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Sobre la unicidad del español ya hemos hablado en el artículo dedicado a la letra ñ. Ahora les quiero demostrar que no me equivoqué y que el español es verdaderamente un idioma particular. Hoy vamos a hablar sobre los signos de interrogación y exclamación.


¿Y qué interesante hay en estos signos? No sé si lo sabían, pero el español es la única lengua en el mundo en la que los signos de interrogación y de exclamación son dobles, es decir, que en español, a diferencia de todas otras lenguas, se colocan no solo al final de la frase, sino también al principio de la misma. Solo en español existen los signos de interrogación y de exclamación invertidos (¿¡) que abren las frases interrogativas y exclamativas, lo que es también la razón por la que los llamamos signos de apertura (y los signos “normales”, no invertidos, los denominamos signos de cierre).


Los signos de cierre ya son abuelos en comparación con los de apertura. El signo de exclamación (hasta el 2014 denominado “de admiración”) ya se encontraba en los manuscritos latinos medievales y el de interrogación apareció entre los siglos VIII y IX. Fue diez siglos más tarde, concretamente en 1754, cuando la Real Academia declaró en su segunda edición de la Ortografía obligatorio iniciar las preguntas largas con el signo de apertura de interrogación y terminarlas con el signo de cierre ya existente. La razón es simple, este signo evita la confusión al leer oraciones largas, puesto que con este signo ya desde el principio sabemos el sentido y tono interrogante con que debe leerse la frase. Entonces este signo (¿) hizo su invasión. Sin embargo, no fue todavía necesario usarlo si la oración era corta. Pero ¿cuándo es una oración corta y cuándo larga? ¿Dónde hay la frontera? La decisión es subjetiva y, en aquel tiempo, cada uno lo interpretaba a su manera una vez poniendo el signo invertido en sus textos y otra vez no. Por eso, en 1870, la Academia solucionó este asunto haciendo obligatorio el uso del signo de apertura (¿) en todas, absolutamente todas las preguntas, sean cortas o largas.


El signo de apertura de exclamación (¡) apareció un poco más tarde que el de interrogación. Pero su evoluciones se parecen: primero se usaba solo en las oraciones largas (desde 1770) y después, en todas las exclamaciones. Para estar más concreta, su reconocimiento oficial como signo doble llegó al Diccionario en 1884.
Y al final algunas reglas ortográficas.


Primero, estos signos dobles hay que escribir siempre en los textos españoles, no basta poner solo el de cierre imitando otras lenguas que carecen de esta especificidad española. El uso de un solo signo es incorrecto. ¿Qué estás cocinando? *Qué estás cocinando?


Se escriben sin espacio de separación respecto de la primera y la última palabra del período que enmarcan y con un espacio de separación respecto de las palabras que los preceden o los siguen. ¡Abre la ventana!_Tengo calor. Sin embargo, cuando lo que sigue al signo de cierre es otro signo de puntuación, se escriben sin espacio de separación: ¡Buenos días!, ¿has dormido bien?


No es posible la aparición de un punto después de un signo de cierre. La palabra siguiente ha de comenzar necesariamente con mayúscula: ¿Tienes hambre? Voy a cocinar el pollo.

Se recomienda colocar el signo de apertura donde comience la pregunta o exclamación: Tú no tienes ni idea de que hablo, ¿verdad?

No se coloca la coma detrás de “pero” si va seguido de una oración interrogativa o exclamativa: Pero ¿qué dices?

Si la exclamación está compuesta por elementos breves que se duplican o se triplican, todos ellos se insertan conjuntamente entre ambos signos: ¡Ja, ja, ja!

Pueden combinarse los signos de interrogación y de exclamación cuando el sentido de una oración es interrogativo y exclamativo a la vez. Hay dos posibilidades: abrir con el signo de exclamación y cerrar con el de interrogación, o viceversa: ¡Cómo te has atrevido? / ¿Cómo te has atrevido!; o abrir y cerrar con los dos signos a la vez: ¿¡Qué estás diciendo!? / ¡¿Qué estás diciendo?! Se recomienda esta última opción.

En determinados tipos de textos, se pueden escribir dos o tres signos de exclamación con finalidad enfática: ¡¡¡Traición!!!

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