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Hace tiempo que llevo dando vueltas al tema de las melopeas. Sin embargo, tranquilos, porque ahora no voy a comentar las moñas que se cascan en la actualidad por ejemplo, los adolescentes y su práctica tan común los fines de semana, sino de lo rico que es el léxico en cuestiones de cogerse la cogorza. Al igual que la palabra “cerdo”, que también cuenta con una gran variedad de sinónimos, la castaña que nos agarramos en una noche de locura y de desenfreno con nuestros amigotes un sábado por la noche también tiene lo suyo. Yo no sé si ahora se tiene menos tolerancia al alcohol, o por el contrario, se bebe mucho más, pero a mí me llama la atención las mezclas tan extrañas que piden las personas en los bares, y que luego se beben para achisparse, como si se trataran de aquelarres de brujas haciendo una poción mágica para conseguir un determinado fin. En este caso: mamarse. No sé si ahora se bebe más para olvidar las penas, pero lo cierto es que a menudo todos los viernes, sábados y domingos encuentro a personas durmiendo la mona en portales, bancos, paradas de autobús o parques. A mí me parece bastante triste que haya personas que beban como bestias y luego, lleven tal merluza que no consigan llegar a sus respectivas casas para pasar el estado de ebriedad.

La verdad, y desde mi punto de vista, dan una imagen bastante lamentable. Entonces, yo me pregunto, si no saben beber con precaución, ¿por qué no se pillan una clandestina al calor de sus hogares? Al menos, así cuando se mearan y vomitaran lo harían en sus casas, y luego podrían dormir la mona al calorcito, y no en plena calle donde el resto de personas vemos la trompa que llevan. Yo no digo que no se beba, pero si bebemos, que sea con moderación y no hasta llevar una torrija importante.

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