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Como estudiante del español me enseñaron en el instituto que las profesiones terminadas en la vocal -o forman su equivalente femenino, en la mayoría de los casos, cambiando esta terminación en -a.

Así:
el arquitecto > la arquitecta
el bombero > la bombera
el ginecólogo > la ginecóloga
el médico > la médica
el ingeniero > la ingeniera

También me dijeron que hay ciertas excepciones a esta regla (pero pocas) como, por ejemplo, “modelo”, “testigo” o “miembro”. Estas palabras aunque terminan en la -o, no forman el femenino sustituyendo esta terminación por la -a, sino son invariables, son de género común, es decir, tienen una sola forma para ambos géneros gramaticales y lo único que marca la diferencia del sexo son los determinantes y adjetivos. Entonces se usa: el/la modelo (no “la modela”) el/la testigo (no “la testiga”) el/la miembro (no “la miembra”).


Y no terminaron en su discurso. Me explicaron también que entre las palabras del género común pertenece la mayoría de los sustantivos terminados en la -e: el/la estudiante, el/la conserje, el/la dibujante, etc. (aunque también aquí existen excepciones: el jefe, la jefa; el presidente, la presidenta; el cliente, la clienta) y los sustantivos terminados en -ista y -iatra: el/la taxista, el/la dentista, el/la pediatra o el/la periodista.


Sin embargo, algunas realidades me hicieron dudar sobre la veracidad de todo esto. ¿Tenían mis profesores lagunas en su conocimiento?

Primera duda vino cuando, ya en la universidad, mi profesor de literatura empezó a presentar la novela de Leopoldo Alas, la Regenta. ¡¿Cómo?! ¿La regenta es la mujer del regente y no la mujer que desempeña este cargo? Otras dudas me rodearon al escuchar algunas mujeres decir frases tipo: yo soy la médico/arquitecto/técnico/juez/jefe/presidente. ¿No son exactamente esos ejemplos de los que me dijeron que se escriben con la -a al final?


Empecé a buscar las respuestas y encontré cosas interesantes. Pero lo importante es que lo dicho de parte de mis profesores era y es absolutamente correcto. Vamos a ver la verdad.
Las palabras de género femenino como regenta, concejala, jefa, sastra, alcaldesa, ministra, médica, jueza o presidenta antes no designaban cargos desempeñados por las mujeres, sino su cargo de ser mujer del hombre que este cargo desempeñaba. La razón es sencilla. Antes simplemente no había mujeres ejerciendo esos empleos. Por tanto, no existía ninguna necesidad de nombrarlos. Así, la terminación -a en estas palabras significaba “mujer del”. Pero los tiempos cambian. Hoy en día hay muchas ministras, muchas concejalas o muchas médicas, es decir, mujeres que ejercitan estos cargos (y no cargos de ser mujer del ministro, concejal o médico) y en el Diccionario de la RAE bajo la acepción que dice “mujer del” ya encontramos importantes abreviaciones: f. coloq. desus, o sea, femenino, coloquial y DESUSADO. ¿Y cuándo dejó la terminación -a designar a “la mujer del”? Esto no lo sé exactamente, para decir la verdad, pero la evolución natural de muchas de estas voces era la siguiente. Primero pasaron a ser comunes (el/la médico), es decir, la forma terminada en –o acompañada con un artículo femenino “la” (la médico) empezó a emplearse para designar una mujer que desempeña este cargo. Pero luego, después de ser comunes, pasan a tener una forma específica para el femenino utilizando la terminación -a, en otras palabras, esta terminación dejó de designar “la mujer del” y empezó a usarse para marcar una mujer encargada de un empleo concreto (la médica), sin que esto implique que la forma común sea incorrecta. Brevemente:
la médica “mujer del médico” → la médico “persona legalmente autorizada para profesar y ejercer la medicina” → la médica “persona legalmente autorizada para profesar y ejercer la medicina”
Y esta última forma (la médica) es la que se considera correcta y recomendada por la norma académica.
¿Y la razón por que las mujeres mismas hablan sobre sí como “la médico/jefe/juez”, etc.? Cosa que tampoco me estaría clara si lo dijeron las mujeres de España. Pero en otros países hispanohablantes, esos sustantivos tienen más acogida con género común. De ahí que también se usen sin alterar su forma para referirse a hombres y mujeres.

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