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Elementos filtrados por fecha: Febrero 2017

La laureada escritora manchega Clara Sánchez, que en 2013 obtuvo el popular ‘Premio Planeta’ con su novela ‘El cielo ha vuelto’, se encuentra de actualidad de nuevo por la publicación de su libro ‘Cuando llega la luz’ (Destino), aparecido en octubre en las librerías, título que supone una vuelta de tuerca a uno de sus trabajo más sonados, la premiada ‘Lo que esconde tu nombre’, una historia oscura y trágica que tenía detrás un poso real: la existencia de antiguos nazis residentes en la costa mediterránea española, donde pasaron años tranquilamente alejados de preocupaciones y escondidos del mundo sin que nadie lo viera o quisiera verlo, ocultos y viviendo tranquilamente como jubilados despreocupados.


Seis años después, una vez recuperada la tranquilidad y apagados los ecos de aquel incendiario relato, ha recuperado a los mismos personajes en una historia en la que vuelven a cobra vida sus protagonistas en una historia desasosegante que consigue un doble efecto en el lector; por una parte, la historia transcurre en un mismo escenario, con un paisaje idílico y de gran belleza, en un entorno literario que huele a verano y a vacaciones, y donde contrasta la nueva tragedia que sucede a los personajes de este relato, rodeados de otro curioso elenco de personas que ofrecen siempre una cara amable, que no siempre es la verdadera.


Pese a que tenía numerosas referencias de esta autora desde hace años, confieso que me adentro por primera vez en su literatura de la mano de esta obra de madurez, que llega a las librerías por la puerta grande, con la idea –quiero entender de reeditar el éxito anterior, con un relato donde el miedo asoma a cada página, y que al mismo tiempo resulta adictiva, quizás porque los nazis están en nuestro subconsciente desde hace años y porque es tan fácil para el lector identificarse con la historia que está narrando o con algunos de sus personajes que es difícil sustraerse a la lectura.


Curioso resulta también el método de narración a dos voces que emplea la autora, que permite al lector acercarse a los mismos hechos narrados desde una doble perspectiva, a través de los ángulos tan distintos que presentan ofrecen dos personajes tan distintos entre sí, con realidades que difícilmente sería posible encajar si no hubiera sido –como es el caso– por hechos de carácter extraordinario que marcarían a ambos de por vida.

Quince años de historia representa una cifra redonda. Un margen de tiempo suficiente para comprender y asimilar que una determinada actuación ha tenido tiempo para madurar, ha conseguido enraizarse, convertirse en costumbre y también en una cita obligada para un conjunto amplio de personas. Un tiempo para saber apreciar que ha existido también una evolución natural, que ha habido modificaciones y correcciones que han cuajado y que han permitido convertir una idea en un proyecto firme y consolidado.


El Salón del Libro Antiguo Ciudad de Burgos se ha convertido en una cita cultural de primer orden que permite conocer una realidad alternativa y latente del mercado editorial, en el que no importan tanto las continuas novedades editoriales como el valor que aporta a un libro el paso de los años, donde se tienen en cuenta también otros factores como el estado de conservación que presenta, saber si se encuentra descatalogado y, en definitiva, si ofrece algún tipo de singularidad que aporte a un título valor añadido.


Desde el 16 al 20 de febrero, el céntrico Monasterio de San Juan de la capital burgalesa vuelve a reunir la heterogénea oferta que presenta un año más un puñado de librerías españolas –muchas de ellas repiten una vez más-; joyas literarias por descubrir, libros raros, singulares, antiguos, descatalogados, facsímiles e incluso tebeos, cuando todavía no se les denominaba cómics. La Asociación de Libreros de Burgos, colectivo profesional que reúne a este gremio profesional, trabaja con ahínco desde hace años para conseguir que esta cita con el sector resulte un triunfo tanto en visitas como en ventas. Una tarea tan difícil como apasionante.


Conscientes de las dificultades que entraña llevar a buen puerto este barco, esta asociación no ha dudado en aumentar el programa del Salón del Libro Antiguo con actividades de carácter complementario que aumenten su atractivo consiguiendo llegar a todo tipo de públicos. En esta línea, resultan especialmente interesantes dos aportaciones de primer nivel. Las intervenciones de la profesora de la Universidad de Burgos Sonia Serna, con una conferencia sobre los orígenes del español subrayando las aportaciones burgalesas a esta materia, que se complementa con una segunda ponencia compartida a cargo de Juan José García y Pablo Molinero, de la Editorial Siloé, que hablarán sobre su próxima y esperada publicación, el ‘Cartulario de Valpuesta’, documento de gran valor histórico, piedra angular a la hora de abordar el estudio de los orígenes del español.


Igualmente interesante resulta el hecho encomiable de que los promotores de esta cita hayan querido acercarse al público más joven organizando talleres didácticos dirigidos específicos para concienciar a los niños con el libro, de forma que conozcan las técnicas empleadas en su realización y también concursos para implicar al público en la búsqueda de libros. En definitiva, un encuentro llamado a perpetuarse y al que le adivino un futuro prometedor.

Una celebración joven, con aspiraciones a tener carácter universal, y que tiene a un medio de comunicación ‘clásico’ como protagonista, se hace extensiva a todo el mundo a través de iniciativas de distinto signo, aunque siempre con un mismo propósito y buscando un mismo objetivo: fomentar el diálogo y los valores democráticos para conseguir un cambio social que implique progreso. La radio tiene un pasado esplendoroso, un presente admirable y un futuro garantizado, aunque también es cierto que ha experimentado modificaciones sobre todo en la forma de escucharse y de llegar al público.


El 13 de febrero se conmemora en todo el mundo el ‘Día Mundial de la Radio’, una propuesta impulsada desde instancias europeas que pretende poner en valor y concienciar a la sociedad de la importancia que este medio de comunicación tiene a la hora de unir sociedades. La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, en sus siglas en inglés) auspicia e impulsa desde hace seis años una propuesta con la que quiere involucrar a distintos agentes sociales a intervenir y contribuir con distintas iniciativas a fomentar el uso de este medio de comunicación.


Vivimos una revolución en cuanto a la forma en que compartimos la información y accedemos a ella. Sin embargo, en medio de esos profundos cambios, la radio nunca ha sido más dinámica, interesante e importante. La radio ha evolucionado, y el influjo de internet ha contribuido a configurar un modelo nuevo, donde una palabra inglesa ‘podcast’ –prefiero la denominación archivo sonoro- se ha abierto camino poco a poco en nuestro lenguaje coloquial y se ha convertido también en una manera nueva de escuchar la radio, sin que necesariamente el escuchante/ oyente tenga por qué estar pegado a un dial.


La Unesco argumenta que en una época como la actual cuajada de turbulencias, la radio constituye una plataforma sólida para unir a las comunidades. Recuerda que sigue siendo una importante fuente de información y conocimiento, que trasciende las generaciones y las culturas, inspira con la riqueza de la diversidad humana y conecta al oyente con el mundo. Va más allá al señalar de forma solemne que es una fuerza al servicio de los derechos humanos y la dignidad y un poderoso factor que permite encontrar soluciones a los problemas que afrontan las sociedades.


La Unesco sostiene que la radio es un medio importante en el proyecto político de llevar adelante la ‘Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible’, al tiempo que fomenta las libertades fundamentales y promueve el acceso público a la información a la hora de impulsar la buena gobernanza y el estado de derecho, profundizando en la inclusión y el diálogo. Creo sinceramente que el llamamiento que hace la Unesco en todas las direcciones para que apoyen el poder de la radio con objeto de alentar las conversaciones y la escucha que necesitamos para la cooperación a fin de abordar los desafíos a los que se enfrenta la humanidad está de actualidad y es un mensaje que resulta especialmente necesario en momentos actuales, de cierta inquietud social y política. La radio siempre ha unido a la sociedad; ahora, más que nunca, tiene que seguir haciéndolo. No están nunca de más las iniciativas promovidas en esta línea de trabajo. En definitiva, buscar que la radio sea un modelo de soluciones innovadoras a problemas locales y seguir impulsando los derechos humanos, la igualdad de género, el diálogo y también la paz.

El bibliobús puede resultar para muchos simplemente una curiosidad extemporánea, una reliquia anclada en el tiempo que carece de futuro y que, en pleno siglo XXI, se resiste a la lógica de muchas personas que vivimos habitualmente en ciudades y tenemos garantizado sin apenas esfuerzo el acceso a cualquier tipo de lectura. Para el lector de a pie, residente en cualquier núcleo urbano, resulta una tarea sencilla y placentera acercarse a la librería más próxima para echar un vistazo a las novedades editoriales o comprobar simplemente que el título que hace tiempo que estoy buscando se encuentra disponible o se puede conseguir en un tiempo razonable de dos o tres días, sin que suponga un esfuerzo extra.


Pero el acceso a los libros no resulta muchas veces algo tan sencillo, especialmente cuando el lector habita en pequeños núcleos rurales, con poblaciones muy pequeñas, donde apenas existe una estructura comercial mínima que garantice la atención de las necesidades básicas.


Municipios con menos de 1.000 habitantes representan el público objetivo de los bibliobuses, que realizan numerosas rutas por las provincias llevando en cada caso una media de 3.500 libros, que se reparten de desigual forma. Alrededor de un 60% de su oferta corresponde a libros infantiles y juveniles, público prioritario, mientras que un 30% de la oferta está integrada por libros de adultos y el 10% restante se completa con revistas y vídeos. Con estas cifras, parece fácil entender que escolares y juventud en general son los principales destinatarios de un servicio educativo, que tiene más de 80 años de historia.


Con el respaldo institucional de las diputaciones provinciales, que se encargan de la gestión y de la renovación de los títulos que oferta, se consigue cubrir una necesidad cultural básica que de otra manera quedaría desatendida. Con estos antecedentes encima de la mesa, resulta perfectamente comprensible el hecho de que las corporaciones provinciales hayan querido implicarse directamente en la conmemoración de este servicio y recordar a sus profesionales, sumándose a la celebración del ‘Día del Bibliobús’, -cita fija en el calendario el 28 de enero-, con la programación de iniciativas complementaria de carácter cultural vinculadas a dar a conocer y a poner en valor un servicio a todas luces imprescindible como el del bibliobús.


Especial énfasis pone en esta celebración la Diputación de Salamanca, que desde hace varios años se lanza a celebrar el ‘Día del Bibliobús’ con iniciativas enfocadas al público más joven. Durante los últimos días, de la mano del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, medio millar de escolares de Educación Primaria de centros que reciben los servicios que prestan las bibliotecas móviles han disfrutado de una serie de talleres de animación a la lectura con los que han estimulado su imaginación, se han acercado al mundo del libro y han comprobado la buena marcha y la necesidad de mantener y consolidar este servicio cultural. Una iniciativa loable que permite recordar la necesidad de que el bibliobús continúe existiendo porque no hay que olvidar que el acceso a la información, la educación, al entretenimiento y a la cultura en general son derechos sociales reconocidos por la Carta Magna que deben ser tenidos en cuenta siempre y nunca caer en el olvido.