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El español es una de esas lenguas con peculiaridades inexplicables, pero son precisamente estas peculiaridades, distintas en cada región española, las que la convierten en una legua verdaderamente apasionante.

Pero, al mismo tiempo, la hacen una lengua difícil de aprender para los extranjeros, y no solo para los extranjeros, a veces, los nativos del español también podemos encontrarnos con ciertos apuros en lo que a ciertos rasgos lingüísticos de refiere. Un buen ejemplo de esto, es la “h”. Con frecuencia he escuchado esta pregunta “¿Por qué existe la h si es muda?” La pregunta parece lógica, ¿Por qué mantener en nuestro idioma una letra que no suena, si lo único que hace es entorpecer la escritura?

Pues bien, en este artículo vamos a responder, parcialmente al menos,  esa pregunta. La existencia de la “h” data de antiguo. En origen, no era muda, de hecho, ni siquiera existía como “h”, sino que era un “f”. Sí, una “f”. La forma de palabras actuales como “hablar” o “hermoso”, en el castellano antiguo del siglo XV y anterior, era “fablar” y “fermoso”.

Entonces, ¿Cómo pasó esta “f” a transformarse en una “h” silenciosa? Pues bien, la “f” inicial de las palabras podía resultar difícil de pronunciar y ralentizaba el discurso, de manera que, dado que los humanos somos tendentes a buscar maneras de que nuestra vida sea más sencilla,  hacia el siglo XVI la “f” dejó de pronunciarse y comenzó a aspirarse, facilitando enormemente la articulación de las palabras. Los estudiosos de la época que observaban el fenómeno, concedieron a esta aspiración el signo fonético “H” y, finalmente, este signo sustituyó en la escritura a la “f”. Siglos más tarde, la aspiración también dejó de realizarse y el resultado fue la “h” muda que todos conocemos hoy en día.

Cabe destacar que, si bien en la mayor parte de España la “h” es muda, en el sur del país, como en Andalucía o Extremadura, entre otros lugares, se ha mantenido la aspiración, dando lugar a  fenómenos como:

“hartado”- “jartao” o “ahorgarse”- “ajogarse”. Cabe precisar que la “j” en Andalucía y el sur de España, tiene una pronunciación más suave que en el resto del país. Lo mismo pasa en algunas zonas de América Latina.

Es probable que la “h” acabe desapareciendo, como lo han hecho otros muchos rasgos del español medieval para dar lugar al idioma que hablamos actualmente. Pero hasta entonces, la “h” seguirá presente en nuestras vidas y seguirá siendo necesario escribirla aunque no la pronunciemos.

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