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Durante unas horas, la capital burgalesa acogió un acto institucional académico de los que están llamados a perdurar en la memora colectiva de una ciudad. El escritor peruano Mario Vargas Llosa, y el periodista Iñaki Gabilondo, dos de las figuras más representativas de la literatura y el periodismo contemporáneos, eran homenajeados el 20 de octubre por la Universidad de Burgos en un acto en el que ambos eran nombrados doctores ‘Honoris Causa’, un reconocimiento académico reservado a los más grandes y que, sin ningún atisbo de duda, está perfectamente justificado en ambos casos ya que suman méritos más que sobrados en sendas carreras cargadas de éxitos y reconocimientos profesionales.

Un honor compartido por dos de las voces más reconocibles de la cultura, que más han hecho en los campos de la literatura y el periodismo, dos géneros más cercanos de lo que parece y que en muchas ocasiones incluso confluyen de forma contundente. Especial acierto tuvo el maestro de ceremonias, el rector Manuel Pérez Mateos, cuando en el acto de investidura como nuevos miembros del claustro se refirió a ambos como “buscadores de la verdad”.   

El escritor Mario Vargas Llosa, peruano de Arequipa, premio Nobel, autor de títulos míticos que forman parte de la historia de la literatura universal con mayúscula, popular y reconocible, defendió en su intervención en el Aula Magna de la Universidad de Burgos la vigencia de la literatura, por considerar que constituye un instrumento fundamental de sociedades que quieren continuar siendo democráticas. No faltaron en sus palabras los elogios a la institución universitaria por lo que representa de refugio literario, dejando claro que esta institución fue para él un lugar cálido y estimulante a la hora de fomentar su vocación literaria.

El claustro de la Universidad de Burgos cuenta también con la flamante incorporación del periodista donostiarra Iñaki Gabilondo, uno de los comunicadores que más huella han dejado en los últimos años tanto en los medios de comunicación como en la propia sociedad, sin el que sería difícil comprender la democracia tal y como lo conocemos. Durante cuatro décadas, ha volcado su conocimiento y su saber hacer en medios públicos y privados con un trabajo que es sinónimo de honestidad y compromiso profesional en busca de la verdad.  

Su intervención institucional estuvo plagada de grandes verdades –a veces incómodas- del periodismo actual, que sigue un camino complejo y difícil marcado en muchas ocasiones por la escasez de recursos de las empresas periodísticas a la hora de hacer frente y de garantizar la calidad de la comunicación. No olvidó tampoco comentar los profundos cambios a los que se encamina la sociedad, donde la velocidad ‘supersónica’ parece dirigir cualquier tipo de acción. Un espacio donde la banalización parece ir acompañada de la trivialización, y donde la sociedad parece convertida en un espectáculo. En definitiva, la Universidad de Burgos ha hecho justicia con dos maestros en sus respectivos campos.   

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