¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto

wrapper



Nos acaba de decir adiós para siempre José María Íñigo, uno de los periodistas más populares y queridos de España. Se van con él seis décadas de dedicación profesional delante de los micrófonos y las cámaras, dejando atrás una imagen que ha trascendido generaciones y que pertenece por derecho propio a la memoria colectiva de millones de españoles desde hace medio siglo. Su legado profesional pertenece ya a la historia del periodismo, especialmente en las áreas de la música y el entretenimiento, donde demostró su carácter innovador y su inagotable capacidad de trabajo desde sus inicios profesionales en Bilbao, siendo casi un niño.   

Hace cinco años tuve la oportunidad de conocerle personalmente, cuando le invité a participar en el ‘Diálogo de la Lengua’, un ciclo de entrevistas con periodistas y escritores que el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua organiza con distintas instituciones y que periódicamente se programa en distintos municipios de Castilla y León. Sin conocernos en persona, le envié información sobre la actividad y solo 48 horas después me confirmó su presencia. Tan fácil como difícil de creer, cuando piensas que estás ante un icono de la comunicación nacional. Sería ésta la primera de una larga serie de colaboraciones que me permitieron acercarme a él y conocerle un poco mejor. 

Tampoco dudó cuando unas pocas semanas de ese primer encuentro volví a requerir de su presencia para hablar de periodismo y comunicación en el Museo Adolfo Suárez y la Transición de Cebreros, o cuando le pedí que fuese a hablar de su gran pasión, la música, en unas jornadas celebradas en Aranda de Duero, donde se hacía también hincapié en el vínculo que la música guarda con el vino… No se lo pensó cuando hace un par de años le invitamos a participar en Burgos en la conmemoración local del ‘Día Mundial de la Radio’, una iniciativa que contaba con el respaldo de la Universidad de Burgos y el apoyo técnico de RNE, donde habló de su experiencia y su trabajo, junto al periodista Ángel Carmona.    

Coincidí con él por última vez hace unos meses, cuando aceptó acudir a Valencia de Don Juan, en León, para hablar de periodismo, de radio, de cine y de libros. Porque también escribía… Cerca de medio centenar de títulos, desde guías de viajes y títulos vinculados al turismo y la gastronomía, hasta una incursión en la novela histórica con ‘El códice secreto de Platón’… Un viaje que, precisamente, estuvo marcado por una simpática anécdota ya que mientras viajaba hacia allí desde Madrid se equivocó en el tren que debía llevarle primero a Salamanca y el viaje acabo siendo una auténtica peripecia, con varias paradas intermitentes, para conseguir llegar hasta su destino a tiempo de encontrarse con el público. Él mismo recordaba entre bromas al día siguiente en su intervención en el programa ‘No es un día cualquiera’ de Pepa Fernández, este accidentado viaje ante las bromas de sus compañeros de programa...   

Precisamente, en ese programa de RNE ha permanecido a lo largo de 18 temporadas consecutivas, asomándose puntualmente a los micrófonos cada fin de semana, viajando de una ciudad a otra, envolviendo al público con sus singulares historias gracias a su poderosa y personal voz, que parecía ajena al paso del tiempo. Era una fuente inagotable de anécdotas, comprensible cuando se ha vivido tanto y tan intensamente. No sabía que se encontraba enfermo y, como muchos oyentes, me quedé impactado con la triste noticia de su inesperada muerte. Desde estas líneas, simplemente quiero tener un recuerdo para un comunicador único y excepcional, que deja un legado increíble. Y por supuesto, un abrazo para su mujer y sus hijos en un momento tan difícil. 

Inicia sesión para enviar comentarios