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Novelista y profesor de literatura, el asturiano Rafael Reig ha publicado recientemente ‘Para morir iguales’ (Tusquets), novela que representa una vuelta a los años 70 desde la perspectiva  de un joven interno, Pedro Ochoa, recluido durante sus primeros años en un hospicio regido por monjas, que vive, junto a sus compañeros, una niñez marcada por penurias y privaciones, de la que tiene la oportunidad de salir con la idea puesta en hacerse rico. Desde su internamiento, apenas es consciente de los cambios que están transformando el mundo exterior y de la profunda transformación que está experimentando el país.

Reig realiza un retrato de una época, escrito con destreza y paso firme, un relato melancólico que contagia al lector su azarosa historia personal marcada por la necesidad de superviviencia. El lector puede conocer a sus amigos de infancia, sus primeros amores, la rigidez del sistema educativo, la forma de proceder y actuar de las monjas de la Safa con las que convive… Su vida conseguirá dar un giro cuando se presenta la opción de ir a vivir a casa de sus abuelos y empieza el bachillerato en la escuela a la que asisten los hijos de las familias importantes del final del franquismo

La novela refleja momentos también de gran tensión que comparte el lector y que nos conduce a su madurez, siendo testigos de su deseo de estudiar derecho y viendo como la suerte se lo pone de frente y consigue hacer realidad su deseo de enriquecerse y dejar atrás la  penuria en la que parecía destinado a quedarse para siempre. Se subirá con paso firme a esa ola de crecimiento económico desaforado que sacude el país hasta que un inesperado suceso que le implica indirectamente y que le conecta con el pasado está a punto de trastocar su privilegiado estatus social y económico.

Aquellos lectores que estén rondando el medio siglo, seguramente se sientan especialmente  identificados con los personajes y las situaciones, a menudo desternillantes, que refleja esta novela. Una época de cambios sociales, de carencias y privaciones, pero también de esperanza en el futuro. Los amigos de la infancia también le acompañarán en este viaje vital, a pesar del paso del tiempo y de las circunstancias, consciente el protagonista de que ellos no tendrán su suerte ni tampoco sus oportunidades. Una novela, en cualquier caso, repleta de humor, ternura y sarcasmo que se lee con gusto, pese a sus momentos amargos.

Resulta difícil no sonreír con las apariciones que la virgen tiene en varios momentos del relato ante el protagonista y los mensajes que le lanza. Igualmente sencillo resulta acompañar a Pedro Ochoa en su historia personal, que puede ser también la de cualquiera de nosotros, no demasiado honestos, ni buenos pero que, sin duda, recordamos la infancia como un territorio de la verdad en la que conseguimos instalarnos y hacernos fuertes.

Después de haber leído la estupenda ‘La cadena trófica’, un repaso genial y singular a la literatura del siglo XX a través de una familia literaria, los Belinchón, que llega tarde a todas las corrientes literarias, Reig sorprende de nuevo a sus lectores con una historia vinculada a la Transición, aliñada con una trama policial mínima pero necesaria que da coherencia al relato. Curiosamente, ese momento político y social queda en segundo plano para dar valor y protagonismo a la historia de los jóvenes protagonistas. Con estos mimbres consigue levantar una novela que en cualquier caso dejará al lector satisfecho. La denuncia social y el género negro que han acompañado otros textos de la narrativa de Reig también se asoman a las páginas de esta nueva novela, que supone un paso más en su reconocimiento como autor indispensable de la narrativa española actual.            

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