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De nuevo, regreso a la lectura de la última novela de un joven escritor, Use Lahoz, autor que se prodiga poco en la esfera pública pero que sin duda resulta un perfecto conocido de todos aquellos lectores que disfrutan con la lectura de un buen libro. ‘Los buenos amigos’ (Destino) representa un regreso a sus referentes habituales, y al mismo tiempo se presenta como una obra llena de espléndida madurez. Descubrí a este autor en 2009 con su aclamada novela ‘Los Baldrich’, historia de una saga familiar catalana a través de la que conocíamos la posguerra española y las décadas posteriores marcadas por cambios y transformaciones. Historia de personajes que dejan huella, excelentemente escrita.

Dos años después, volvió a sorprenderme con ‘La estación perdida’, historia de perdedores que tiene mucho de comedia humana. De nuevo, Barcelona como epicentro de esta historia que entremezcla emigración y aventuras, con un personaje central tan tierno como entrañable, Santiago Lansac, que conduce al lector por un periplo laberíntico rodeado de personajes atormentados y no siempre tan decentes como parecen.

Confieso que no tuve la oportunidad de leer su siguiente libro ‘El año en que me enamoré de todas’ (Espasa), Premio Primavera de Novela 2013, elogiado también por público y crítica, aunque he podido ahora ‘compensarlo’ después de reencontrarme con su estilo habitual en ‘Los buenos amigos’, obra de madurez sazonada con toques dramáticos y sentimentalistas, en la que nos acerca también a la historia de la segunda mitad del siglo XX en España a través de una historia turbia y compleja.

Una historia en la que, como refleja el título, se habla de amistad; de esas amistades que se fraguan en la niñez. Asistimos a la infancia ingrata de un niño, nacido en Aragón, que pronto se queda huérfano y tiene que criarse en un orfanato en Barcelona, lugar donde descubre la vida poco a poco, los sinsabores, un mundo a veces ingrato y al que se ve obligado a enfrentarse casi en solitario y a la deriva. Sixto Baladia descubre la vida a trompicones, ayudado por una familia lejana y casi desconocida que intenta encaminarle por la vida, cuya hermana pequeña, a la que apenas recuerda, se convierte en una sombra a veces incómoda.

Su amistad inquebrantable forjada en el orfanato con otro compañero, Vicente Cástaras, niño poco mayor que él, carismático, protector, con madera de líder y embaucador, es uno de los hilos de esta novela de descubrimiento. Descubrimiento de la propia vida, del amor, del sexo, de la soledad, de la amistad, del trabajo, de la traición y también de la deslealtad y el engaño. Página a página acompañamos a Sixto en su día a día, un carrusel en el que podemos ver su descubrimiento vital, crudo y doloroso en ocasiones, y a veces lleno de simpatía y ternura. Y también una historia de madurez. Use Lahoz demuestra de nuevo que con cada nuevo libro va ganando lectores, madurando su trabajo y dibujando personajes que perduran en la memoria.

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