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La tradición oral tiene en Salamanca un importante caldo de cultivo. En distintas ocasiones he tenido la oportunidad de comprobar que la búsqueda y recuperación de pequeñas historias transmitidas a lo largo del tiempo muchas veces de padres a hijos posee casi siempre un atractivo especial, una razón intangible que nos lleva a pensar que aquellas historias que oíamos de niños y considerábamos cuentos o leyendas son más ciertas de lo que creímos en aquel momento, cuentan con un poso de realidad no muy alejado de la superficie.  ¿Qué hay de verdad en aquella pequeña historia ambientada en un pequeño pueblo de montaña donde habitaban personajes extraños, que muchas noches de frío invierno nos contaba nuestro abuelo en una cocina en penumbra…; una historia que previamente a él le había transmitido  su abuelo muchos años atrás y así sucesivamente en una cadena que se prolongaba en el tiempo y cuyo eslabón inicial resulta difícil de localizar?

Pues cierto es que la tradición oral resulta un arte complejo, al que muchos autores deciden dedicarse en cuerpo y alma, consagrando sus conocimientos e implicándose de forma decidida para sacar a la luz de las tinieblas de la memoria historias que muchas veces corren el riesgo de caer en el olvido más absoluto. Es el caso de la escritora Ana Cristina Herreros -Ana Griott para los lectores, denominación que alude al nombre común que reciben los narradores del centro-oeste de África’- que recientemente dejó al público salmantino con la boca abierta, en una reciente intervención del cada vez más popular ciclo ‘Leyendas de Tradición oral’ que el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua programa desde hace años en la capital salmantina, con el apoyo decidido del Ayuntamiento salmantino.

Y la realidad es que, al igual que en este caso, los invitados que han desfilado durante los años anteriores por este cita con el mundo de la tradición oral han gozado del favor del público. Es el caso de los etnógrafos Joaquín Díaz o José Luis Puerto, cuyas respectivas intervenciones consiguieron también que  un importante número de personas interesadas en el apasionante mundo de la tradición oral se dieran una vuelta por el céntrico Teatro Liceo para soñar, conocer y recordar viejas historias que pensaban olvidadas.

Leonesa de nacimiento, Ana Cristina Herreros se dedica desde hace un cuarto de siglo a la narración oral, área a la que llegó por casualidad cuando preparaba su tesis doctoral sobre la ‘literatura de los que ni escriben ni leen’. Fue entonces cuando dio el paso y decidió iniciarse en la narración de cuentos para centrarse posteriormente en su escritura. Ha plasmado su conocimiento en distintos libros, compaginando la creación literaria con el trabajo editorial en Ediciones Siruela, para después hacerlo con su propio sello editorial ‘Libros de las Malas compañías’. Su trabajo de editora lo compagina con su oficio de narradora en bibliotecas, teatros, cafés, cárceles, escuelas o parques públicos desde 1992.

Es curioso escucharla cuando dice que el descubrimiento de la narración oral constituyó el hallazgo de un tesoro preparando su tesis, investigación en la que profundizaba en cómo los poetas de la generación del 98 y 27 entran en contacto con el pueblo, ‘los que callan, los que no saben leer, y comienzan a componer versos con metros y temas populares’.

Y como el tema era la oralidad, la escritora leonesa se encontró con una narradora colombiana y un narrador costarricense que solo con su palabra eran capaces de mantener la atención de doscientos españoles durante más de una hora. Aquello le pareció tan prodigioso que se decidió a formarse en narración escénica y expresión corporal, en clown y en técnicas vocales. Y ese fue el comienzo de una carrera que sigue su curso y que ha sabido plasmar en distintos libros como ‘Cuentos populares del Mediterráneo’, ‘Libro de monstruos españoles’, ‘Libro de brujas españolas’, ‘La asombrosa y verdadera historia de un ratón llamado Pérez’, ‘Geografía mágica’ y ‘Cuentos populares de la Madre Muerte’, todos publicados en Ediciones Siruela.

Parte de la obra de Ana Cristina Griott ha sido traducida al catalán y al francés, y ha visto reconocido su trabajo en dos ocasiones con el ‘Premio Nacional del Ministerio de Cultura al Libro Mejor Editado’; en 2011 por ‘Geografía mágica’, y en 2009 por su ‘Libro de Monstruos españoles’. Su paso por docenas de festivales de todo el mundo se complementa con premios que se suceden en un currículum que no para de crecer. La tradición oral nunca desaparecerá.

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