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Llegaba a mis manos hace unos días ‘La sirena de Gibraltar’, segunda novela del escritor burgalés Leandro Pérez, que aterrizaba en enero en las librerías españolas, avalada por el éxito incontestable y todavía reciente de ‘Las cuatro torres’, el primer trabajo literario de este joven autor, que encontró de forma inmediata el apoyo incondicional de escritores consagrados que creyeron en las cualidades literarias de este narrador y en la calidad de un trabajo que todavía tiene mucho por ofrecer.


‘La sirena de Gibraltar’ recupera al mismo protagonista que en la anterior obra, Juan Torca, y le envuelve desde la primera página en una enrevesada trama que avanza a ritmo trepidante en un viaje que lleva al protagonista a pisar distintos escenarios urbanos fácilmente reconocibles. Un viaje plagado de personajes memorables que incluye sorpresas y que plantea grandes dosis de acción servidas y aderezadas con ingredientes que la hacen muy apetecibles. La novela además encontrará también la complicidad inmediata de los lectores burgaleses, ya que el autor desliza con eficacia a lo largo de sus páginas referencias actuales perfectamente reconocibles, que sirven para contextualizar al personaje y a la acción. Son varias las alusiones que emplea Pérez en su relato, que en ningún caso perturban la acción final. Al contrario, enriquecen la novela.


Quizás el mayor acierto del escritor pasa por su capacidad de haber creado a un personaje creíble, a un hombre con un pasado singular que permite también llegar a entenderle. El periodista y escritor burgalés ha tenido el mérito de crear a uno de esos antihéroes a los que nos tiene acostumbrados el cine y la literatura, capaz de dejar una profunda huella en el lector, al que imagino ávido por conocer las próximas peripecias de este burgalés errante de alma universal.


Durante la lectura de esta novela me venían a la memoria algunos de esos personajes memorables a los que nos tiene bien acostumbrados la novela negra de los últimos años como son el ya famoso inspector de policía sueco Kurt Wallander, al que le han puesto ya cara distintos actores; el inspector de la Policía griega Kostas Jaritos, familiar también para muchos y de pasado ligeramente turbio, o el guardia civil Bevilacqua, que junto a la agente Chamorro, gozan del favor del público español desde hace años, y que se han convertido en los personajes fetiches del madrileño Lorenzo Silva, uno de los autores más renombrados del panorama literario español y uno de los maestros del género negro en España.


Es cierto que Torca todavía no es tan conocido como ellos, ya que con solo dos novelas resulta difícil hacerse ese hueco que tarda muchas veces años enteros en concretarse. Sin embargo, estamos ante un personaje que tiene hechuras suficientes para conseguir que los lectores le conozcan en breve, ya que es carne de televisión o cine. Juan Torca es un tipo duro, con una vida difícil y compleja, en ocasiones turbia; con un pasado lleno de claroscuros del que se adivinan algunos rasgos definitorios. Se mueve con comodidad en la estrecha frontera de la legalidad y conoce bien el lado oscuro. Un maduro interesante que puede resultar atractivo para mujeres de todas las edades pero que como suele suceder siempre, tiene su propio talón de Aquiles que le sirve de contrapunto: Rodrigo, su hijo. Un policía con principios con quien resulta inevitable el choque. Escritores españoles reconocidos, con prestigio, líderes en ventas y conocedores de los mecanismos del género negro han caído rendidos ante Torca. Juan Gómez Jurado, Arturo Pérez Reverte, Lorenzo Silva, los reyes del género negro en España y máquinas de crear ‘best sellers’ nacionales, han bendecido la obra del burgalés. En cualquier caso, estamos ante una propuesta ágil y novedosa que se disfruta página a página.

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