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   Hace unos pocos días tuve la oportunidad de conocer y conversar un par de horas con el prestigioso hispanista de origen irlandés Ian Gibson, biógrafo y escritor que lleva seis décadas de residencia continuada en España, país al que lleva en el corazón y del que es ciudadano de pleno derecho desde 1984, cuando obtuvo la nacionalidad española. A sus 78 años, mantiene intacta su imagen de intelectual despistado alejado de cualquier tipo de formalismo y que huye de las etiquetas. Hablando con él cuesta creer que su relación con España arrancase hace ya 60 años; su marcado acento y su manera de hablar delatan que el inglés es su lengua materna, y escuchándole no resulta sencillo creer que lleve tanto tiempo afincado aquí, viviendo y escribiendo en español. ¡Parece como si acabara de aprender las primeras nociones del idioma! Y nada más lejos de la realidad; se maneja, lo entiende y lo escribe perfectamente.            

   No tiene pelos en la lengua, dice lo que piensa –“para eso soy español, vivo aquí y pago aquí mis impuestos; no soy de esos hispanistas que viene de forma esporádica a estudiar un tema y regresa a su país”, argumenta- y muestra, sin proponérselo, sus enciclopédicos conocimientos de la historia, la cultura y la literatura en lengua española. Su exhaustiva investigación sobre Federico García Lorca, autor al que ha dedicado décadas de estudio, hicieron de él una autoridad mundial en la obra y la vida (y la muerte) del poeta granadino. Una ‘obsesión’ que arrancó en su juventud, cuando cayó en sus manos el ‘Romancero Gitano’, sin siquiera conocer el idioma; una pasión que le trajo a España a preparar su tesis doctoral y que se tradujo en años de trabajo, en miles de entrevistas y en una investigación que se prolongó durante mucho más tiempo del que él había calculado.

   El trabajo de biógrafo de Gibson resulta complejo y extenso. En su obra literaria, destacan también las biografías que ha dedicado a otros personajes españoles que forman parte ya de la cultura universal, muchos de ellos vinculados de un modo u otro a García Lorca. Es el caso del pintor Salvador Dalí, al que dedicó varios libros; al cineasta Luis Buñuel, al poeta sevillano Antonio Machado, a Miguel Hernández, a Juan Ramón Jiménez, al nicaragüense Rubén Darío y al Nobel Camilo José Cela… No oculta que los vínculos personales que había entre muchos de ellos facilitaban ese trabajo. Menos conocida es su faceta de novelista, aunque no oculta tampoco que es uno de sus géneros preferidos y que está trabajando en una nueva obra que verá la luz dentro de poco tiempo.                  

   Coincido con Gibson a finales de julio en El Burgo de Osma, pequeño municipio soriano que bulle de actividad y de vida gracias a sus cursos de verano, a los turistas que se acercan cada años por estas fechas a conocer los encantos de esta villa, y a un mercado medieval que se ha convertido en un fijo de la agenda de esta pequeña localidad de poco más de 5.000 habitantes. En ese mismo viaje, el hispanista ha tenido la oportunidad de cumplir uno de sus sueños: conocer los yacimientos arqueológicos de Tiermes, circunstancia de la que hace partícipe a un público entregado que quiere saber más de su trabajo, de su pasión por García Lorca, por Antonio Machado y por Rubén Darío. En su último libro, ‘Aventuras ibéricas’, plantea un recorrido fascinante, una mezcla irreverente en el que expone buena parte de su experiencia española. Queda en estas páginas patente su pasión por el Quijote y por Cervantes, por el Museo Arqueológico Nacional, por la forma de ser de los españoles, por su cultura y por un país que ama y por el que en ocasiones reconoce también sentir rabia, al entender que le falta organización.

   “España es como Irlanda, somos celtas, solo que allí llueve bastante más”, bromea Gibson, que se ha ganado el respeto por su trabajo y cuyas opiniones resultan siempre interesantes de escuchar. Resulta accesible al público, que en muchas ocasiones le reconoce y le pide autógrafos o fotos. Sin ser especialmente ‘famoso’, sabe conectar con la gente. Solo hay que ver cómo piensa y medita cada dedicatoria a los lectores para comprender por qué ha llegado tan lejos.

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