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En checo, mi lengua materna, son fonemas absolutamente distintos. La representa una oclusiva bilabial sonora, mientras la , una fricativa labiodental sonora. En suma, la y la son dos letras donde cada una representa un sonido particular, cosa que no conocemos en español… ¿o sí?


Hay gente que piensa que una letra (un grafema) necesariamente representa solo un fonema (sonido particular) y no puede haber más letras que representen ese mismo sonido, por eso, hay gente que piensa que la letra tiene su pronunciación particular de la misma manera como la tiene la letra , es decir, son letras gráficamente distintas, así, deben de pronunciarse de forma distinta. Esta gente se equivoca.
El sistema alfabético español no es tan estricto. En español a un único grafema, a una única letra pueden corresponder dos sonidos (por ejemplo la en palabras como goma, girar) y también dos grafemas pueden representar un único sonido, caso de nuestras letras y (o, por ejemplo, de “c”, “z” y “s” en zonas seseantes). De esto resulta que “a ver” y “haber” son ejemplos por excelencia de homofonía.
Pero ¿por qué alguien distingue la pronunciación de estas dos letras? ¿Tiene eso algo que ver con la evolución del español desde latín? ¿Se pronunciaban de manera distinta en algún momento de la evolución del español? Vamos a ver.


El castellano proviene del latín y así más o menos heredó sus usos en la escritura, es decir, las palabras latinas sí se transformaron al llegar a la forma que hoy en día conocemos en español, pero estos cambios no eran tan radicales, la base de la palabra se queda casi la misma. Si en latín usaban “palomba” nosotros tenemos “paloma”. ¿Por qué complicarse la vida escribiendo esta palabra con letras distintas? Y de igual manera ocurrió con nuestras dos letras. Simplemente: donde en latín había una la hay también en castellano (bibere → beber) y donde había una , la también encontramos en castellano (vivere → vivir). Y en cuanto a la pregunta si se pronunciaban alguna vez distintamente, la respuesta es sí, pero solo en latín, no en el romance (así denominamos la lengua derivada del latín de la que evolucionó nuestro idioma). En latín existían la “b” (bibere → beber), que se pronunciaba como hoy en día, y la “v” que equivalía a la letra “u”, es decir, la “v” y la “u” eran dos letras que representaban el mismo sonido, en este caso, el de la nuestra vocal “u”. En torno al siglo I d.C., este sonido vocálico empezó a hacerse consonántico, o sea, la palabra “vino” se dejó de pronunciar como “uino”, sino algo parecido a “bino”. Y cuando surge el castellano en la Edad Media, se pronuncian la “b” y la “v” igualmente, como lo hacemos hoy.


Y si quisiéramos ser todavía más exactos: desde la Edad Media cada una de nuestras dos letras representa dos sonidos un poco distintos (alófonos), desapercibidos para los hablantes. Siempre depende de la posición. Si la “b” o la “v” es la inicial absoluta o si se encuentra tras una consonante nasal, su sonido es más fuerte, concretamente se trata de una oclusiva [b]. Aparece por ejemplo en las palabras “vaca” o “botella” si las pronunciamos aisladamente. El segundo sonido es más suave, fricativo [β]. Este surge cuando estas grafías se hallan entre vocales o luego de una consonante que no sea nasal, como por ejemplo en “lavar”, “la vaca”, “lobo” o “alba”.


Conclusión. Las letras “b” y “v” del alfabeto español son letras diferentes cuyo sonido suena igualmente, así, nunca las deberían pronunciar diferentemente. Pero aunque suenan igual, ¡¡¡no cometamos errores ortográficos confundiendo una por otra, la baca no es la vaca!!!

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