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Elementos filtrados por fecha: Noviembre 2017

Voy a hablar hoy de música en este espacio de la Red Mundial de Hispanistas. Confieso que no es mi especialidad, aunque creo que, al menos, tengo oído para poder distinguir aquello que tiene calidad. Hace unos días tuve la oportunidad de escuchar en directo a un joven cantautor burgalés, Daniel Guantes, que pese a su juventud, cuenta con desparpajo sobrado para ponerse delante de un auditorio y salir airoso ante un público variopinto y heterogéneo, en el que tenían cabida personas de todas las edades, todas encantadas con su música, por cierto.
La cita fue en Aranda de Duero. El motivo fue el encuentro cultural ‘Cultura y Vino’, un ciclo que desde hace años viene programando el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y el Ayuntamiento arandino en la capital ribereña, y en el que tiene cabida distintas manifestaciones artísticas vinculadas con el mundo del vino. Actuaciones teatrales, conferenciantes, escritores, poetas, periodistas y también músicos desfilan desde hace años por la céntrica Casa de Cultura de la Plaza del Trigo con la idea de rescatar la intensa relación que la cultura tiene con el vino, mucho más de lo que puede parecer en un primer momento.
El joven cantautor, con gran dominio del escenario, demostró que, además de una voz muy personal, tiene ritmo, escribe buenas letras, maneja con soltura la guitarra y desborda una simpatía que le permite conectar con el público con facilidad. Y no es fácil tener esa química personal con poco más de cinco años de carrera musical. Su compañero en el escenario, David Ramos, también demostró su buen hacer con la guitarra y la complicidad que mantienen ambos en el escenario. Temas propios compaginados con otros grandes clásicos de autores españoles se sucedieron sobre las tablas, con el acompañamiento de un público entregado. La suya es una voz cálida y potente, que complementa con letras cuidadas y dominio de la guitarra; elementos todos ellos capaces de generar cercanía y empatía con el espectador.
Con 16 años, Daniel Guantes decidió aprender a tocar la guitarra para poder así acompañar sus composiciones y no tardó en grabar su primera maqueta, ‘Precipicios’, con medios casi artesanales o, directamente, caseros. Su currículum musical empieza a ser abultado, con buenas posiciones en un puñado de certámenes nacionales de cantautores donde ha conseguido hacerse un huevo y ha salido con un puñado de premios. El público arandino pudo disfrutar también de los temas recogidos en ‘Motor de sangre’, su primer disco de estudio, presentado en 2015 en el Teatro Zorrilla de Valladolid. Seguramente no tardaremos mucho en volver a tener noticias de su personal trabajo musical.

La tradición oral tiene en Salamanca un importante caldo de cultivo. En distintas ocasiones he tenido la oportunidad de comprobar que la búsqueda y recuperación de pequeñas historias transmitidas a lo largo del tiempo muchas veces de padres a hijos posee casi siempre un atractivo especial, una razón intangible que nos lleva a pensar que aquellas historias que oíamos de niños y considerábamos cuentos o leyendas son más ciertas de lo que creímos en aquel momento, cuentan con un poso de realidad no muy alejado de la superficie.  ¿Qué hay de verdad en aquella pequeña historia ambientada en un pequeño pueblo de montaña donde habitaban personajes extraños, que muchas noches de frío invierno nos contaba nuestro abuelo en una cocina en penumbra…; una historia que previamente a él le había transmitido  su abuelo muchos años atrás y así sucesivamente en una cadena que se prolongaba en el tiempo y cuyo eslabón inicial resulta difícil de localizar?

Pues cierto es que la tradición oral resulta un arte complejo, al que muchos autores deciden dedicarse en cuerpo y alma, consagrando sus conocimientos e implicándose de forma decidida para sacar a la luz de las tinieblas de la memoria historias que muchas veces corren el riesgo de caer en el olvido más absoluto. Es el caso de la escritora Ana Cristina Herreros -Ana Griott para los lectores, denominación que alude al nombre común que reciben los narradores del centro-oeste de África’- que recientemente dejó al público salmantino con la boca abierta, en una reciente intervención del cada vez más popular ciclo ‘Leyendas de Tradición oral’ que el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua programa desde hace años en la capital salmantina, con el apoyo decidido del Ayuntamiento salmantino.

Y la realidad es que, al igual que en este caso, los invitados que han desfilado durante los años anteriores por este cita con el mundo de la tradición oral han gozado del favor del público. Es el caso de los etnógrafos Joaquín Díaz o José Luis Puerto, cuyas respectivas intervenciones consiguieron también que  un importante número de personas interesadas en el apasionante mundo de la tradición oral se dieran una vuelta por el céntrico Teatro Liceo para soñar, conocer y recordar viejas historias que pensaban olvidadas.

Leonesa de nacimiento, Ana Cristina Herreros se dedica desde hace un cuarto de siglo a la narración oral, área a la que llegó por casualidad cuando preparaba su tesis doctoral sobre la ‘literatura de los que ni escriben ni leen’. Fue entonces cuando dio el paso y decidió iniciarse en la narración de cuentos para centrarse posteriormente en su escritura. Ha plasmado su conocimiento en distintos libros, compaginando la creación literaria con el trabajo editorial en Ediciones Siruela, para después hacerlo con su propio sello editorial ‘Libros de las Malas compañías’. Su trabajo de editora lo compagina con su oficio de narradora en bibliotecas, teatros, cafés, cárceles, escuelas o parques públicos desde 1992.

Es curioso escucharla cuando dice que el descubrimiento de la narración oral constituyó el hallazgo de un tesoro preparando su tesis, investigación en la que profundizaba en cómo los poetas de la generación del 98 y 27 entran en contacto con el pueblo, ‘los que callan, los que no saben leer, y comienzan a componer versos con metros y temas populares’.

Y como el tema era la oralidad, la escritora leonesa se encontró con una narradora colombiana y un narrador costarricense que solo con su palabra eran capaces de mantener la atención de doscientos españoles durante más de una hora. Aquello le pareció tan prodigioso que se decidió a formarse en narración escénica y expresión corporal, en clown y en técnicas vocales. Y ese fue el comienzo de una carrera que sigue su curso y que ha sabido plasmar en distintos libros como ‘Cuentos populares del Mediterráneo’, ‘Libro de monstruos españoles’, ‘Libro de brujas españolas’, ‘La asombrosa y verdadera historia de un ratón llamado Pérez’, ‘Geografía mágica’ y ‘Cuentos populares de la Madre Muerte’, todos publicados en Ediciones Siruela.

Parte de la obra de Ana Cristina Griott ha sido traducida al catalán y al francés, y ha visto reconocido su trabajo en dos ocasiones con el ‘Premio Nacional del Ministerio de Cultura al Libro Mejor Editado’; en 2011 por ‘Geografía mágica’, y en 2009 por su ‘Libro de Monstruos españoles’. Su paso por docenas de festivales de todo el mundo se complementa con premios que se suceden en un currículum que no para de crecer. La tradición oral nunca desaparecerá.

 

Saturnino García es un todoterreno de la interpretación. Con la frontera de los 80 años rebasada, no para de trabajar. Es un actor de género, el eterno secundario del cine español que todos recordamos haber visto en docenas de películas y series en los últimos años, aunque nos cueste ponerle nombre. La fama le llegó tarde. Con más de 60 años cumplidos se dio a conocer para el gran público cuando sus compañeros de profesión le concedieron en 1995 el premio Goya al mejor actor revelación por su interpretación en la película ‘Justino. Un asesino de la tercera edad’, galardón que recibía de manos de Fernando Guillén Cuervo y Pastora Vega.

La película que firmaba ‘La Cuadrilla’, grupo integrado por los directores Santiago Aguilar y  Luis Guridi, le llevó al firmamento del cine patrio y le proporcionó la popularidad de la que carecía con uno de los papeles con los que se encuentra más en deuda, como él mismo ha reconocido en varias entrevistas. Sin embargo, la nómina de directores que han trabajado con resulta extensa y un auténtico lujo. Fernando Urbizu, Álex de la Iglesia, Fernando Fernán Gómez, Daniel Calparsoro, Manuel Gómez Pereira, Agustín Díaz Yanes y Carlos Saura  conocen bien la calidad de su trabajo y han contado con él en películas que todos recordamos.

Su presencia se puede rastrear en películas que gozan en ocasiones del calificativo de clásicas como ‘Matías, juez de línea’ (1996); ‘El día de la bestia’ (1995);  ‘Boca a boca (1995); ‘Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto’ (1995); ‘Así en el cielo como en la tierra’ (1995); ‘Siete mil días juntos’ (1994); ‘Todo es mentira’ ‘Acción mutante’ (1993), ‘Todo por la pasta’ (1991); ‘Amantes’ (1991) o ‘El viaje a ninguna parte (1986). Y hasta en la mítica serie ‘Curro Jiménez’ ha dejado su huella.

Coincido con él en Aranda de Duero, donde acude a pronunciar el monólogo ‘Humor y vino en poesía’, una propuesta que desde hacer años promueve el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y el Ayuntamiento de la capital ribereña con la idea de difundir la relación que siempre ha existido entre el vino y distintos tipos de manifestaciones culturales.

Su ritmo de trabajo es frenético. De hecho, enlaza el viaje al municipio burgalés con el rodaje de la última película de José Luis Cuerda, con el que ha estado trabajando en Toledo durante los últimos días, acompañado de un reparto de primera.

Su apariencia frágil resulta equívoca y tiene una mirada que perfora. Su imagen de persona cascarrabias oculta a un hombre sencillo, que habla con naturalidad de su profesión y de sus compañeros, sin rasgo alguno de divismo y con aplomo suficiente y capacidad probada para seguir sorprendiendo al público. Recordar sus interpretaciones cargadas de fuerzas en personajes de fuerte personalidad impone una actitud de respeto.    

Solo en el escenario, frente a un público que conoce bien su trayectoria, levanta en poco más de una hora un repertorio poético compuesto por textos de autores clásicos que han dedicado su tiempo y su esfuerzo a loar el mundo del vino y a todos los beneficios inherentes a su consumo, aunque quizás no siempre en la moderación necesaria. Los versos de Agustín de Foxá, de los Hermanos Álvarez de Quintero, de Luis de Góngora, de Francisco de Quevedo, de Jorge Manrique, de Miguel de Cervantes, de Charles Baudelaire, del Arcipreste de Hita y de Gonzalo de Berceo cobran nueva en la emocionante interpretación de este mago de la escena, capaz de pasar de un autor a otro con la sencillez de un profesional que conoce a fondo su trabajo y que, como sucede con el buen vino, mejora con el tiempo.