¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto

wrapper



El escritor gaditano Felipe Benítez Reyes (Rota, 1960) ha regresado a la novela, casi diez años después de su última incursión en este género, por la puerta grande con una pequeña obra de arte literaria, un libro de deliciosa lectura que se disfruta párrafo a párrafo y página a página, manteniendo el ritmo narrativo y ofreciendo un auténtico recital idiomático.

‘El azar y viceversa’ (Destino) es el título de su reciente publicación, donde vuelve a demostrar el absoluto dominio que posee del lenguaje, convirtiendo una historia sencilla en un retrato de una época reconocible, en la que tienen cabida desde la ironía a la tragedia, y que se saborea poco a poco con una sonrisa permanente en el rostro.

No es ninguna sorpresa que el libro derroche calidad. Benítez Reyes es un veterano de las letras, un filólogo que maneja con sutileza y maestría todos los resortes del lenguaje, y capaz como pocos de crear y hacer creíbles personajes simplemente antológicos. El autor, que me maravilló hace años con ‘Mercado de espejismos’ (2007), parodia de las novelas de trasfondo exotérico y merecido Premio Nadal, y también anteriormente con ‘El novio del mundo’, (1998), títulos de corte muy distinto ambos, regresa a los escaparates de las librerías con una historia cargada de sinceridad. Una novela de las que perduran en la memoria.

Poeta, articulista en prensa y traductor son otras facetas profesionales del autor gaditano, que se despacha en esta ocasión con una historia de ficción aparentemente sencilla, y posiblemente cercana al propio autor en el aspecto puramente personal si atendemos a la época, la historia y la ubicación de la ficción. Una obra que, es justo decirlo, permite varias lecturas y que no deja indiferente a nadie.

De la mano de un particular pícaro del siglo XX, Benítez Reyes consigue hacer un retrato detallado de una sociedad en plena transformación, que bullía y que cambiaba a marchas forzadas buscando alcanzar una modernidad desconocida. Las páginas de la novela retratan a una sociedad que dejaba atrás décadas de franquismo, de la mano de una juventud desbocada y desinhibida que lucha por adaptarse a un tiempo nuevo, que escucha la música que llega del otro lado del Atlántico, que se familiariza con las drogas y que normaliza el sexo. En definitiva, somos testigos a través de sus páginas de una sociedad que luchaba a marchas forzadas por dejar atrás el empobrecimiento y la ignorancia, pero anclada también en el pasado reciente por numerosas contradicciones.

La pequeña localidad gaditana de Rota, condicionada por la presencia permanente en sus inmediaciones de la base militar norteamericana, sirve de escaparate a las correrías de este joven buscavidas cuya vida transcurre sin rumbo fijo, dando bandazos junto a sus compañeros de viaje en un trayecto cuajado de baches al que se asoman personajes tan pintorescos como reales. De la mano del protagonista y de sus denodados esfuerzos por sobrevivir disfrutamos de una historia reconocible y más cercana de lo que pueda parecer.

Inicia sesión para enviar comentarios