial Panini, que responden a periodos concretos, a etapas y a dibujantes que han puesto su sello particular en un personaje que ya es un poco de todos, aunque los superhéroes y los comics no estén en nuestras preferencias.

Una lectura sosegada de estas historias nos permiten conocer un poco mejor las últimas décadas en la sociedad norteamericana, ver también reflejado el paso del tiempo, conocer las grandes preocupaciones que marcaron distintas épocas como el racismo, los derechos civiles, la división del mundo en bloques, la guerra fría, el peso de la religión, el problema de las drogas en la juventud o el fundamentalismo político y religioso, entre otros muchos más. En fin, que además de entretenimiento, si se lee con un mínimo detenimiento, se verá perfectamente reflejada una realidad no muy lejana.

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