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Muchas son las palabras que hemos incorporado de otras lenguas al castellano, y no sólo me refiero al léxico prestado de las lenguas peninsulares como el gallego (changa, morriña, bacelar, etc.), el vasco (izquierda, boina, mochila, etc.) o el catalán (alioli, butifarra, borracho…), sino también abundan en nuestra lengua arabismos (almohada, aceituna, adoquín…), americanismos (patata, hamaca, maíz, etc.) o germanismos (ganar, robar, guerra, etc.) entre otros muchos. Todos estos ejemplos son préstamos lingüísticos, un procedimiento que utilizamos a menudo para enriquecer nuestro vocabulario. En concreto, el préstamo léxico es el más frecuente, y se produce cuando aparecen por primera vez términos que no existen en nuestra lengua. Desde mi punto de vista, considero que estos préstamos lingüísticos, siempre que contribuyan al enriquecimiento de la lengua, son bienvenidos. Sin embargo, puede ocurrir el efecto contrario: palabras que ya existen en nuestra lengua vayan dejándose de usar y desapareciendo por el uso de extranjerismos. Este fenómeno se puede apreciar muy bien con los anglicismos. Debido a la gran influencia que ejerce el inglés en la actualidad, muchas palabras, sobre todo del mundo de la televisión (reality show, casting tráiler, spoiler…), la tecnología y la comunicación (email, ebook, pasword…), la moda (jeans, casual, shorts, trendy…) o los negocios (lobby, business, stock…), se han incorporado en nuestra lengua. Como resultado, cada vez es más frecuente que las personas utilicemos anglicismos en vez de usar su alternativa en español. Y es que amigos, mientras que para algunos el uso del inglés es un rasgo de distinción y modernidad, para otros es pedantería. A propósito de todo esto, la Real Academia Española (RAE) lanzó una campaña para criticar esta moda y defender el uso de términos en español siempre que sea posible.

En el párrafo anterior hemos visto algunos ejemplos de anglicismos en los distintos ámbitos de la vida, pero el poder de esta lengua va muchos más allá. Así, tenemos anglicismos en el campo semántico de la comida (táper o hot dog) o el deporte (runner, córner…), entre otros muchos. Después de todo esto, creo que hay que tener mucho cuidado y no tomarnos este tema a la ligera. Ya no sólo porque desaparezcan palabras de nuestro rico idioma, sino porque estamos perdiendo de esta manera nuestra identidad y lo que nos une. Es decir, nuestra lengua, el español. Un idioma hablado por millones de personas alrededor del mundo. Del mismo modo, debido al empleo excesivo de estas palabras inglesas, estamos dejando excluidas a otras tantas personas que no conocen y no tienen por qué conocer la lengua inglesa, como son nuestros abuelos o padres. Esto a mi juicio es una manera más de discriminación, porque diferenciar a las personas y considerarlas modernas o no ya sea por el color, la moda o el dominio de un idioma me parece absurdo y ridículo, y con más razón si se trata, como en este caso, de una lengua que no es la nuestra. Por ello, de cada uno de nosotros depende elegir una palabra de origen inglés o una más propia española.

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