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Escritor, médico rural, escultor… José Antonio Abella, autor burgalés afincado en Segovia desde hace muchos años, ha compaginado con maestría estas actividades –y alguna otra, como la de editor- durante muchos años. Llega al Teatro Liceo de Salamanca a hablar de su trabajo literario, invitado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua en el ciclo de entrevistas ‘Diálogo de la Lengua’, encuentro que permite un contacto directo del escritor con el público, que tiene la oportunidad de acercarse a su obra literaria y conocer algo más de él.

Desde hace poco más de un año, Abella se dedica de forma exclusiva a su gran pasión: la creación literaria. Decidió aparcar de forma definitiva su trabajo de médico rural en Segovia para dedicarse a escribir, labor en la que lleva en realidad inmerso más de un cuarto de siglo, desde que en 1992 publicara su primera novela ‘Yuda’, historia de enraizamiento y desarraigo en el que el tema de la memoria, recurrente siempre en su obra, aflora por vez primera.

Llega a la capital salmantina con su última novela ‘El hombre pez’ (Ediciones Valnera) bajo el brazo, una incursión en el género de la literatura picaresca, en la que recupera una fascinante historia ambientada en el siglo XVII que tiene como protagonista a un personaje real, el joven cántabro Francisco de la Vega Casar. Natural de la villa de Liérganes, el protagonista, excelente nadador, aprendía en Bilbao el oficio de carpintero cuando se lanzó a la ría de Nervión, se dejó arrastrar al mar sin que no se supiera nada de él, para aparecer cinco años después nadando en alta mar entre peces en aguas de la bahía de Cádiz... Esta historia singular, que el padre Benito Jerónimo Feijoo ya recoge en su Teatro Crítico Universal, da pie a Abella para novelar estos hechos, sin entender cómo nadie antes se había fijado en esta historia.

Sin embargo, en su trayectoria un título sobresale respecto a los demás, como él mismo reconoce ante el público salmantino. Su novela ‘La sonrisa robada’, editada en 2013 y galardonada en 2014 con el ‘Premio de la Crítica de Castilla y León’, le llevó varios años de trabajo e investigación. Hasta tres viajes realizó el autor a Flensburg (Alemania) para seguir el rastro y completar la historia de la familia Lambrecht. Una historia que surge de la pasión amorosa epistolar nacida entre el poeta español José Fernández Arroyo y la joven alemana Edelgard Lambrecht, enferma, perteneciente a las juventudes hitlerianas e hija de un oficial nazi, un piloto de la Luftwaffe condecorado por Hitler… Años de investigación, de pesquisas, de búsqueda de datos para completar la historia de esta familia y acercarse también una historia menos conocida, como fue el sometimiento que millones de alemanes sufrieron al finalizar la II Guerra Mundial.

Pero la novela no es el único género transitado. Su pasión reconocida por el relato corto le llevó también a ganar uno de los concursos más prestigiosos que existían. Su trabajo ‘El fin de las palabras’ le puso en bandeja en 2009 el premio ‘Hucha de Oro’, dotado con 30.000 euros, aportados por la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas). Sin querer caer en la vanidad, reconoce que su texto se impuso entre los 4.800 presentados, en un jurado integrado por ‘pesos pesados’ de las letras españolas como Luis Mateo Díez,  José María Merino, Luis Landero y Manuel Longares.

Con un nuevo libro de relatos de inminente aparición, Abella es también consciente de que el hecho de haber publicado en pequeñas editoriales provinciales le ha apartado en buena medida de un público lector más amplio. Reconoce que haber obtenido el ‘Premio de la Crítica’ le supuso hacerse un nombre en las letras de Castilla y León y se muestra francamente satisfecho de un proyecto que abanderó en Segovia, la tertulia de los martes. Durante casi tres décadas, la casa de Antonio Machado en Segovia se convirtió en lugar de peregrinaje de poetas, narradores dramaturgos y pensadores. José Hierro Francisco Pino, Miguel Delibes, José Luis mateo, Antonio Muñoz Molina, Albert Boadella, Alonso de Santos, Fernando Savater y cientos de nombres más dijeron sí a la llamada de este autor, que todavía tiene un largo recorrido literario por delante.

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