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Elementos filtrados por fecha: Octubre 2017

Fran Vicente es un joven cocinero salamantino que triunfa en la actualidad en Madrid gracias a su buen hacer profesional. Coincido con él en el céntrico Teatro Liceo de la capital salmantina, donde ha acudido para participar en ‘Gastronomía y Literatura’, un ciclo de conferencias promovido desde el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua con la colaboración de la Concejalía de Cultura, que buscas explotar y dar a conocer los estrechos vínculos que existen entre dos cuestiones aparentemente alejadas una y otra y que, sin embargo, tienen en común más de lo que se puede imaginar.


Francisco José Vicente Hernández es un joven profesional que, a sus treinta años ha conseguido las mieles del éxito y ha gozado de la popularidad que proporciona un medio tan generoso como la televisión. Su paso hace tres años por el popular concurso ‘Top Chef’ de Antena 3, donde quedó finalista, le catapultó a una fama de la que todavía no se ha desprendido del todo. Vicente rebosa optimismo y es capaz de contagiar ese valor a quienes le escuchan, especialmente en su ciudad, que conoce su talento en una de las ciencias más importantes en la actualidad por distintas razones. Porque esa es la realidad.
La gastronomía se instaló en nuestras vidas con fuerza no hace muchos años y tampoco se entiende como una actividad ‘pasajera’ o pegada a la moda. Al contrario. Su presencia resulta constante y cada vez ocupa más espacio en medios de comunicación. Proliferan todo tipo de formatos; concursos, divulgativos, de recetas o programas dedicados a ‘salvar’ negocios ruinosos. El caso, es que el público siempre responde y que muchos de estos profesionales, quizás, a veces, a su pesar, se han convertido en estrellas del firmamento gastronómico. Si se paran a pensarlo, seguramente cualquiera de ustedes es capaz de mencionar, a poco que lo piense, a media docena de profesionales de la cocina. No sé si este mismo ejercicio sería igual de sencillo en cualquier otra actividad profesional… Lo dudo mucho.


En la actualidad Fran Vicente es chef ejecutivo del restaurante madrileño ‘Sainete’, local en el que está al frente de equipo de diez personas, al tiempo que ejerce como asesor gastronómico de distintos negocios de hostelería. ‘Hacia dónde camina la cocina, realidad o ficción’, fue el sugerente título que dio a su interesante intervención en la que dejó claro, especialmente, la nueva filosofía y el cambio de actitud que se ha implantado en la cocina, sobre todo por una pérdida de respeto a unas reglas de oro inmutables, que acabaron despedazadas desde que un joven Ferrán Adriá puso patas arriba este negocio atreviéndose con cosas imposibles. Los cocineros buscan ahora hacerse un hueco dejando muy claro su marca personal, aquello que les hace diferentes a sus compañeros… La creatividad, la experimentación, el trato con el cliente, la calidad de los productos son factores que siempre son tenidos en cuenta.


El joven chef salmantino es plenamente consciente de la complejidad de este negocio y de la necesidad de atender a un puñado de factores que lo rodean y definen. Así, recuerda la necesidad de atender otros aspectos menos considerados en ocasiones como la formación del personal, la vajilla, la maquinaria, la bodega o la comunicación, una difusión siempre necesaria para dar a conocer el local los productos y lo que va a encontrar el cliente. La publicidad tradicional ha cambiado con el paso del tiempo y las redes sociales se han convertido en instrumentos útiles y casi imprescindibles para llegar a miles de personas, en tiempo real. Y Fran Vicente lo sabe. Cuenta con miles de seguidores en su cuenta de Twitter, que actualiza constantemente y conoce las necesidades de un negocio en constante evolución, sujeto a los cambios de consumidores que reclaman siempre más. El concepto ‘vanguardia’ va más allá del uso de una serie de técnicas o pensar que simplemente alude a una contraposición a la cocina popular, clásica o tradicional.


Vicente concluye con una reflexión interesante. ‘La gastronomía española del siglo XXI se ha convertido en sector de actividad más importante del ser humano porque es una actividad saludable, solidaria, sostenible y satisfactoria’. Desde luego, este argumento deja huella en cualquiera y nos hace acercarnos a la visión de este negocio desde una nueva perspectiva.

‘El Becerro Gótico de Cardeña. El primer gran cartulario hispánico (1086)’, título que acaba de llegar a las librerías hace unas pocas semanas, permite acercarse a una realidad desconocida, fascinante y que abre las puertas tanto a especialistas como al público en general sobre un documento que resulta fundamental a la hora de comprender el lento camino de la evolución de la lengua y también para entender la propia historia española y castellana. El trabajo titánico llevado a cabo por los promotores del estudio, los profesores de la Universidad de Burgos José Antonio Fernández Flórez y Sonia Serna, ha visto finalmente la luz, con el respaldo del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, la Real Academia Española (RAE), la Junta de Castilla y León y la Diputación de Burgos. Todas estas instituciones confiaron desde el primer momento en una investigación de esta naturaleza, necesaria e imprescindible para seguir avanzando en la investigación sobre los orígenes del español. De hecho, la propia puesta de largo de esta publicación, que reunió a todos los impulsores del proyecto en el Palacio de la Isla de la capital burgalesa, evidenció el paso de gigante que se daba con este nuevo estudio. La respuesta que los medios de comunicación dieron a la difusión de la publicación fue proporcional al alcance y su importancia objetiva. Quizás es importante para los profanos poner sobre la mesa de qué estamos hablando. Como recalcan los autores del estudio, el Becerro Gótico de Cardeña constituye una de las obras de referencia del monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña, cenobio que data de 899 y que desde sus orígenes tuvo el mérito de convertirse en uno de los más tempranos e importantes del Occidente peninsular, y especialmente en el ámbito de la cultura escrita. De su scriptorium salieron, a lo largo de los siglos X y XI, magníficos códices visigóticos y, uno de ellos, el cartulario, es el protagonista de este trabajo, presentado en un doble volumen. El Becerro es un códice diplomático donde se copiaron los documentos que se encontraban en el archivo del monasterio burgalés. Confeccionado en folios de pergamino, de gran formato, en una elegante y fina visigótica redonda entre finales del año 1085 y los inicios del 1086, el original se encuentra en la Biblioteca Francisco de Zabálburu de Madrid. El interés que despierta esta obra responde a varias razones. Primero, por su antigüedad, ya que se trata del primer gran cartulario hispánico que se conserva. Después, por el importante número de textos transcritos: en total está compuesto por 373 documentos, que están fechados entre 899 y 1085, y que constituyen por sí solos una fuente rica de información para entender el conocimiento de la historia, en general, y de la Castilla condal, en especial. En su lectura se pueden observar negocios jurídicos, como contratos de compraventa, permutas y donaciones, litigios y otros textos que describen y detallan también situaciones diarias de los pobladores del monasterio y de su propio entorno. Además, otro hecho objetivo que marca la diferencia respecto a otros cartularios es el número de documentos contenidos, muy superior al de otros de la época; con 232 documentos fechados entre los inicios del condado de Castilla y el final de esa época, en el año 1037. Dicen también los autores que el ‘Becerro de Cardeña’ constituye también una importante fuente filológica, pues la lengua latina de sus documentos está fuertemente impregnada por el castellano naciente, que es perceptible cómo va aflorando. Además, sus textos son el único testimonio documental que queda del cenobio, pues si bien en el siglo XVIII su archivo acogía más de mil pergaminos, en la actualidad ni un solo original se nos ha conservado. Por todos estos motivos, resulta palpable que estamos ante un documento único a la hora de situar y comprender su relevancia. Un trabajo, sin duda, que perdurará en el tiempo y que supone un paso de gigante a la hora de entender la evolución de la lengua española desde sus orígenes.

 

Escritor, médico rural, escultor… José Antonio Abella, autor burgalés afincado en Segovia desde hace muchos años, ha compaginado con maestría estas actividades –y alguna otra, como la de editor- durante muchos años. Llega al Teatro Liceo de Salamanca a hablar de su trabajo literario, invitado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua en el ciclo de entrevistas ‘Diálogo de la Lengua’, encuentro que permite un contacto directo del escritor con el público, que tiene la oportunidad de acercarse a su obra literaria y conocer algo más de él.

Desde hace poco más de un año, Abella se dedica de forma exclusiva a su gran pasión: la creación literaria. Decidió aparcar de forma definitiva su trabajo de médico rural en Segovia para dedicarse a escribir, labor en la que lleva en realidad inmerso más de un cuarto de siglo, desde que en 1992 publicara su primera novela ‘Yuda’, historia de enraizamiento y desarraigo en el que el tema de la memoria, recurrente siempre en su obra, aflora por vez primera.

Llega a la capital salmantina con su última novela ‘El hombre pez’ (Ediciones Valnera) bajo el brazo, una incursión en el género de la literatura picaresca, en la que recupera una fascinante historia ambientada en el siglo XVII que tiene como protagonista a un personaje real, el joven cántabro Francisco de la Vega Casar. Natural de la villa de Liérganes, el protagonista, excelente nadador, aprendía en Bilbao el oficio de carpintero cuando se lanzó a la ría de Nervión, se dejó arrastrar al mar sin que no se supiera nada de él, para aparecer cinco años después nadando en alta mar entre peces en aguas de la bahía de Cádiz... Esta historia singular, que el padre Benito Jerónimo Feijoo ya recoge en su Teatro Crítico Universal, da pie a Abella para novelar estos hechos, sin entender cómo nadie antes se había fijado en esta historia.

Sin embargo, en su trayectoria un título sobresale respecto a los demás, como él mismo reconoce ante el público salmantino. Su novela ‘La sonrisa robada’, editada en 2013 y galardonada en 2014 con el ‘Premio de la Crítica de Castilla y León’, le llevó varios años de trabajo e investigación. Hasta tres viajes realizó el autor a Flensburg (Alemania) para seguir el rastro y completar la historia de la familia Lambrecht. Una historia que surge de la pasión amorosa epistolar nacida entre el poeta español José Fernández Arroyo y la joven alemana Edelgard Lambrecht, enferma, perteneciente a las juventudes hitlerianas e hija de un oficial nazi, un piloto de la Luftwaffe condecorado por Hitler… Años de investigación, de pesquisas, de búsqueda de datos para completar la historia de esta familia y acercarse también una historia menos conocida, como fue el sometimiento que millones de alemanes sufrieron al finalizar la II Guerra Mundial.

Pero la novela no es el único género transitado. Su pasión reconocida por el relato corto le llevó también a ganar uno de los concursos más prestigiosos que existían. Su trabajo ‘El fin de las palabras’ le puso en bandeja en 2009 el premio ‘Hucha de Oro’, dotado con 30.000 euros, aportados por la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas). Sin querer caer en la vanidad, reconoce que su texto se impuso entre los 4.800 presentados, en un jurado integrado por ‘pesos pesados’ de las letras españolas como Luis Mateo Díez,  José María Merino, Luis Landero y Manuel Longares.

Con un nuevo libro de relatos de inminente aparición, Abella es también consciente de que el hecho de haber publicado en pequeñas editoriales provinciales le ha apartado en buena medida de un público lector más amplio. Reconoce que haber obtenido el ‘Premio de la Crítica’ le supuso hacerse un nombre en las letras de Castilla y León y se muestra francamente satisfecho de un proyecto que abanderó en Segovia, la tertulia de los martes. Durante casi tres décadas, la casa de Antonio Machado en Segovia se convirtió en lugar de peregrinaje de poetas, narradores dramaturgos y pensadores. José Hierro Francisco Pino, Miguel Delibes, José Luis mateo, Antonio Muñoz Molina, Albert Boadella, Alonso de Santos, Fernando Savater y cientos de nombres más dijeron sí a la llamada de este autor, que todavía tiene un largo recorrido literario por delante.