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Saber que Burgos, tierra de los orígenes del español, es el escenario donde se está gestando el nuevo Diccionario de la Lengua Española en el que trabaja la Real Academia de la Lengua (RAE), resulta un motivo de orgullo y de satisfacción. De orgullo, porque un proyecto de estas características sienta las bases de un proyecto que goza de salud de hierro, como demuestra el hecho objetivo de llevar ya 23 ediciones y de haberse convertido en una referencia mundial de primer orden a la hora de establecer la norma a seguir de 500 millones de hispanohablantes. Y de satisfacción, porque una institución como la RAE, con tres siglos de trabajo continuado y constante enfocado a la defensa de la lengua española, haya pensado en una entidad como el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, joven pero con prestigio probado, para acoger una reunión de estas características.


Las cifras que maneja la RAE son de auténtico mareo. El director de la Real Academia de la Lengua presentó el germen de este diccionario en el Palacio de la Isla de Burgos, arropado por sus compañeros de la denominada ‘Comisión Interacadémica del Diccionario de la Lengua Española’, representantes de las Academias de la Lengua de las distintas áreas lingüísticas correspondientes a las áreas geográficas donde se habla la lengua de Cervantes. Darío Villanueva enfatizó en un encuentro con los periodistas cifras que llevan a la reflexión; solo en 2016, el Diccionario de la RAE había contabilizado 801 millones de consultas en la red, lo que supone de media 70 millones de búsquedas mensuales y más de dos millones diarias. En fin, que no creo que exista ningún otro producto cultural en el mundo que goce en estos momentos de semejante buena salud.


Quizás, lo más sobresaliente que define a este proyecto son sus características y la forma con la que se concibe. Por primera vez, la RAE aborda el diccionario con la intención de ser completamente digital, sin estar sujeto a las limitaciones de espacio físico, circunstancia que se traduce en una mayor agilidad y en la ventaja añadida que representa una actualización permanente del léxico. Cambia el concepto desde la base, y en lugar de ser redactado para ser impreso y digitalizado después, se opta por el camino inverso. Sin embargo, tampoco la Real Academia de la Lengua descarta que se pueda imprimir después y llegar al público en papel.


La segunda característica que tendrá es su profundo carácter panhispánico. Tanto la RAE como las distintas Academias de la Lengua son plenamente conscientes de que el español es una lengua viva, en permanente evolución, que se habla en todo el mundo, y que aporta numerosos matices que la enriquecen; en definitiva, sabe que es una lengua abierta y cosmopolita. Una razón para que se creara esta comisión Interacadémica, encargada de sentar las bases de una obra revolucionaria, gestando la planta de este nuevo trabajo, la estructura y planteamientos lexicográficos básicos. No ocultan que el nuevo diccionario recuperará palabras perdidas en el limbo y otras muchas sin restricción alguna.


La RAE, con lógica actitud de prudencia, ha preferido no poner fechas a un proyecto que no se sabe cuándo puede estar acabado pero que representa, en cualquier caso, un cambio revolucionario respecto a la forma de trabajar respecto a tres siglos anteriores.


Igualmente interesante resultó la aportación que puso sobre la mesa Francisco Javier Pérez, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), para entender este proyecto, y que afecta a la denominación propia de la obra: deja de ser el diccionario de la RAE (DRAE) para ser el Diccionario de la lengua española (DLE). Un cambio profundo, que va mucho más allá del baile de siglas. Y me quedo también con el trasfondo de sus palabras: “Es una obra que busca reflejar la variedad y riqueza de la lengua que hablamos, en la que no hay hegemonías sino relaciones y acuerdos». Mientras tanto, hasta que este nuevo DLE sea una realidad, la RAE anuncia que actualizará en la red la versión actual – vigesimotercera- desde el próximo mes de diciembre.


La Junta de Castilla y León, consciente de la importancia que tiene la lengua española, convertida en prioridad en su política cultural, apoya de manera firme este proyecto. En definitiva, un retorno a la tierra de los orígenes de la lengua española que sirve para dar la bienvenida y plantar las raíces del que será el diccionario que emplearán los ‘nativos digitales’.

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