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Elementos filtrados por fecha: Octubre 2016

La Junta de Castilla y León, con la colaboración de la Biblioteca Pública de Burgos, organiza un Club de Lectura en “Lengua Inglesa”.

Book Club se trata de un club de lectura en inglés. Para asistir es necesario tener un nivel intermedio de este idioma. De esta formase podrá disfrutar y aprovechar al máximo. El club dará a todos sus participantes la oportunidad de practicar la lectura y la conversación eninglés, así como conocer mejor su historia y su cultura. Este Book Club supone, al fin y al cabo, una forma nueva y única de disfrutar del idioma y de la lectura.

El grupo, que será guiado por Sofía Ringressi, estará formado por 10 personas, lo que aportará un ambiente familiar y relajado.

 

Noviembre 2016: 4

Diciembre 2016: 2

Febrero 2017: 3

Marzo 2017: 3

Abril 2017: 7

Mayo 2017: 17

Biblioteca Pública de Burgos

Plaza San Juan, s/n - C.P.: 09004 - Burgos (Burgos)

Hora de inicio: 19:30 h.

Colectivo destinatario: Adultos.

Precio: Gratuito.

 

Durante unas horas, la capital burgalesa acogió un acto institucional académico de los que están llamados a perdurar en la memora colectiva de una ciudad. El escritor peruano Mario Vargas Llosa, y el periodista Iñaki Gabilondo, dos de las figuras más representativas de la literatura y el periodismo contemporáneos, eran homenajeados el 20 de octubre por la Universidad de Burgos en un acto en el que ambos eran nombrados doctores ‘Honoris Causa’, un reconocimiento académico reservado a los más grandes y que, sin ningún atisbo de duda, está perfectamente justificado en ambos casos ya que suman méritos más que sobrados en sendas carreras cargadas de éxitos y reconocimientos profesionales.

Un honor compartido por dos de las voces más reconocibles de la cultura, que más han hecho en los campos de la literatura y el periodismo, dos géneros más cercanos de lo que parece y que en muchas ocasiones incluso confluyen de forma contundente. Especial acierto tuvo el maestro de ceremonias, el rector Manuel Pérez Mateos, cuando en el acto de investidura como nuevos miembros del claustro se refirió a ambos como “buscadores de la verdad”.   

El escritor Mario Vargas Llosa, peruano de Arequipa, premio Nobel, autor de títulos míticos que forman parte de la historia de la literatura universal con mayúscula, popular y reconocible, defendió en su intervención en el Aula Magna de la Universidad de Burgos la vigencia de la literatura, por considerar que constituye un instrumento fundamental de sociedades que quieren continuar siendo democráticas. No faltaron en sus palabras los elogios a la institución universitaria por lo que representa de refugio literario, dejando claro que esta institución fue para él un lugar cálido y estimulante a la hora de fomentar su vocación literaria.

El claustro de la Universidad de Burgos cuenta también con la flamante incorporación del periodista donostiarra Iñaki Gabilondo, uno de los comunicadores que más huella han dejado en los últimos años tanto en los medios de comunicación como en la propia sociedad, sin el que sería difícil comprender la democracia tal y como lo conocemos. Durante cuatro décadas, ha volcado su conocimiento y su saber hacer en medios públicos y privados con un trabajo que es sinónimo de honestidad y compromiso profesional en busca de la verdad.  

Su intervención institucional estuvo plagada de grandes verdades –a veces incómodas- del periodismo actual, que sigue un camino complejo y difícil marcado en muchas ocasiones por la escasez de recursos de las empresas periodísticas a la hora de hacer frente y de garantizar la calidad de la comunicación. No olvidó tampoco comentar los profundos cambios a los que se encamina la sociedad, donde la velocidad ‘supersónica’ parece dirigir cualquier tipo de acción. Un espacio donde la banalización parece ir acompañada de la trivialización, y donde la sociedad parece convertida en un espectáculo. En definitiva, la Universidad de Burgos ha hecho justicia con dos maestros en sus respectivos campos.   

Lunes, 31 Octubre 2016 00:00

¡OH, NO! ¡MA TOPEYA!

En una pileta un gato ahogándose decía “¡miaaaago miaaaago!”. Mientras, su amigo el gallo que daba vueltas desesperado, decía “¡quiquirisquihaga, quiquirisquihaga…!”

La RAE define la onomatopeya como la “formación de una palabra por imitación del sonido de aquello que designa”. Ciertamente, estas formaciones pueden resultar altamente frecuentadas de manera casi inconsciente. Pero antes de esto, remontemos algunos años en el tiempo: encontramos la etimología de la palabra onomatopeya en la Antigua Grecia. El término deriva de onomatopeia, que significa “nombre imitativo”. A su vez, esta palabra está formada por onoma (nombre) y poiein (crear, imitar).

Resulta curioso observar que desde muy pequeños ya empezamos a emplearlas sin tener muy claro en qué consisten exactamente. ¿Quiénes nos las enseñan? Muy probablemente, podemos empezar por nuestros padres. Sin ir más lejos, hace poco iba con prisas por el Paseo de la Isla cuando escuché lo siguiente: “Mira, hijo: un guau, guau”. En efecto, con mucho cariño el papá le decía esto al pequeño señalando a un pastor alemán. Seguramente, en el momento no era consciente de que estaba empleando un recurso lingüístico que supone una considerable riqueza sonora y léxica en el castellano. Claro, uno cuando habla no analiza todo lo que dice.

Si especulamos un poquito, podremos descubrir que hay onomatopeyas en muchos idiomas diferentes. Cómo no, el español no iba a ser menos. De hecho, podemos presumir de una gran cantidad. De esta manera, nuestras onomatopeyas imitan sonidos de animales, instrumentos musicales, ruidos y voces humanas.

Pero, ¿nuestras onomatopeyas se parecen a las de otras lenguas? No todos entendemos y representamos los sonidos de la misma manera, pero sorprendentemente –o quizás, no tanto– sí tendemos a imitar el mismo tipo de sonidos. Es posible que nuestra capacidad auditiva esté limitada por las características de cada idioma. Precisamente por esto, si un japonés no puede pronunciar la sílaba “cro” y oye el croar de una rana, su cerebro buscará la opción más cercana haciendo uso de los sonidos disponibles que encuentre en su propia lengua.

Volviendo al castellano, concluyo dejando nada más y nada menos que 70 ejemplos de onomatopeyas a las que, seguramente, hemos recurrido alguna vez:

Ruidos artificiales: ¡Bang! ¡Bang! (disparos), ¡Biiiip! ¡Biiiip! (sonido de un móvil), ¡Boom! (explosión), ¡Boing! (rebotar), ¡Clic! (apretar el gatillo de un arma descargada), ¡Crac! (crujido), ¡Crash! (golpe), ¡Cronch! (crujido), ¡Chof! (líquido derramado), ¡Ding! ¡Dong! (campanas), ¡Pop! (pequeño estallido), ¡Plic! (gota de agua), Tic-tac, tic-tac (segundero del reloj), ¡Toc, toc! (llamar a la puerta), ¡Tolón! ¡Tolón! (cencerro), ¡Riiiing! (timbre), ¡Zas! (golpe).

Ruidos humanos: Cof, cof… (carraspeo de interrupción), ¡Achís! (estornudo), ¡Chissst! ¡Chsss! (pedir silencio), ¡Psst! (llamada), ¡Glup! (tragar un líquido), (¡hic!) (hipo de borracho, entre paréntesis), ¡Muac! (beso), ¡Paf! (bofetada), ¡Clap, clap, clap! ¡Plas, plas, plas! (aplausos), ¡Sigh! ¡ains! (suspiro), Sniff, sniff (olisquear), Tsk, tsk… (chasquear la lengua en símbolo de contrariedad), Zzz, zzz, zzz (sueño profundo).

Voces humanas: ¡Aghgggggh! (terror), ¡Ay! (dolor), ¡Bah! (desprecio), ¡Brrrr! (sensación de frío), ¡Buaaaa! (llorar), ¡Buuu! ¡Buuu! (abucheos), Hum… (duda), ¡Huy! (lamento), ¡jajaja! (risa fuerte), ¡jejeje! (risa astuta), ¡jijiji! (risa contenida), ¡jojojo! (risa socarrona), ¡Mmmm! (sabroso), ¡Ñam-ñam! (comer), ¡Uff! (alivio), ¡Yuuujuu! (alegría desbordante), ¡Puaf! ¡puaj! (asco).

Sonidos y voces de animales: ¡Auuuu! (aullar el lobo), ¡Bzzzz! (zumbar la abeja), ¡Beeee! (balar la oveja), ¡Croa-croa! (croar la rana), ¡Cruaaac-cruaaac! (croajar el cuervo), ¡Oink! (chillar el cerdo), ¡Fu! (bufar el gato), ¡Miau! (maullar el gato), ¡Hiiiic! (chillar la rata), ¡Beeee! (berrear el toro), ¡Quiquiriquí! (cacarear el gallo), ¡Clo-clo! (cloquear la gallina), ¡Cua-cua-cua! (graznar el pato), ¡Cri-cri! (cantar el grillo), ¡Guau! (ladrar el perro), ¡Glu-glú! (gluglutear el pavo), ¡Muuuu! (mugir la vaca), ¡Pío! (piar el pájaro), ¡Iii-aah! (rebuznar el burro), ¡Iiiiih! (relinchar el caballo), ¡Groar! ¡Grrrr! ¡Grgrgr! (rugir el león), ¡Ssssh! (silbar la serpiente), ¡Uh-uh! (ulular el búho).

Lunes, 31 Octubre 2016 00:00

Bob Dylan y el intrusismo profesional

¡¡¡Riiiiiiiiing, riiiiiiiiiiiiiiing, riiiiiiiing!!!

-       Oiga, ¿Es Bob Dylan? Que se ponga

Con todo esto del premio nobel de literatura a Bob Dylan han surgido voces reclamando lo que es suyo. Twitter, ese bar de borrachos para muchos y fuente de información para los menos, se ha inundado de memes y fotomontajes postulando premios a Paquirrín, Belén Esteban y Pikachu. Reconozco que tanto la decisión de otorgarle el premio nobel de literatura a alguien que solo ha publicado una obra: Tarántula (1971), como la colección de tuits al respecto son una genialidad.

No soy un acérrimo fan de Bob Dylan. Lo he visto una vez en concierto y las sensaciones que me provocó fueron las de que hubiese sido mejor no acudir a él. Es un tío un tanto huraño en directo (toca de perfil o espaldas al público, apenas interactúa, se reinventa sus propias canciones) pero está claro que es un icono contemporáneo.

No volvería a ir a un concierto suyo pero sigo escuchando y deleitándome en casa con muchos de sus discos y canciones. A lo que voy, la academia sueca ha optado por la opción de ser unos cachondos… y no me parece mal.

La opinión general que ha generado el fallo del premio, la del gremio de los escritores y la del propio Dylan es que no se merece el premio. Y está claro que no se lo merece. El cantautor es el menos interesado en recibir tal galardón. Se comenta que Dylan no les coge el teléfono. ¿Qué se pensaban? Que un tío que toca con gafas de sol y sombrero va a ir hasta Suecia y se va a tomar un chocolate con churros con los académicos y luego hacerse la foto…

Sin embargo, me gusta que le otorguen el premio. El tema de las artes es tan y tan complicado. A veces cuesta discernir donde entran las reglas y donde la libre interpretación. He leído todo tipo de comentarios ventajistas del estilo “Cristiano Ronaldo es un prodigio de la naturaleza porque salta 3 metros pero no le daría el premio nobel de ciencia”. No es lo mismo.

Hay un elevado grado de conservadurismo entre los profesionales de las artes. Un presentador no puede ser periodista, un periodista no puede conducir un concurso, un actor jamás podría escribir un libro y un cantante no podría dirigir en la vida una película…

Y está claro que muchos lo hacen y esto provoca recelos desde las diferentes profesiones. No es algo como un panadero celoso de que un fontanero haya hecho una tirada de pan del país con una pinta sensacional. Las artes tienen su intríngulis. Lo que nos lleva a la fantástica frase de Rachel Green de Friends ¿Y si todo el mundo te ha dicho que eres un zapato pero no quieres ser un zapato? ¿Y si quieres ser un bolso? ¿o un sombrero?

Es posible que Dylan no se “ajuste” a las normas del premio pero también es probable que sus letras, sus canciones, su particular poesía haya cambiado y expresado más que cualquier texto escrito. Dentro de todo este absurdo es más viable darle un premio nobel de literatura que un Grammy.

Si Cher tiene un premio Oscar, si Up ha sido nominada a mejor película siendo de animación (introduzca aquí su comentario ventajista) ¿Por qué no Dylan?

¿Y si los suecos ya no querían ser un zapato? ¿Y si querían ser un bolso? ¿O un sombrero? El de Dylan por ejemplo.

La Junta de Castilla y León, junto con el Ayuntamiento de Ponferrada y la asociación “Mi Retina me Engaña”, organizan de nuevo el Festival Internacional de Cine de Ponferrada.

Este año, como no podía ser de otra forma, vuelve a Ponferrada una nueva edición del Festival Internacional de Cine en el que se abordarán diversas temáticas. A través del séptimo arte tendremos la oportunidad de acercarnos a la realidad social, la toma de conciencia, la reflexión o el análisis más profundo de la sociedad actual.

Además, también habrá proyecciones especiales para niños, alumnos universitarios, estudiantes de idiomas y personas mayores. Asimismo, habrá un espacio para la innovación gracias a la creación del Archivo Audiovisual del Bierzo, que recogerá materiales de la comarca y será accesible para todos de manera online.

Cabe destacar que este año será un encuentro más internacional que nunca, ya que han participado 59 países en la edición, lo que supone un 40% de trabajo internacional.

Con todo, no podemos obviar que será una actividad única para todos los amantes de la gran pantalla.

 

Octubre 2016: 21 y 27.

Noviembre 2016: 3, 10, 14, 15, 16, 17, 18 y 24.

Diciembre 2016: 1, 9 y 15.

Hora de inicio: 11:00 h. y 20:00 h.

Casa de Cultura (Ponferrada)

Gran Vía del Reino de León - C.P.: 24400 - Ponferrada (León)

Colectivo destinatario: Todos los públicos.

Precio: Gratuito.

El escritor gaditano Felipe Benítez Reyes (Rota, 1960) ha regresado a la novela, casi diez años después de su última incursión en este género, por la puerta grande con una pequeña obra de arte literaria, un libro de deliciosa lectura que se disfruta párrafo a párrafo y página a página, manteniendo el ritmo narrativo y ofreciendo un auténtico recital idiomático.

‘El azar y viceversa’ (Destino) es el título de su reciente publicación, donde vuelve a demostrar el absoluto dominio que posee del lenguaje, convirtiendo una historia sencilla en un retrato de una época reconocible, en la que tienen cabida desde la ironía a la tragedia, y que se saborea poco a poco con una sonrisa permanente en el rostro.

No es ninguna sorpresa que el libro derroche calidad. Benítez Reyes es un veterano de las letras, un filólogo que maneja con sutileza y maestría todos los resortes del lenguaje, y capaz como pocos de crear y hacer creíbles personajes simplemente antológicos. El autor, que me maravilló hace años con ‘Mercado de espejismos’ (2007), parodia de las novelas de trasfondo exotérico y merecido Premio Nadal, y también anteriormente con ‘El novio del mundo’, (1998), títulos de corte muy distinto ambos, regresa a los escaparates de las librerías con una historia cargada de sinceridad. Una novela de las que perduran en la memoria.

Poeta, articulista en prensa y traductor son otras facetas profesionales del autor gaditano, que se despacha en esta ocasión con una historia de ficción aparentemente sencilla, y posiblemente cercana al propio autor en el aspecto puramente personal si atendemos a la época, la historia y la ubicación de la ficción. Una obra que, es justo decirlo, permite varias lecturas y que no deja indiferente a nadie.

De la mano de un particular pícaro del siglo XX, Benítez Reyes consigue hacer un retrato detallado de una sociedad en plena transformación, que bullía y que cambiaba a marchas forzadas buscando alcanzar una modernidad desconocida. Las páginas de la novela retratan a una sociedad que dejaba atrás décadas de franquismo, de la mano de una juventud desbocada y desinhibida que lucha por adaptarse a un tiempo nuevo, que escucha la música que llega del otro lado del Atlántico, que se familiariza con las drogas y que normaliza el sexo. En definitiva, somos testigos a través de sus páginas de una sociedad que luchaba a marchas forzadas por dejar atrás el empobrecimiento y la ignorancia, pero anclada también en el pasado reciente por numerosas contradicciones.

La pequeña localidad gaditana de Rota, condicionada por la presencia permanente en sus inmediaciones de la base militar norteamericana, sirve de escaparate a las correrías de este joven buscavidas cuya vida transcurre sin rumbo fijo, dando bandazos junto a sus compañeros de viaje en un trayecto cuajado de baches al que se asoman personajes tan pintorescos como reales. De la mano del protagonista y de sus denodados esfuerzos por sobrevivir disfrutamos de una historia reconocible y más cercana de lo que pueda parecer.

Lunes, 17 Octubre 2016 00:00

CÓMO MOLA TU MOLAR

La Real Academia de la Lengua define, en su faceta coloquial y dejando a un lado cualquier parentesco con el campo semántico de la dentadura de los animales vertebrados, la palabra “molar” como ‘gustar, resultar agradable o estupendo’. Habría que recalcar ese aspecto coloquial, propio del argot infantil y juvenil que tan de cabeza trae a nuestros mayores, por cómico que pueda resultar esta palabra en sus labios.

Si uno profundiza en la etimología de tan peculiar vocablo, recae en el idioma caló, el cual, lejos de tratarse del término “calor” (generalmente en género femenino y pronunciado con acento propio de las regiones sureñas de España) es la lengua hablada por un subgrupo ibérico/occidental, es decir, característico del pueblo gitano. La evolución de la palabra ha recaído en este argot, como se ha dicho, más infantil y juvenil.

Ha sido en lo últimos veinte o treinta años cuando se ha venido utilizando este término, que parece discriminar otros más lógicamente traídos del latín, como son, en efecto, el verbo “gustar” o “encantar”. No obstante, debemos prestar especial atención a la composición sintáctica que corresponde con los términos de ambos grupos. Mientras que “algo me gusta” o “me encanta” (teniendo yo algo que ver en mis preferencias y gustos), “algo mola” (no interfiriendo yo en sus características propias).

Diferencias sustanciales son, también las edades y el contexto en las que uno utiliza el término coloquial. Dudo mucho que un presidente o un periodista lo incluya en sus intervenciones, si bien es cierto que ya uno intenta cualquier estratagema para acercarse a su público. Del mismo modo, nadie imagina a la abuela de turno diciéndole a sus nietos a la salida del colegio que sus mochilas “molan” o preguntándoles si han pasado un día “molón”. Más parece un chiste que una expresión bien registrada en su almacén léxico.

Hay que reconocer que una vez que uno interioriza el término no lo olvida, y ya empieza a molarle casi todo, desde objetos cotidianos a personas (con carácter incluso afectivo), comida, etc. Y, cómo no, hay que acompañarlo de expresiones que enfaticen más el asunto como “es muy guay” (‘genial’, ‘muy bueno’), o ya, alcanzando el culmen de la genialidad, “mola mogollón”.

En cualquier caso, poco se enseña en los colegios este verbo, siendo innecesario, por la asiduidad con la que un niño recurre a él, y porque es poco académico, por lo coloquial y lo excesivamente sintético de su naturaleza. Sin duda reduce notablemente la familia de verbos atribuidos a cosas que son estupendas.

En fin, un niño o un joven no suele hacer demasiado uso de un vocabulario ilustrado para expresar su estado anímico, y menos si pueden abarcarlo todo con un término tan universal. Y en cualquier caso nunca está de más saber en qué idioma hablan los jóvenes, para indagar, aunque sea levemente, en algo de aquello que revolotea en sus cabezas.

Lunes, 17 Octubre 2016 00:00

La constancia “seriéfila”

Llevo dos años queriendo ver el final de Breaking Bad. En su momento engullí la serie de mala manera. Madrugadas de 5 y 6 capítulos sin pausas. Llegué hasta la quinta temporada y creo que el capítulo ocho fue mi cima particular.

No la dejé de ver por nada en particular. La pereza quizás. Un día se amontonó con otro, el siguiente hizo una pila de platos de la rutina de la indulgencia y sin saber cómo, me vi abocado a un Diógenes de intenciones.

La estructura narrativa de una serie no permite volver a engancharse como si fuese una película. No hablo solo de la duración. Un filme ronda los 90 minutos y eso en la mayoría de las veces es una muy pequeña parte de la temporada de una serie.

Esto me ha llevado a pensar en cuantas series he terminado de ver a lo largo de mi vida. Y así a bote pronto pues tampoco recuerdo tantas. Lo peor es que sus finales tampoco me emocionaron. Tengo un mejor recuerdo de la serie, de su camino, de lo que provocó en mí que su desenlace final.

Perdidos fue lo que se dice “una full de Estambul”. House, la última temporada es un regalo para los fans y el final de Las chicas Gilmore es tan precipitado como tener una cita en Badoo. Por no hablar de Ross y Rachel o de Ted Mosby y su futura mujer. Lo cual me ha llevado a la siguiente reflexión: el final de una serie casi siempre suele decepcionar, al contrario que la mayoría de películas.

Es también cuestión de actitud. Una serie requiere un compromiso narrativo superior. Es como el día a día con una pareja. Se producen momentos de todo tipo: amor, odio, cariño, pena, ira… La visión es diferente. Te puedes enfadar viendo “episodios de paja” en los que no ocurre nada, como lo puedes hacerlo por quedarte un fin de semana tirado en casa con ella sin hacer nada.

Una película es más como el encuentro de una noche. Es tan intenso, sorprendente y fugaz que no te deja lugar a la duda ni a la reflexión. Si se termina bien, pues bien, si termina mal, pues bien, si hay secuelas, pues dependerá de quién las “dirija”, si eres tú, mejor. Incluso puedes hacer tu particular universo Marvel si “pillas cacho” en una pandilla extensa.

Lo cierto es que me da una pereza terrible ponerme a ver el final de Breaking Bad. Me autoengaño en que tarde o temprano volveré pero pasan los años, siguen las series y me sigue dando una modorra increíble. Ahora mismo no tengo ese compromiso para seguir algo. Necesito cosas conclusivas o que requieran muy poco de mi parte.

Porque una serie puede convertirse en tu novia o ex novia y eso es bonito y aterrador… a partes iguales.

La Junta de Castilla y León, con la colaboración del Centro Cultural Miguel Delibes, ofrece un concierto de la banda catalana Alice & The Wonders dentro de su programación de octubre.

Tras haber hecho un primer trabajo cargado de pasión y esfuerzo, este grupo de música vuelve a los escenarios. Su líder, Alejandra Rueda, también conocida como Alice, compone los temas que interpreta la banda. Se trata de una de las voces más espectaculares del R&B Barcelonés que deja claro su intención artística.


El grupo ha desarrollado una marca muy personal partiendo de las bases de la música negra de mitad del siglo XX, como el Swing, Jazz o Rhythm & Blues, entre otras. Sus canciones hablan de amor, desamor, el baile, la bebida, el sufrimiento, la esperanza… En resumidas cuentas, la vida sin adornos. La banda transmite sinceridad y emoción, por lo que el concierto supondrá una oportunidad única para disfrutar de un Jazz vibrante.



15 de octubre de 2016

Hora de inicio: 21:00

Centro Cultural Miguel Delibes

Avenida Monasterio Nuestra Señora de Prado, 2 - C.P.: 47014 - Valladolid (Valladolid)

Colectivo destinatario: Todos los públicos

Precio: 14 € / Abono 3 conciertos del ciclo: 35 €

El veterano escultor salmantino Venancio Blanco se desplazó a la Abadía benedictina de Santo Domingo de Silos para presentar su trabajo dedicado a recordar al escritor español más universal. La sala de exposiciones del claustro de este monasterio burgalés acoge desde el 29 de septiembre ‘Venancio Blanco. Una mirada a Cervantes’, una exposición que compendia  la obra que el nonagenario artista realizó en distintas épocas de su vida para recordar el particular universo de Cervantes. Se trata de una original exposición que se suma a los multitudinarios y numerosos homenajes que se están haciendo al escritor, coincidiendo con los actos programados en 2016 cuando se cumplen 400 años de su fallecimiento. Actos institucionales de distinto tipo y magnitud que se suceden sin tregua a lo largo y ancho de la geografía española, ante una fecha emblemática que sirve de excusa perfecta para recordar al escritor más reconocible del mundo y a su legado literario.

Y este pequeño y coqueto rincón de la provincia burgalesa, cargado de paz y espiritualidad, lugar de descanso, silencio y también espacio de reflexión, se convierte durante los próximos dos meses en un espacio privilegiado para poder acercarse a la figura de dos artistas con mayúsculas. El escritor Miguel de Cervantes, traducido a todos los idiomas imaginables y referencia universal de las letras españolas, y Venancio Blanco, un hombre de nuestro tiempo, con una dilatada trayectoria artística que comenzó a principios de los ya lejanos años 40 y que constituye una referencia viva en el arte contemporáneo español. Un hombre sencillo como este salmantino natural de Matilla de los Caños del Río comparte también con el escritor de Alcalá de Henares otra pasión: su amor por Roma.

Al igual que hiciera Cervantes en 1569, cuando llega a la capital italiana para ponerse al servicio del cardenal Acquaviva y servir posteriormente como soldado, Venancio Blanco realiza cientos de años después el mismo periplo. Su primer viaje a Roma está datado 1941, aunque acudirá posteriormente a la capital italiana a impregnarse de arte en 1957 y 1959. Y después, en los años 80, regresará de nuevo, convertido en director de la Academia de España. Ese vínculo que comparte con Cervantes se hace también perfectamente distinguible en Silos.

Curiosamente, las obras que se exponen en esta sala son consecuencia directa de un encargo profesional; el recibido en 2005 del Ayuntamiento de Valdepeñas para que realizara un monumento público de grandes dimensiones dedicado a Miguel de Cervantes. Los dibujos y bocetos previos que realizó, fotografías de gran formato que le muestran en pleno proceso creativo, bocetos en porexpán a tamaño real, y sus particulares y ya populares dibujos realizados en sencillas  servilletas de bar integran este homenaje lleno de sinceridad y de pasión por Cervantes y sus personajes más representativos.        

Venancio Blanco es un hombre que transmite paz. Su figura menuda es un contrapunto a una obra artística monumental que se reparte por infinidad de países donde ha dejado su impronta. Su perenne sonrisa en un rostro lleno de vida transmite una pizca de picardía y de conocimiento despojada por completo de solemnidad. No duda en coger cualquier papel que tenga más a mano para hacer realidad sin esfuerzo y en pocos segundos un boceto que es una auténtica obra de arte. Sin duda, un artista irrepetible que todavía tiene mucho que aportar.

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