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Elementos filtrados por fecha: Febrero 2018

El ‘Premio de la Crítica de Castilla y León’, veterano galardón literario instaurado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, vuelve un año más –y ya son dieciséis consecutivos- a reconocer la calidad del trabajo literario de los escritores de Castilla y León, comunidad extensa geográficamente, cuna del castellano y espacio físico donde prolifera la literatura de calidad, en el que conviven distintos estilos y tendencias. Autores veteranos conviven con jóvenes promesas de las letras y publican de firma habitual. La producción literaria vinculada a Castilla y León resulta variada y los miembros del jurado que participan en este encuentro.

Veteranos de las letras conviven en armonía con jóvenes valores que aportan nuevos bríos a una literatura que siempre ha estado viva, que ha gozado del favor del público y que lejos de limitarse o considerarse a sí misma como una literatura ‘autonómica’, mira más allá; sus autores publican y venden en todo el país o incluso fuera de las fronteras nacionales, obras que en muchos casos son traducidas y encuentran un hueco en lectores de otras latitudes.


Ávila vuelve a ejercer de ciudad anfitriona para acoger de nuevo el encuentro de los miembros del jurado encargado de discutir y dictaminar sobre la calidad y las cualidades que poseen los libros que han llegado a la recta final, después de numerosos debates y lecturas por parte de los críticos; una difícil pero siempre imprescindible criba que ha dejado en diez los títulos finalistas de una convocatoria en la que figuran ejemplos de distintos géneros como son el ensayo, el microrrelato, la novela o la poesía. Títulos todos ellos publicados durante 2017, que durante ese tiempo han llegado a los lectores de la Comunidad.
Hace unos pocos días, la organización daba a conocer la opinión final de los miembros del jurado. Están nominados Rubén Abella con 'No habría sido igual sin la lluvia', Enrique Andrés Ruiz con 'La carroña'; José Luis Cancho, con 'Los refugios de la memoria'; Verónica Fernández, con 'La librería de Michelle'; Avelino Fierro, por 'La vida a medias', Luis Ángel Lobato, con 'Unos ojos en la travesía', Luis Mateo Díez por 'Vicisitudes', Andrés Martín con 'Boreal', Gustavo Martín Garzo por su ‘No hay amor en la muerte' y Ángel Vallecillo con 'Akúside'. Obras todas ellas de indudable calidad que aspiran a hacerse con uno de los premios literarios más prestigiosos de la Comunidad.


De nuevo, el Palacio de los Verdugo de la capital abulense será el lugar donde se concentren durante unas horas los miembros del jurado para poner puntos en común y decidir cuál de estos finalistas merece ser el nuevo ‘Premio de la Crítica’. El miércoles 28 de febrero es la cita.

El libro antiguo es un bien perseguido y codiciado. Buscar ‘tesoros bibliográficos’ escondidos entre los restos de ediciones de las conocidas popularmente como ‘librerías de viejo’, en estanterías semiocultas y de acceso no siempre sencillo, constituye un interesante divertimento para todos aquellos que disfrutamos con la lectura y que también tenemos el hábito de brujulear en busca de pequeños tesoros, de títulos que no se limitan exclusivamente a la última novedad editorial, al autor de renombre o al best seller de turno.

Ediciones que se creían perdidas, autores ‘desaparecidos’, libros descatalogados y muchas veces olvidados, se pueden localizar en un espacio concreto gracias al esfuerzo de un puñado de librerías que trabajan en el segmento del libro antiguo, que saben que su producto sigue siendo demandado y buscado con ahínco por muchos lectores que buscan hacerse un hueco. Con esta premisa como punto de partida, la Asociación de Libreros de Burgos viene apostando desde hace años por cubrir este hueco y atender a las demandas de este extenso conjunto de lectores, que encuentran en este tipo de comercio un producto de difícil acceso, que sigue teniendo interés y que resulta para muchos interesante.

Con este punto de partida, resulta de justicia elogiar la labor que viene promoviendo desde hace ya 16 años este colectivo profesional burgalés a la hora de dar a conocer este producto, que tiene al céntrico Monasterio de San Juan de la capital burgalesa como foco en el que se dan cita obligada a mediados de febrero un puñado de librerías de distintos puntos de España, fieles a un encuentro con el público que representa una apuesta por consolidar el libro antiguo. Una cita obligada para muchas de estas librerías, que comparten su entusiasmo con el público, y que ofrecen un producto muy específico y, casi siempre, de difícil comercialización. Las numerosas novedades que saturan el mercado y la breve vida del libro convencional son algunas de las razones que llevan en muchas ocasiones a dejar aparcado el libro antiguo.

Y en este foro siempre es posible encontrar más que libros. Conferencias, concursos, talleres de caligrafía o conciertos son alguna de las actividades paralelas vinculadas siempre con esta actividad comercial programadas para atraer al público al claustro burgalés. Desde el 15 al 18 de febrero, siete librerías de viejo muestran sus joyas y curiosidades bibliográficas este año. Manuel Ortega-Inés Roig Coleccionismo (Barcelona), las librerías anticuarias Delstres (Barcelona), Asilo del libro (Valencia) y Lyda (Burgos); Alberto Santos Editor (Madrid), Libros Roales (Cantabria) y Siloé Arte y Bibliofilia (Burgos) extenderán sus puestos durante los cuatro días que dura el salón.

Y el debate de los orígenes del español siempre tiene cabida en este encuentro. En esta ocasión, el profesor de la Universidad de Valladolid Mauricio Herrero Jiménez, titular de Prehistoria y Arqueología, Antropología Social y Ciencias y Técnicas Historiográficas de esa universidad ha sido el invitado a este foro, de la mano del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, entidad que colabora desde hace años con la organización, para ahondar en este apasionante debate en el que Burgos tiene un protagonismo mayúsculo.

Salmantino de adopción y zamorano de nacimiento, el profesor y escritor Luis García Jambrina regresa de nuevo a la literatura de la mano de su personaje fetiche, el escritor Fernando de Rojas, autor de La Celestina, al que se su pluma ha convertido para deleite del público en sagaz detective –‘pesquisidor’, realmente- al que recurren los poderosos para investigar crímenes ‘complicados’. Los lectores que conocen el quehacer literario de García Jambrina saben bien de lo que les hablo.


‘El manuscrito de fuego’ (Espasa) es el título de la nueva novela histórica que acaba de publicar Garía Jambrina, libro que cierra la trilogía iniciada hace ahora diez años con ‘El manuscrito de piedra’ (2008) y que continuó dos años después con ‘El manuscrito de nieve’ (2010). De nuevo, García Jambrina ha agitado con fuerza su coctelera literaria y ha mezclado con sabiduría los mismos ingredientes que tan buenos réditos le dieron con los dos primeros ‘manuscritos’. Combinar intriga detectivesca, recurrir a una estupenda ambientación histórica y construir un conjunto de personajes, muchos de ellos reales, bien definidos y que tienen gran peso en el conjunto de la narración, han sido los ingredientes a los que ha recurrido una vez más el autor en su nueva creación, que acaba de llegar ahora a las librerías.
Esta nueva novela histórica constituye el fruto de un exhaustivo trabajo de documentación que ha permitido al autor erigir un relato histórico en el que novela un episodio real, el asesinato del bufón del emperador. En esta ocasión, García Jambrina da un nuevo giro literario y lleva a un Fernando de Rojas entrado en años y ya retirado a investigar el asesinato de Don Francés de Zúñiga ‘Francesillo’, irreverente bufón de Carlos V, humorista oficial y también confidente del emperador y una de las pocas personas con capacidad para hablar en libertad ante él sin miedo a represalias.


La trama, que arranca en 1532 en Béjar, donde es asesinado ‘Francesillo’, surge cuando la emperatriz Isabel de Portugal encarga a Fernando de Rojas la investigación de este crimen, una tarea difícil que conduce al lector por los entresijos de una época tan fascinante como escandalosa, donde podrá conocer mejor los secretos que esconde la Universidad de Salamanca, o viajar hasta la villa vallisoletana de Medina del Campo. El lector se sumerge en la complicada vida de ‘Francesillo’, personaje histórico, que pese a gozar del poder real, tuvo también numerosos y poderosos enemigos que envidiaban su poder y privilegio.


La investigación que emprende Rojas le llevará hasta la capital salmantina, donde tendrá que enfrentarse a numerosos obstáculos y retos, como buscar un manuscrito misterioso o descifrar una de las obras más hermosas y enigmáticas del arte renacentista: la fachada de la Universidad de Salamanca. Ficción e historia se dan la mano en este trabajo literario en el que también resulta posible vislumbrar las siempre complejas relaciones mantenidas entre el poder civil y la poderosa Iglesia católica o la rivalidad que enfrentaba a la vieja nobleza castellana con los gobernantes educados en Flandes y que llegaban a España en la corte del monarca, en una nube de recelo.


Su acción investigadora también llevará a Francisco de Rojas en un periplo que arranca en Béjar, continúa en Salamanca y prosigue en Medina del Campo, enclaves en los que transcurre buena parte de la acción de un relato en el que también se vislumbra la capacidad de la religión como elemento que impregna el conjunto del libro. El autor reivindica también en las páginas del libro una figura que ha sido olvidada por la Historia; la de Isabel de Portugal, reina y emperatriz consorte. Casada en 1526 con Carlos V, su figura se vio en buena parte eclipsada por la de su marido pese a haber gobernado en su nombre en los periodos en los que éste permaneció fuera de España. Un retrato de un país que era referencia en el mundo conocido.

El renovado Teatro Apolo de Miranda de Ebro ha acogido en enero cuatro representaciones de ‘1012. El Fuero de Nave de Albura’, obra de carácter teatral que es fruto de años de trabajo y del compromiso y la implicación de numerosos colectivos ciudadanos y asociaciones vinculadas al mundo de la cultura. Basada en un libreto firmado a dos manos por los mirandeses Nicolás Dulanto y Javier Villegas, se trata de un texto original que bucea en los orígenes de la ciudad y que nace con la idea de convertirse en una nueva seña de identidad y en una cita fija en la agenda cultural de la ciudad burgalesa.
‘1012. El Fuero de Nave de Albura’ es el resultado de años de trabajo y esfuerzo colectivo, una propuesta que ha implicado sobre el papel a numerosos colectivos locales vinculados al mundo de la cultura, que han creído en un proyecto que bucea en la historia de la ciudad. Que echa la vista atrás en el tiempo más de mil años con una historia que rescata una porción de la historia local a través de la recreación de hechos de carácter histórico. La obra recupera en formato teatral lo que fue y significó el citado fuero (privilegio de inmunidad), que afectaba a la zona de la Nave, muy próxima a Miranda, donde entonces había un puerto fluvial de importancia, y que en la actualidad es la desembocadura del río Oroncillo.
La historia que recoge Dulanto en su texto refleja cómo en la villa de la Nave, cercana al actual casco urbano de Miranda, se produjo un homicidio y el sayón (oficial de administración de justicia) y varios merinos (alguaciles) del rey intentaron cobrar una multa por tales hechos, ante la negativa de los señores de la Nave, que alegaron que la localidad disponía de fuero propio lo que representaba disponer de independencia judicial para actuar. El Conde de Castilla, Sancho García, había otorgado años atrás dicho privilegio, que ratificaba el derecho de las autoridades locales a investigar y juzgar cualquier tipo de delito. La trama está servida.
Desde el primer momento, el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua se implicó en impulsar este proyecto teatral, que ha llevado finalmente a buen puerto y que espera tenga una continuidad en el futuro. “Lo que defiende el Fuero de Albura era el derecho que tenían los locales respecto a cualquier intervención judicial que viniera de fuera del territorio”, aseguraba el autor de la obra, Nicolás Dulanto, horas antes del estreno, acompañado por Javier Villegas, coautor y codirector, Gonzalo Santonja, director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, y Montserrat Cantera, concejal de Cultura de Miranda de Ebro. Las instituciones implicadas quisieron sumarse a la presentación de esta propuesta teatral que había conseguido despertar la lógica expectación del público local, que tenía la oportunidad de acercarse a una porción de la historia de su ciudad, que hunde sus raíces en la Edad Media.
“Nave de Albura existía antes que la propia ciudad y fue el origen y germen de Miranda”, sentenció Dulanto, Villegas, por su parte, subrayaba el carácter ambicioso de la propuesta así como su capacidad de involucrar y entusiasmar a numerosos mirandeses. En este sentido, se deshizo en elogios ante el trabajo de dirección de Susana Ruiz, directora teatral, que afrontó el hecho de que muchos de los actores se subían por vez primera a las tablas de un escenario.
Santonja tuvo palabras de elogio ante este proyecto, encantado de volver a Miranda, “villa importantísima, cargada de historia y con un pasado, un presente y un futuro literario e intelectual que el instituto siempre ayudará para que sea sólido y se pueda desarrollar a tenor de lo que su historia exige”, apuntó.
Sí es importante y necesario mencionar un hecho objetivo; que la sociedad mirandesa en su conjunto se ha implicado de manera decidida en ‘1012. Fuero de Nave de Albura’, un proyecto que partía de cero. De hecho, el Cuadro Artístico Mirandés, Estudio 46, Farándula Teatro, Teatro Aquende, la Asociación Fuerza y Honor de Santa Gadea, junto a los grupos de danzas Jacinto Sarmiento, Familia Castellana, Anduriña y Trotamundos han querido formar parte de esta representación, en la que ha colaborado también la Fundación Cantera Burgos. Los mirandeses se han volcado con su ciudad, con una historia que va más allá de las propias fronteras locales y que esperan seguir disfrutando en un futuro.