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Elementos filtrados por fecha: Abril 2017

De nuevo, regreso a la lectura de la última novela de un joven escritor, Use Lahoz, autor que se prodiga poco en la esfera pública pero que sin duda resulta un perfecto conocido de todos aquellos lectores que disfrutan con la lectura de un buen libro. ‘Los buenos amigos’ (Destino) representa un regreso a sus referentes habituales, y al mismo tiempo se presenta como una obra llena de espléndida madurez. Descubrí a este autor en 2009 con su aclamada novela ‘Los Baldrich’, historia de una saga familiar catalana a través de la que conocíamos la posguerra española y las décadas posteriores marcadas por cambios y transformaciones. Historia de personajes que dejan huella, excelentemente escrita.

Dos años después, volvió a sorprenderme con ‘La estación perdida’, historia de perdedores que tiene mucho de comedia humana. De nuevo, Barcelona como epicentro de esta historia que entremezcla emigración y aventuras, con un personaje central tan tierno como entrañable, Santiago Lansac, que conduce al lector por un periplo laberíntico rodeado de personajes atormentados y no siempre tan decentes como parecen.

Confieso que no tuve la oportunidad de leer su siguiente libro ‘El año en que me enamoré de todas’ (Espasa), Premio Primavera de Novela 2013, elogiado también por público y crítica, aunque he podido ahora ‘compensarlo’ después de reencontrarme con su estilo habitual en ‘Los buenos amigos’, obra de madurez sazonada con toques dramáticos y sentimentalistas, en la que nos acerca también a la historia de la segunda mitad del siglo XX en España a través de una historia turbia y compleja.

Una historia en la que, como refleja el título, se habla de amistad; de esas amistades que se fraguan en la niñez. Asistimos a la infancia ingrata de un niño, nacido en Aragón, que pronto se queda huérfano y tiene que criarse en un orfanato en Barcelona, lugar donde descubre la vida poco a poco, los sinsabores, un mundo a veces ingrato y al que se ve obligado a enfrentarse casi en solitario y a la deriva. Sixto Baladia descubre la vida a trompicones, ayudado por una familia lejana y casi desconocida que intenta encaminarle por la vida, cuya hermana pequeña, a la que apenas recuerda, se convierte en una sombra a veces incómoda.

Su amistad inquebrantable forjada en el orfanato con otro compañero, Vicente Cástaras, niño poco mayor que él, carismático, protector, con madera de líder y embaucador, es uno de los hilos de esta novela de descubrimiento. Descubrimiento de la propia vida, del amor, del sexo, de la soledad, de la amistad, del trabajo, de la traición y también de la deslealtad y el engaño. Página a página acompañamos a Sixto en su día a día, un carrusel en el que podemos ver su descubrimiento vital, crudo y doloroso en ocasiones, y a veces lleno de simpatía y ternura. Y también una historia de madurez. Use Lahoz demuestra de nuevo que con cada nuevo libro va ganando lectores, madurando su trabajo y dibujando personajes que perduran en la memoria.

Periodista, escritor, poeta, editor, agitador cultural... Cualquiera de estos adjetivos por separado sirve para calificar a Eduardo de Ontañón (1904-1949), burgalés por los cuatro costados, autor de una inmensa obra periodística, poética y literaria de difícil catalogación. Posiblemente estemos ante uno de los personajes más significativos del mundo de la cultura de la primera mitad del siglo XX en la provincia de Burgos, cuya impronta quedó patente en una variedad de trabajos nutrida, que se puede rastrear tanto en su ciudad natal como en Madrid y también en México, donde residió tras la Guerra Civil.


Eduardo de Ontañón es un personaje que cuenta con una obra extensa y en muchas ocasiones casi olvidada, que ahora vuelve a renacer de la mano de una exposición dedicada a recuperar su trabajo y su figura intelectual, marcada por el exilio que le llevó primero a Francia y después a México durante la Guerra Civil, junto a muchos intelectuales españoles que rehicieron allí su vida y se integraron en la sociedad mexicana.


La Casa de Cultura de Aranda de Duero inauguraba el 4 de abril ‘De la sombra a la luz. Eduardo de Ontañón (1904-1949)’, organizada por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua con la colaboración del Ayuntamiento arandino. Se trata de una muestra que cuenta con el trabajo de Ignacio Fernández de Mata, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Burgos y comisario de la exposición, como pilar de este proyecto expositivo, nacido hace poco más de dos años y que también ha podido disfrutarse en el Museo Adolfo Suárez y la Transición (MAST) de Cebreros (Ávila) y en el Teatro Principal de Burgos, a unos pocos metros de la por entonces librería familiar ‘Casa Ontañón’, en el céntrico Paseo del Espolón burgalés.
Fernández de Mata, experto en la obra de Ontañón, ha hecho grandes esfuerzos por recuperar el inmenso legado que el autor burgalés dejó en una vida breve pero intensísima, donde la figura de su padre, el también periodista Jacinto Ontañón, queda patente y se convierte en referente para entender su trabajo, especialmente los primeros años, en los que se aprecia su amor por su ciudad, el mundo rural, y la provincia burgalesa.


Con apenas 13 años, firmaba sus primeros artículos en el ‘Papa-Moscas’, seminario satírico local dirigido por su padre, en el que se familiarizó con el ejercicio del periodismo. No tardaría en trabajar en otros medios locales como Diario de Burgos o La Voz de Castilla para dar poco después el salto a la prensa regional y nacional. Su firma se puede seguir en los periódicos La Libertad, Luz, Diarios de Madrid, El Heraldo de Madrid o los americanos Diario español de la Habana, Burgos (Argentina) o en revistas como Parábola, Estampa, La Gaceta Literaria o Crisol. En estas publicaciones, resulta sencillo comprobar su amor y conocimiento que mostraba por el mundo rural, sus costumbres enraizadas y por las prácticas populares.


Pese a que abunda el periodismo en su trabajo, a Ontañón le gustaba definirse como poeta. De hecho, se empapó del mundillo poético de la época e impulsó la vanguardia castellana, denominación que él mismo creó. Breviario sentimental, Sinfonía en azul, Cuaderno de poemas son algunas de sus obras poéticas más conocidas. Impulsor en Burgos de la tertulia El Ciprés, tampoco faltan en su obra las biografías como El cura Merino. Su vida en folletín o Frascuelo, el toreador, en la que se aproxima a la obra del popular diestro de la época. La Guerra Civil y el posterior exilio marcarían su trabajo, desarrollado en México, donde retomó su compromiso literario y periodístico que nunca llegó a abandonar. Volvería a Burgos en 1948 para morir poco después de un cáncer que acabó consumiéndole a la temprana edad de 46 años. De regreso a su país, publicaría su última biografía Larra, el español desesperado.


Muchos de sus trabajos originales, junto a buena parte de su obra facsímil que se puede utilizar ahora como material de consulta, se puede apreciar en una exposición interesante que rescata a un personaje único e irrepetible cuya huella todavía es visible en su Burgos natal.

Llegaba a mis manos hace unos días ‘La sirena de Gibraltar’, segunda novela del escritor burgalés Leandro Pérez, que aterrizaba en enero en las librerías españolas, avalada por el éxito incontestable y todavía reciente de ‘Las cuatro torres’, el primer trabajo literario de este joven autor, que encontró de forma inmediata el apoyo incondicional de escritores consagrados que creyeron en las cualidades literarias de este narrador y en la calidad de un trabajo que todavía tiene mucho por ofrecer.


‘La sirena de Gibraltar’ recupera al mismo protagonista que en la anterior obra, Juan Torca, y le envuelve desde la primera página en una enrevesada trama que avanza a ritmo trepidante en un viaje que lleva al protagonista a pisar distintos escenarios urbanos fácilmente reconocibles. Un viaje plagado de personajes memorables que incluye sorpresas y que plantea grandes dosis de acción servidas y aderezadas con ingredientes que la hacen muy apetecibles. La novela además encontrará también la complicidad inmediata de los lectores burgaleses, ya que el autor desliza con eficacia a lo largo de sus páginas referencias actuales perfectamente reconocibles, que sirven para contextualizar al personaje y a la acción. Son varias las alusiones que emplea Pérez en su relato, que en ningún caso perturban la acción final. Al contrario, enriquecen la novela.


Quizás el mayor acierto del escritor pasa por su capacidad de haber creado a un personaje creíble, a un hombre con un pasado singular que permite también llegar a entenderle. El periodista y escritor burgalés ha tenido el mérito de crear a uno de esos antihéroes a los que nos tiene acostumbrados el cine y la literatura, capaz de dejar una profunda huella en el lector, al que imagino ávido por conocer las próximas peripecias de este burgalés errante de alma universal.


Durante la lectura de esta novela me venían a la memoria algunos de esos personajes memorables a los que nos tiene bien acostumbrados la novela negra de los últimos años como son el ya famoso inspector de policía sueco Kurt Wallander, al que le han puesto ya cara distintos actores; el inspector de la Policía griega Kostas Jaritos, familiar también para muchos y de pasado ligeramente turbio, o el guardia civil Bevilacqua, que junto a la agente Chamorro, gozan del favor del público español desde hace años, y que se han convertido en los personajes fetiches del madrileño Lorenzo Silva, uno de los autores más renombrados del panorama literario español y uno de los maestros del género negro en España.


Es cierto que Torca todavía no es tan conocido como ellos, ya que con solo dos novelas resulta difícil hacerse ese hueco que tarda muchas veces años enteros en concretarse. Sin embargo, estamos ante un personaje que tiene hechuras suficientes para conseguir que los lectores le conozcan en breve, ya que es carne de televisión o cine. Juan Torca es un tipo duro, con una vida difícil y compleja, en ocasiones turbia; con un pasado lleno de claroscuros del que se adivinan algunos rasgos definitorios. Se mueve con comodidad en la estrecha frontera de la legalidad y conoce bien el lado oscuro. Un maduro interesante que puede resultar atractivo para mujeres de todas las edades pero que como suele suceder siempre, tiene su propio talón de Aquiles que le sirve de contrapunto: Rodrigo, su hijo. Un policía con principios con quien resulta inevitable el choque. Escritores españoles reconocidos, con prestigio, líderes en ventas y conocedores de los mecanismos del género negro han caído rendidos ante Torca. Juan Gómez Jurado, Arturo Pérez Reverte, Lorenzo Silva, los reyes del género negro en España y máquinas de crear ‘best sellers’ nacionales, han bendecido la obra del burgalés. En cualquier caso, estamos ante una propuesta ágil y novedosa que se disfruta página a página.