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El artículo de hoy será corto. Seguramente se les ha ocurrido alguna vez que les huyó la musa. La mía se fugó ayer y creo que, aunque en un tiempo tan corto, consiguió huir a tierras muy lejanas. Quizá haya excavado un hoyo en Antártida donde se esconde y está esperando cuando la encuentre. Pero yo todavía no tengo fuerzas para buscarla. Me costaría mucho trabajo. Y trabajo significa sufrimiento. ¿Sabían eso?

Así es. La palabra trabajo es un derivado de trabajar que procede de la palabra latina tripaliare. Y continuamos. Tripaliare viene de tripalium que es un compuesto de tri “tres” y palium “palos”. Y tripalium era una especie de cepo hecho con tres (tri) palos (palium) que se utilizaba para amarrar a los esclavos rebeldes para azotarlos.

trabajo

Así, le relación de trabajo con tripalium es de “sufrir”. La palabra trabajar se aplicaba a cualquier actividad que producía dolor corporal, pues cuando nació, la mayoría de la población trabajaba en los campos, es decir, trabajaba físicamente, lo cual les hacía sentir dolor (de espalda, sobre todo) como si hubieran sido apaleados. La relación entre el trabajo y el dolor era entonces muy, muy, muy, estrecha.

Y lo que yo siento hoy no es un dolor físico, sino mental. En nuestros días la palabra adquirió una nueva dimensión, o, al menos, en mi caso. Mucha gente hoy trabaja no físicamente, sino mentalmente. El avance tecnológico e informático va de la mano con las mayores exigencias mentales e intelectuales, frente a las exigencias físicas de los trabajos más tradicionales. La gente tiene que pensar casi todo el día, no tiene tiempo para apagar su cerebro, el estrés sube y eso duele mucho. Pero el dolor físico no desapareció completamente. Da tanto sentarse ante los ordenadores, con los que la gente hoy en día trabaja tanto, duele la espalda (este dolor nos persigue), duelen los ojos, duele la mano con que manejamos el ratón que mueve la flecha en la pantalla que nos permite hojear entre las páginas virtuales, duele la cabeza.

Por eso, por hoy apago el ordenador y el resto del día no voy a “sufrir”. Solo voy a respirar la atmósfera navideña.

¡Qué tengan unas felices fiestas y…descansen!

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