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En la Edad Media existían fuertes diferencias en función de la clase social a la que se perteneciera. Se distinguía a las personas en función de la indumentaria que vistieran y además era una forma de clasificarlos. Cada estamento de la sociedad llevaba unos ropajes distintos. Cuando finalizó el periodo romano la moda cambió, pasando de las túnicas a las telas de punto y malla. El período medieval comienza en el 476 d.C.

Los bárbaros, introdujeron el uso de bragas que recubrían las piernas, un tipo de prendas muy similares a los actuales pantalones o calzas. Las calzas iban ajustadas a las piernas, estaban decoradas con adornos y se sujetaban en la pantorrilla con el uso de ceñidores. 

Los hombres medievales utilizaba una escasa variedad en los colores de la indumentaria, el lado izquierdo y el derecho eran diferentes. 

Los nobles utilizaban el pigmento rojizo. Se añadieron las mangas a la ropa, ya que anteriormente, en las túnicas no había mangas. Se continuó utilizando las clámides, es decir, prendas de lana rectangulares, pero esta vez más amplias. Las prendas eran confeccionadas por las mujeres. 

Los villanos y los siervos utilizaban materiales como el lino, la lana o pieles baratas para abrigarse. En cuanto al  uso de los colores, estos dependían de la facilidad de tinte y del precio de las mismas. 

Las clases menos privilegiadas apenas usaban tintes en las telas, eligiendo el color natural de las mismas. Estos eran pigmentos como el gris o el marrón. Vestían camisolas con distintas larguras de manga, pero estas nunca superaban la cadera. El largo de la camisola llegaba a la rodilla y en el 1.000 d.C. se hizo más corto, quedando por encima de la rodilla. En época de duelo se cubrían con trajes negros o blancos, que eran trajes relativamente baratos en dicho período. En invierno se ponían zuecos de madera y en el verano no utilizaban zapatos.

Los niños sólo usaban una túnica de saya, a media pierna y no llevaban calzado.

Las mujeres llevaban la misma largura que las damas, y sus ropajes eran poco variados y similares a los de los infantes.

En cuanto a lo que la ropa de trabajo se refiere, se utilizaban delantales y calzones de pieles baratas en invierno. En función del gremio al cual se perteneciera se portaban unas pieles u otras sobre los sombreros.

Las clases privilegiadas se ataviaban con una mayor gama de colores vistosos. Además sus ropajes eran más largos. En lo relativo al uso de los tejidos las clases bajas usaban el lino y las altas la seda bordada en oro ribeteada de pieles traídas de lugares exóticos. Pero las pieles más habituales eran el zorro y el lobo. Las mujeres jóvenes utilizaban un pequeño escote, pero su falda tenía una largura hasta el suelo y los brazos estaban cubiertos con una camisola de lino o seda. Este estamento, se recubría con todo tipo de tonalidades, como el lila, negro, blanco (duelo), rojo, azul, dorado, plateado, verde, amarillo, rosa. Según el poder adquisitivo que se tuviera se usaban colores más o menos brillantes. Los hombres, en las fiestas se cubrían con ropajes al estilo de los nobles de Constantinopla, pero en el día a día, lucían prendas parecidas a los de los campesinos. Utilizaban botas o zapatos con punta alargada.

 

 

 

 Los bizantinos aportaron telas suntuosas y ricas, como la seda y los bordados en oro y pedrería. En sus ropajes abundaban flecos y adornos y la moda del manto semicircular se propagó a Occidente. Este manto se sujetaba con una fíbula al hombro derecho, simbolizaba el nivel social de quien lo llevaba y si era oscuro significaba que la persona atravesaba un duelo.

Con la invasión árabe se utilizaron diversas telas, y en los lugares dominados por ellos se vestían unos pantalones anchos llamados zaragüelles, además de la faja, e turbante y la túnica corta ajustada y con botones (aljuba).

Con el inicio de la Reconquista por parte de los españoles, se utilizó la camisa como prenda interior y diversas túnicas por encima. Estas túnicas terminaban con el jubón, que se ceñía al cuerpo y llegaba a la cintura. A esta prenda se le añadían volados que fueron cada vez menos utilizados. Llevaba botones y bordados. Se siguieron llevando túnicas talares, que como su nombre indica llegaban hasta los talones. Estas túnicas estaban compuestas por dos piezas un gonel y por encima un sobregonel. Al sobregonel se le añadió un cuello o esclavina llamado garnacha. Después se desechó el cuello acortándose así la prenda. El pellote consistía en un tipo de vestido largo y de abrigo, que solía estar forrado con piel de conejo. Se forraba la cabeza con sombreros cilíndricos o birretes.  En la guerra se llevaban cotas de malla, encima de túnicas de lana. Además se portaban armaduras, escudos y yelmos de hierro, ya que las batallas se realizaban cuerpo a cuerpo.

Entre las mujeres se normalizó el uso de la falda cuadrada con un orificio en la cintura y cuatro picos en el extremo inferior. Abundaban las formas rectas y mangas ceñidas. En la cabeza llevaban cofia o tocados, que se sujetaban con cintas en la barbilla. Para el frío se abrigaban con mantas o capas de ropa, usaban pellotes pero no calzas, pues llevaban las piernas al aire.

El estamento del clero, con gran importancia en la Edad Media tenía su propia indumentaria. En los acontecimientos importantes, los obispos utilizaban la miltra o toca alta y puntiaguda, el báculo pastoral; la capa y la dalmática (túnica abierta por los lados y muy adornada con materiales preciosos). 

En lo referente a los zapatos, tanto hombres como mujeres utilizaban un calzado abierto confeccionado en cuero, de cabra para las clases altas o de vaca para la mayoría de la población. Los hombres solían llevar botas.

 

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