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A lo largo de nuestro blog nos dedicamos a los temas diversos del mundo lingüístico de la lengua española y si leemos atentamente el nombre de este, nos fijamos en el término virgulilla. Virgulilla es un signo ortográfico peculiar de nuestra lengua, estrechamente relacionado con la letra n. Su unión forma una de las representaciones gráficas más simbólicas del castellano, en una única letra, la letra ñ, se refleja la historia y la cultura española, quizá la razón principal por la que el Instituto Cervantes la eligió como protagonista en su logotipo para representar su espíritu. Pero ¿cómo apareció en español? Para descubrir su origen en lengua española hace falta que echemos un vistazo a la evolución del fonema nasal platal /ɲ/ que hoy en día representa esta letra.


La ñ es la decimoquinta letra del abecedario español y para saber más sobre ella debemos retroceder a la Edad Media, a la época cuando el latín poco a poco cedía al romance. El latín no conocía ni la letra ni el sonido característico de la eñe, sin embargo, con la aparición de la yod en la lengua hablada, las cosas cambiaron. La yod es un un término lingüístico que se usa para designar los sonidos palatales que aparecieron durante la evolución del latín al español (romance) en la época medieval y que tuvieron varios influjos en la lengua. Uno de estos influjos fue también la palatalización de las consonantes que se encontraban en un estrecho contacto con la yod, así, mediante este proceso surgieron en español medieval nuevas consonantes, las palatales, entre las que encontramos también nuestra nasal palatal /ɲ/.
Ya sabemos cómo se originó el fonema, ahora nos toca explicar cómo evolucionaron las grafías que este fonema representaban hasta llegar a la grafía actual. El origen de la letra ñ se debe a la necesidad de representar gráficamente un sonido nuevo, el susodicho fonema nasal palata. Los escribas, por eso, tuvieron que inventar formas nuevas para transcribir este fonema en los textos. E inventaron tres formas diferentes: nn (anno-año), gn (lignu-leño) y ni (Hispania-España). Así, en un mismo texto podíamos encontrar las tres variantes del nuevo fonema. No obstante, los transcriptores que usaban la ene geminada pronto empezaron a usar una forma más económica, una sola ene con una vírgula encima que fue ondulándose, quizá por razones estilísticas, lo que le dio nacimiento a la virgulilla actual.

Estas tres formas gráficas (ñ, gn, ni) del fonema nasal palatal perduraron hasta el reinado de Alfonso X el Sabio del siglo XIII. El rey realizó la primera reforma ortográfica del castellano con el fin de unificar y economizar la lengua y, en cuanto a las tres variantes gráficas del fonema nasal, optó por la letra ñ. El uso de la letra se extendía poco a poco y al final del siglo XV, en 1492, cuando Nebrija la incluyó un su gramática, la primera del castellano, su uso se fijó en la lengua castellana. Desde aquel tiempo ya no cambió nada y la letra la usamos en español hasta nuestros días.


Así fue la evolución de la letra eñe y con ella relacionada aparición de la vírgula que la caracteriza tanto. Sin embargo, conviene decir que otras lenguas románicas eligieron su propia forma de representar el sonido. Por ejemplo, el italiano y el francés adoptaron la forma gn (spagnolo, espagnol), mientras el catalán se quedó con la ny (espanyol).

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