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Elementos filtrados por fecha: Enero 2017

Si algo define desde hace siglos al lenguaje jurídico por regla general, es su innata capacidad por resultar para el ciudadano común -conocedor de los rudimentos de este lenguaje- distante, oscuro, farragoso y alejado. Y voy más allá... No creo que exagere si digo que puede llegar a resultar en ocasiones absolutamente incomprensible. Para quien no esté habituado a los conceptos y al léxico que definen muchos actos de naturaleza jurídica, resulta en muchas ocasiones extremadamente compleja la comprensión de conceptos vinculados a la ley y la legislación y, por extensión, al mundo del derecho en particular.


Para intentar poner fin a esta esta situación, se acaba de presentar en sociedad el ‘Libro de estilo de la Justicia’ (Espasa), un texto que tiene el sello de la Real Academia de la Lengua (RAE), coordinado y dirigido por el académico Santiago Muñoz Machado, secretario de la institución y catedrático de Derecho Administrativo. Con el Consejo General del Poder Judicial como escenario para la presentación madrileña, el 25 de enero se daba a conocer el objetivo y los contenidos de un libro que nace con la intención de ser especialmente útil para resolver y comprender todo tipo de dudas sobre el léxico y el lenguaje jurídico.


En varias entrevistas promocionales, el coordinador apuntaba que la gestación de esta obra partía del propósito expreso de que el mundo del derecho pueda utilizar correctamente la lengua española, conscientes los legisladores de la necesidad imperante para que tanto leyes como resoluciones puedan ser comprendidas por los destinatarios finales sin necesidad de intermediario alguno. Una petición razonable que se enriquece con la propuesta de que todos los agentes implicados puedan disponer de un patrón en el empleo de giros, la construcción de frases e incluso la eliminación progresiva de arcaísmos y otros conceptos que han caído en el olvido más absoluto. El principio rector de la obra, en cualquier caso, es sencillo: se trata de conseguir hacer comprensible el lenguaje en el que se redactan y se interpretan las normas por aquellos que se ven en la obligación de cumplirlas.


En cualquier caso, la publicación de este libro no se trata de una iniciativa aislada sino que se complementaría con la publicación posterior de una actualización del diccionario de la justicia y de un inmediato diccionario pan-hispánico de la Justicia. El coordinador de la obra, también experto jurista, ha recalcado que la aspiración del derecho desde sus orígenes pasaba por la de mostrar claridad y ser comprensible, sin necesidad de intérpretes. Incluso, iba más allá y razonaba que resultaba especialmente difícil obligar a un ciudadano a hacer cumplir una ley cuyo enunciado no es capaz de comprender.


Muñoz Machado, no obstante, hace autocrítica y reconoce que los jueces tienen cierta tendencia en sus redacciones a seguir un estilo asimilado desde sus primeros balbuceos en formación jurídica y que si no se adaptan a ese estilo se sienten como si estuvieran faltando a algún tipo de precepto debido a lo arraigado que se encuentra esa forma de redactar. En cualquier caso, es consciente también el coordinador de la obra de la necesidad última de adaptarse a la forma actual de hablar.


La RAE sostiene que el libro se concibe “con el propósito de contribuir al buen uso del lenguaje en todos los ámbitos donde el derecho se crea y aplica. En esta línea, Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo del Poder judicial, defiende en el prólogo el deseo de que permita superar usos inadecuados del lenguaje. “Poniendo a disposición de jueces, abogados, procuradores, ciudadanos y administraciones, una herramienta moderna y de gran utilidad para procurar cierta homogeneización de la producción jurídica escrita», añade. En fin, que se trata de una oportunidad de oro para acercar el lenguaje jurídico a la sociedad y trabajar para hacer más accesible el lenguaje jurídico. Enhorabuena a los promotores de la propuesta.

El escritor asturiano Rafael Reig realiza un curioso ejercicio didáctico con su nueva novela ‘La cadena trófica’ (Tusquets), singular título con el que filólogo demuestra sus dotes de enseñante a través de la apasionante historia de una saga familiar –los Belinchones- cuyos miembros persiguen generación tras generación, una misma meta: convertirse en escritores. Todos ellos luchan contra viento y marea para hacer realidad ese objetivo, asumiendo como propios los movimientos literarios y sociales que florecen en cada época, e intentando hacerse un hueco por su trabajo.


El romanticismo, el realismo, las generaciones literarias del 98 y del 27, la influencia de la Guerra Civil, la poesía, la influencia de la Guerra Civil y del exilio intelectual... Todo tiene cabida en este particular cóctel literario. Para ningún Belinchón resultará sencillo convertir su pasión literaria en su forma de vida.


Tengo que reconocer y lo digo abiertamente en este espacio en la Red Mundial de Hispanistas que el descubrimiento casual de este título ha supuesto para mí un motivo de honda satisfacción personal ya que la lectura de este apasionante libro cuenta con múltiples cualidades y virtudes, que aparecen multiplicadas página tras página, redescubriendo al mismo tiempo el gusto por la historia, por la literatura y desmitificando en muchos casos a autores, poetas, escritores y pensadores de nuestra historia que parecían intocables. Un repaso donde la sonrisa, la risa e incluso la carcajada se hacen patentes y permiten conocer la literatura española e hispanoamericana a partir de un hilo conductor cercano, sencillo y reconocible.


Este singular e inusual punto de partida le lleva a Rafael Reig a permitirse la licencia de convertir en personajes de ficción a los autores que en los últimos dos siglos han hecho de la literatura lo que es hoy en día. Coincido tras su lectura con la opinión que sobre este libro han vertido algunos críticos literarios, que no se aclaran sobre si se trata de una novela con forma de libro de texto o de un manual literario con maneras literarias; en cualquier caso; es un texto que recurre al espíritu crítico, la desmitificación y al humor más corrosivo.


Rubén Darío, Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Rafael Alberti, los hermanos Machado, Mariano José de Larra, Amado Nervo, Camilo José Cela o Eduardo Mendoza, entre muchos autores españoles y americanos, se convierten en las páginas de ‘La cadena trófica’ en personajes que invitan a devorar sus mejores obras. En cualquier caso, el libro representa una forma diferente y peculiar de abordar la historia de la literatura española en los siglos XIX y XX sin ningún tipo de prejuicios y desde una perspectiva radicalmente distinta a la que habitualmente nos presenta la historia oficial. Igualmente, cierto es que es un trabajo muy documentado y plagado de referencias bibliográficas e incluso ejercicios prácticos al final de cada capítulo que enriquecen la visión de cada tema analizado. Insisto, un descubrimiento literario de primer orden.