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Saludos de mis partes. La reflexión de hoy me lleva lejos, algo así como un tiempo en el que yo ni siquiera era un plan en la historia de vida de mis padres.


Si hay algo que abunde en la lengua cervantina, es la ingente cantidad de las expresiones, frases hechas, chascarrillos y juegos de palabras hijos del refranero popular español. “Si es que valen pa’ to”, como diría mi abuelo (y el de cualquiera). Sin embargo, y como reza el título de este artículo, existen ciertas expresiones que han venido diciéndose de un tiempo a esta parte, no más de treinta años, que deberían ser eliminadas, prohibidas, exterminadas de la faz de la tierra instantánea y definitivamente.


Si usted aún no sabe a qué se debe tamaña firmeza en mis declaraciones ni a qué expresiones me estoy refiriendo, remítase a la foto que acompaña estas líneas. El digamelón ha hecho más daño a este país que los cuñados. Así que imagínese la convergencia de tales conceptos. Hacen las delicias de cualquier cómico de domingo por la noche poco inspirado.


No sé a qué esperan los ilustrados miembros de la academia a investigar en profundidad de este asunto, pero a estos pseudocalambures o semiacrónimos se les pasó la fecha de caducidad antes casi de haber sido ingeniados. Lo peor de todo es que son contagiosos, muy en cuarentena tiene que estar uno para no caer en sus garras. Lo digo por experiencia, que den fe de ello los que me conocen bien.


Hay decenas de ellos, de todos los tipos y clases, por lo que me ha resultado difícil hacer una selección fiable y representativa. Finalmente, me he decidido por aquellos que, lo reconozco, he terminado utilizando en mis propias carnes (y no pocas veces).


El digamelón (‘dígame + melón’) es un clásico, siempre de la mano del efectiviwonder (‘efectivamente + Stevie Wonder’). Otro que apesta a antigualla es el de ya ves truz (‘ya ves + avestruz’), amigo íntimo de estos dos anteriores.


Otro caso de ranciedad españolita es el de aquí andamios (‘aquí andamos + andamios’), término que, gracias a Dios, no tiene nada que ver con los piropos de grúa escupidos por el obrero machito de turno. Una recopilación de estos daría para libro.


Dos expresiones, las cuales no he utilizado nunca, menos mal, que pueden dar pudor, rechazo y hasta asco es el de Nos salen granos de verte (‘nos alegramos de verte’), a mi parecer, el más prohibible de esta lista. Asimismo, decir parece menterio, resulta tan absurdo que hasta consigue arrancarnos esa risilla tonta.


Y bueno, ya si juntamos la ranciedad, los cuñadismos (firme candidata a palabra del año en 2016, y esto lo digo en serio) y los machismos micro, tenemos las gemelas Hace un calor que te torras y hace un frío que te titas. No quiero ni explicarlos. Deduzcan y juzguen ustedes mismos.


En fin, no quiero pecar de haterismo, si en el fondo yo soy la primera que se ríe con estos chascarrillos de padre y abuelo y cuñado. Corramos un estúpido velo sobre este asunto y que la tormenta pase. Hasta huevo, amigos.

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