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‘El Becerro Gótico de Cardeña. El primer gran cartulario hispánico (1086)’, título que acaba de llegar a las librerías hace unas pocas semanas, permite acercarse a una realidad desconocida, fascinante y que abre las puertas tanto a especialistas como al público en general sobre un documento que resulta fundamental a la hora de comprender el lento camino de la evolución de la lengua y también para entender la propia historia española y castellana. El trabajo titánico llevado a cabo por los promotores del estudio, los profesores de la Universidad de Burgos José Antonio Fernández Flórez y Sonia Serna, ha visto finalmente la luz, con el respaldo del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, la Real Academia Española (RAE), la Junta de Castilla y León y la Diputación de Burgos. Todas estas instituciones confiaron desde el primer momento en una investigación de esta naturaleza, necesaria e imprescindible para seguir avanzando en la investigación sobre los orígenes del español. De hecho, la propia puesta de largo de esta publicación, que reunió a todos los impulsores del proyecto en el Palacio de la Isla de la capital burgalesa, evidenció el paso de gigante que se daba con este nuevo estudio. La respuesta que los medios de comunicación dieron a la difusión de la publicación fue proporcional al alcance y su importancia objetiva. Quizás es importante para los profanos poner sobre la mesa de qué estamos hablando. Como recalcan los autores del estudio, el Becerro Gótico de Cardeña constituye una de las obras de referencia del monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña, cenobio que data de 899 y que desde sus orígenes tuvo el mérito de convertirse en uno de los más tempranos e importantes del Occidente peninsular, y especialmente en el ámbito de la cultura escrita. De su scriptorium salieron, a lo largo de los siglos X y XI, magníficos códices visigóticos y, uno de ellos, el cartulario, es el protagonista de este trabajo, presentado en un doble volumen. El Becerro es un códice diplomático donde se copiaron los documentos que se encontraban en el archivo del monasterio burgalés. Confeccionado en folios de pergamino, de gran formato, en una elegante y fina visigótica redonda entre finales del año 1085 y los inicios del 1086, el original se encuentra en la Biblioteca Francisco de Zabálburu de Madrid. El interés que despierta esta obra responde a varias razones. Primero, por su antigüedad, ya que se trata del primer gran cartulario hispánico que se conserva. Después, por el importante número de textos transcritos: en total está compuesto por 373 documentos, que están fechados entre 899 y 1085, y que constituyen por sí solos una fuente rica de información para entender el conocimiento de la historia, en general, y de la Castilla condal, en especial. En su lectura se pueden observar negocios jurídicos, como contratos de compraventa, permutas y donaciones, litigios y otros textos que describen y detallan también situaciones diarias de los pobladores del monasterio y de su propio entorno. Además, otro hecho objetivo que marca la diferencia respecto a otros cartularios es el número de documentos contenidos, muy superior al de otros de la época; con 232 documentos fechados entre los inicios del condado de Castilla y el final de esa época, en el año 1037. Dicen también los autores que el ‘Becerro de Cardeña’ constituye también una importante fuente filológica, pues la lengua latina de sus documentos está fuertemente impregnada por el castellano naciente, que es perceptible cómo va aflorando. Además, sus textos son el único testimonio documental que queda del cenobio, pues si bien en el siglo XVIII su archivo acogía más de mil pergaminos, en la actualidad ni un solo original se nos ha conservado. Por todos estos motivos, resulta palpable que estamos ante un documento único a la hora de situar y comprender su relevancia. Un trabajo, sin duda, que perdurará en el tiempo y que supone un paso de gigante a la hora de entender la evolución de la lengua española desde sus orígenes.

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