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Elementos filtrados por fecha: Mayo 2017

‘El hombre pez’ (Valnera literaria), la nueva novela del escritor burgalés José Antonio Abella, conquista al lector desde la primera página. Se trata de un relato de carácter histórico con un trasfondo real que recrea la vida del conocido como ‘hombre pez’, Francisco de la Vega Casar, vecino de la localidad cántabra de Liérganes que vivió en el siglo XVII una azarosa vida y que lejos de ser un personaje ficticio, su existencia está perfectamente contrastada, documentada y difundida.

Burgalés de nacimiento, segoviano de adopción, médico de profesión, y también escultor, escritor y editor de vocación y corazón, Abella regresa a la actualidad literaria con la reciente publicación de esta novela, un relato tan real como increíble, que bucea –nunca mejor dicho- en el turbulento siglo XVII español para recuperar la historia de este peculiar personaje, Francisco de la Vega, cuya extraña vida y comportamiento fue objeto de estudio y análisis a lo largo del tiempo por intelectuales y pensadores que quedaron fascinados por esta historia de un hombre que parecía comportarse como un animal marino y que rehuía el contacto con el género humano. Benito Jerónimo Feijoo o Gregorio Marañón fueron algunos estudiosos de su figura, intentando aclarar sus motivaciones y su irracional actitud.

Abella conoce bien esta historia y, además, se ha atrevido a contarla de manera sencilla, atractiva y fácil de entender, demostrando una vez más el dominio que tiene del lenguaje, además de extensos conocimientos de la historia y los usos de la España de la época. Desde la primera página, el lector se acerca a este personaje y se adentra en esos años oscuros en los que la Iglesia y la Inquisición tenían un dominio casi absoluto sobre la sociedad civil. Además de entretenido y excelentemente escrito, la narración presenta episodios sinceramente divertidos y difíciles de olvidar.    

Abella, que fue galardonado en 2014 con el ‘Premio de la Crítica de Castilla y León’ por su también novela histórica ‘La sonrisa robada’, está dando a conocer este fascinante relato en el que fábula y realidad van dan la mano con pasmosa sencillez. La Feria del Libro de Valladolid y la Feria del Libro de Burgos, donde recaló el 24 de mayo junto a Pedro Ojeda, profesor de la Universidad de Burgos y crítico literario, son dos de los últimos foros por los que el escritor burgalés ha dado a conocer la historia que ha novelado.    

Francisco de la Vega existió y en 1679 fue pescado en la costa gaditana cuando se encontraba nadando en alta mar rodeado de delfines. Estaba desnudo y cubierto de escamas, y apenas hablaba. Parecía haber perdido el uso de la palabra y únicamente parecía reconocer una palabra ‘Liérganes’, nombre de su localidad de origen, prácticamente desconocida en Cádiz, a mil kilómetros de distancia de su casa. Nacido literalmente en el río, desde niño dio muestras de una asombrosa capacidad para desenvolverse en el agua. Tras la muerte de su padre, su madre decide enviarlo a trabajar a Bilbao, donde conoció el oficio de carpintero, antes de desaparecer en el río Nervión, donde una noche de San Juan se echó a nadar y no volvió a emerger…

Y, curiosamente, es precisamente en este terreno volátil, donde lo fabuloso y lo histórico se entremezclan, donde Abella encuentra ese espacio en el que fraguar la historia de Francisco de la Vega, en un relato cargado de emoción en el que da rienda suelta a su desbordante imaginación, y donde también resulta fácil apreciar los conocimientos y la documentación exhaustiva que le han permitido levantar una pequeña joya literaria que se saborea en cada página gracias en buena medida a su estilo personal y elegante y a una calidad literaria evidente. La reconstrucción de época que ejecuta resulta impecable y una verdadera exquisitez para cualquier lector que disfrute con la buena literatura y especialmente del género de la novela histórica. Liérganes, su pueblo, recuerda a su singular vecino con una estatua y una placa. El público, ahora, tiene la oportunidad de conocer esta historia real y ficticia simultáneamente saboreando cada página de ‘El hombre pez’.      

El director del ‘Diario de León’, Joaquín S. Torné, ofrece en el libro ‘El periodismo hecho jirones’ (Eolas Ediciones) una reflexión profunda en torno a una profesión que se mantiene en constante evolución, enfrentada a cambios de distinto orden, sujeta a distintos vaivenes, a presiones de carácter político pero también económico y comercial; a retos tecnológicos que hacen que la comunicación tenga cada vez un carácter más instantáneo.

Torné, que durante once años estuvo al frente del rotativo burgalés ‘El Correo de Burgos-El Mundo’, sabe muy bien de lo que habla. Lleva el periodismo en la sangre y su medio natural es la prensa escrita, donde se desenvuelve con extraordinaria soltura y destreza. Con este pequeño ensayo debajo del brazo, se desplazó el 11 de mayo al Instituto Castellano y Leonés de la Lengua para compartir este ‘compendio de reflexiones’, surgido como una serie de apuntes e ideas reunidas para una conferencia que iba a impartir en la Universidad Miguel de Cervantes y que se fue alargando y creciendo, según él mismo contó en la presentación. El impulso que recibió de su editor para ordenar y publicar estos apuntes se convirtió finalmente en este interesante ensayo, útil para aquellos que quieren conocer la profesión por dentro.

Pese al sugerente e informativo subtítulo que ha puesto a esta publicación -‘La dignificación de un oficio convertido en despojos’-, Torné recalca que se trata de un trabajo que aporta un tono optimista; igualmente, defiende el poder y la capacidad de análisis que aporta la prensa escrita y entiende que el periodismo en papel continuará existiendo, ya que sobre todo representa el aporte necesario que contribuye a entender y contextualizar la noticia y que el lector nunca va a encontrar en redes sociales. “El periódico va a seguir existiendo, aunque lo cierto es que probablemente habrá que cambiar su enfoque”, añadió el periodista, que apuntó que el buen periodismo siempre tiene que pagarse.  

Defendió la honestidad como principio que debe regir el trabajo de un informador; entendió el periodismo como reflexión y análisis de la realidad y dejó claro también la dificultad que muchas veces representa hacer ‘periodismo de provincias’, concepto muchas veces denostado pero que representa siempre la realidad más cercana al lector. En su torrente de ideas que aportó en el Palacio de la Isla de Burgos, reconoció como ‘fundamental’ la necesidad de contar siempre con el apoyo editorial de la empresa periodística, circunstancia que resulta imprescindible a la hora de garantizar que la información se publica y sale adelante, asumiendo las consecuencias que puede genera posteriormente.

Acompañado en la presentación burgalesa por el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, José Luis Concepción, y de su sucesor en ‘El Correo de Burgos-El Mundo’, Ricardo García Ureta, Joaquín S. Torné consiguió aglutinar a una buena representación de la sociedad burgalesa. Periodistas, empresarios, políticos y jueces, médicos y público en general se dieron cita en esta presentación en la que el autor quiso dejar también claro que el periodismo se hace día a día, se nutre de múltiples fuentes, y sobre todo, debe tener una característica: ser honesto. Torné defendió también la necesidad de profesionalidad en el ejercicio del periodismo, frente a las elevadas cotas de intrusismo que impide en muchas ocasiones aportar calidad a la información que se sirve. Ser periodista va más allá de subir una fotografía a internet o poner un ‘twit’. Y eso, el autor lo sabe perfectamente. ‘El periodismo hecho jirones’ revela el día a día del periodismo, con sus sinsabores y también su grandeza, que a veces la tiene.  

El profesor y escritor leonés José Manuel de la Huerga recogía el 6 de mayo en el Teatro Zorrilla de la capital vallisoletana el lienzo que el artista palentino Félix de la Vega le ha hecho, y que constituye en sí mismo el ‘Premio de la Crítica de Castilla y León’ que todos los años otorga el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua para premiar un libro de un autor de Castilla y León. ‘Pasos en la piedra’ (Cálamo) es la obra que la ha hecho acreedor de este galardón en su última convocatoria, con el respaldo de un heterogéneo grupo de críticos y periodistas que se han rendido a la novela.

José Manuel de la Huerga (Audanzas del Valle, 1967) no es un novato en el mundo de las letras. De hecho, su irrupción en el mundo literario se produce cuando tenía 18 años. Su primer libro de poemas, ‘Salmos de amor y de batalla’, le convirtió en ganador del ‘I Premio Internacional Juventud de Poesía’. Poco después, en 1992, su relato ‘Conjúrote, triste Plutón’, le hacía acreedor del ‘Premio Letras Jóvenes de Castilla y León. A esta época pertenecen poemas y relatos breves como ‘Llanuras’, ‘Un golpe de dados’, ‘El sereno’ o ‘Veladuras’.

En 1994 algunos poemas fueron incluidos en la antología de jóvenes escritores hispanoamericanos ‘Papeles de viaje’, publicada en México. En 1998, su primera novela ‘Este cuaderno azul’, representó el ‘Premio de Novela Corta Ciudad de Móstoles’. Un año después publicó ‘Historias del lector’, estructurada en veinte relatos, independientes en apariencia pero conectados entre sí, que mezclan el relato erótico con el intimista o el biográfico.

Su siguiente novela, ‘La vida con David’, de 2003, es una distopía futurista, en la que aparecen temas como el control de los ciudadanos por medios electrónicos, la manipulación genética, el mestizaje de la sociedad, la vida como un espectáculo mediático o la usurpación del poder político por un partido único. En 2005 publicó el poemario ‘La casa del poema’, ilustrado por Rafael Vega, finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León.

También de 2005 es ‘Leipzig sobre Leipzig’, una barroca novela en la que confluyen personajes de distintas épocas, como Johann Sebastian Bach o Franz Kafka. En 2010 consiguió el Premio del Concurso de Cuentos ‘Hucha de oro’ con "Un pájaro de invierno". En 2011 publicó ‘Apuntes de medicina interna’, en la que describe medio siglo de historia reciente de España a través de tres generaciones. Tras colaboraciones en obras colectivas, tanto de narrativa como de poesía (Luz negra, 2012), publicó en 2013 ‘SolitarioS’, formada por dos novelas cortas: ‘Ultramarinos El Pez de Oro’ y ‘Naipe de señoritas’, finalista también del Premio de la Crítica en 2014.

Con ‘Pasos en la piedra’ se consolida como referencia en las letras de Castilla y León y él mismo consideraba este premio como un reconocimiento a sus últimas obras publicadas ‘La casa del poema’, ‘Solitarios’ o ‘Apuntes de medicina interna’, finalistas en distintas convocatorias del galardón que concede anualmente el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua.

De la Huerga aprovechaba su intervención también para reclamar una necesaria renovación en el lenguaje, entendiendo que debía encaminarse a recuperar la limpieza, sinceridad y autenticidad perdidas por un uso inadecuado del mismo. Desde luego, que sabe bien lo que dice ya. Filólogo de formación, se dedica desde hace muchos años a la enseñanza de lengua y literatura en un instituto de Educación Secundaria de Valladolid, actividad que compagina con su labor literaria, colaboraciones en prensa, participación en foros de creación literaria y coordinación de talleres de escritura creativa. ‘Pasos en la piedra’ es un libro intenso, que tiene mucho de él. Semana Santa y Transición política se dan la mano en esta obra, ambientada en 1977 en una ciudad castellana, coincidiendo con la legalización del Partido Comunista en España. Una historia de lectura fascinante. Enhorabuena.

La obra del escritor gallego Camilo José Cela y el consecuente y sin duda necesario homenaje a su obra, cuando todavía está viva la conmemoración del centenario de su nacimiento, confluyen en la flamante exposición de carácter bibliográfico ‘De la España perdida. Autores del exilio en ‘Papeles de Son Armadans’, inaugurada el 3 de mayo en el Palacio de la Isla de la capital burgalesa, sede de la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, que tiene al profesor Gonzalo Santonja, director de la fundación, como comisario del proyecto expositivo.

Este homenaje con sello castellano y leonés a uno de los autores españoles más representativos del siglo XX, que vio coronada su carrera literaria con el Premio Nobel de Literatura, se articula a través del recuerdo expreso del trabajo editorial que Cela puso en marcha con ‘Papeles de Son Armadans’, revista literaria que él mismo fundó en 1956, en ‘homenaje’ al barrio mallorquín donde residía, en cuyas páginas tuvieron cabida los escritos de jóvenes autores que se hacían un hueco literario. Pero no solo estos jóvenes escritores se adiestraron en los ‘Papeles de Son Armadans’. Por sus páginas, que se extendieron a lo largo de 276 números en 23 años, aparecieron también artículos en gallego y catalán, además de escritos de muchos autores que sufrieron el exilio en carne propia. Especialmente llamativo resulta que esta revista naciera y creciera durante el franquismo.

Santonja, que mantuvo una relación de amistad con Camilo José Cela, quiso recordar durante la inauguración la labor de unificación que el autor gallego realizó desde su revista, promovida como un intento claro de levantar la bandera del reencuentro con esa España en el exilio. En las vitrinas de la exposición, integrada por una buena representación de números originales de la revista, resulta estimulante seguir el rastro que dejan firmas fundamentales de la cultura y de las letras españolas como Jorge Guillén, Francisco Ayala, José Bergamín, Corpus Barga, Max Aub, Américo Castro o Rafael Alberti, María Zambrano, Manuel Altolaguirre, Juan Ramón Jiménez, Ramón J. Sender y muchos otros.

El comisario de la exposición también reconocía que esta revista literaria se fraguó en tiempos complejos y que la propia publicación de los ‘Papeles de Son Armadans’ resultó una labor arriesgada. “La literatura española del siglo XX escribe capítulos decisivos fuera de nuestro país”, argumentó Santonja en la presentación a los periodistas, convencido de que el trabajo de Cela representó una apuesta por cerrar una de las heridas todavía abiertas, que mantiene un evidente interés intelectual.  

Esta pequeña exposición recoge el esfuerzo de unificación y reencuentro de las dos Españas, con un deseo expreso por la recuperación de aquellos escritores que tuvieron que dejar su casa. Bucear por estas páginas permite acercarse a esa realidad, cuando todavía las revistas literarias suponían un referente intelectual con su peso en la sociedad y en la opinión pública. Especialmente curioso resulta el artículo firmado por Cela en el que se empeñaba en desmentir la muerte del poeta zamorano León Felipe, al que los rumores daban por fallecido en 1959, casi una década antes de que se hiciera realidad. Igualmente interesante resulta la imagen aportada a la exposición por otro maestro de la vanguardia poética de la segunda mitad del siglo XX, Antonio. L Bouza, que el escritor coruñés le regalara hace años, y con quien compartían una buena amistad desde hace años.      

‘Papeles de Son Armadans’ nace en 1956, un momento tumultuoso y convulso tanto para España como en el mundo; un tiempo en el que confluyendo hechos determinantes que cambiaron la historia. Ese mismo año Fidel Castro llegó al poder en Cuba; también por esas fechas se produjo la insurrección húngara y el posterior aplastamiento desde la URSS. Y en España, paralelamente, se producían las primeras revueltas estudiantiles contra el franquismo, que acabarían con la destitución del entonces ministro de Educación, Joaquín Ruiz Jiménez, y de Pedro Laín Entralgo, rector de la Universidad Complutense; el régimen se vio desbordado por una contestación social y estudiantil con la que no contaba. En este contexto de revuelta aquí descrito veía la luz ‘Papeles de Son Armadans’, una pequeña revista literaria que nacía con vocación plenamente integradora. Un proyecto literario que sobrevivió 23 años.  

El Día del Libro’ es un día para la fiesta, la celebración y también para la esperanza... Porque la realidad es que las ventas de libros no solo se mantienen sino que experimentan un ligero crecimiento respecto a otros años. Porque el libro, en papel tiene –afortunadamente- asegurada todavía cuerda para mucho rato y los augurios que especulaban con la desaparición paulatina del libro clásico en papel no podían estar más errados. La realidad es que las esperanzas puestas por el libro electrónico se han quedado en algo poco más que anecdótico, con un estancamiento que no parece que vaya a cambiar.

Es cierto que el ‘e-reader’ está allí, que muchas editoriales ofrecen simultáneamente a los lectores el mismo contenido del libro en papel en formato ‘e book’, y que en la red es posible encontrar ‘pirateados’ muchos de los títulos, sin control, sin pagar derechos y gratis; en definitiva cometiendo un fraude... Pero esta es otra historia.

Se editan muchos libros, se venden y también se leen. Si las cifras que manejan los editores hablan de la publicación anual de 70.000 títulos, lo cierto es que el cálculo supone en la práctica que cada día ven la luz en nuestro país alrededor de 200 libros, una cifra nada desdeñable. Con tal variedad de títulos, géneros, autores y editoriales, no podemos menos que pensar que estamos ante un momento dulce, que puede incluso llegar a mejorar. También es verdad que la literatura convencional ha experimentado cambios y que muchos autores no profesionales compiten en el mismo mercado con otras armas. Un intrusismo que desarma a veces y decepciona, pero que no deja de ser un reflejo de la realidad.

La irrupción de numerosos ‘youtubers’, ‘influencers’, ‘poetas tuiteros’ y rostros televisivos, que tiran del carro de la popularidad en sus gremios para hacerse un hueco en el mercado literario, es una realidad a la que tiene que hacer frente las editoriales, que ven muchas veces cómo el escritor profesional queda relegado a un segundo o tercer plano, en detrimento de este heterogéneo colectivo que crece día a día, aupado en buena parte por internet.

Con este panorama, llegar a vender ‘solo’ 500 títulos resulta a veces un triunfo y muchos autores que disfrutan de popularidad se tienen que conformar con cifras que pueden parecer ridícula., incluso para autores consagrados. Así, resulta francamente difícil vivir exclusivamente de la literatura, circunstancia que se convierte en privilegio de un pequeño grupo de escritores que sí goza del favor del público, y en ocasiones, también de la crítica. Conferencias, colaboraciones periodísticas y otros ‘bolos’ permiten a muchos salir adelante en circunstancias no siempre favorables por todo lo expuesto.

Sin embargo, la industria editorial tiene un inconveniente que es inherente a la esencia del propio negocio y es que nunca se sabe realmente qué es lo que va a funcionar y las sorpresas resultan a veces demoledoras. Muchas editoriales reconocen lo difícil que es acertar ya que nada garantiza que un libro funcione, ni la temática, ni el autor. Las perspectivas puestas en determinados libros acaban fallado y el factor sorpresa está ahí. Libros que parecen tener el éxito garantizado acaban naufragando y tampoco la temática o la fama de determinados autores representa a priori una fórmula de éxito que se traduzca en más ventas. Acertar en este negocio resulta francamente complicado y autores que triunfan en televisión fracasan y lo mismo sucede a veces con otros que disfrutan de miles de seguidores en redes sociales. Lo cierto es que nadie sabe qué es lo que funciona realmente y por qué. Encontrar superventas resulta a veces tan difícil como encontrar una aguja en un pajar. Por todo esto, creo que la celebración del ‘Día del Libro’ resulta siempre necesaria para reivindicar ese amor por la lectura que siempre debe acompañarnos en nuestra trayectoria vital.