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Los árabes llegaron, desde el norte de África, a la Península Ibérica en el 711 a.C. y la conquistaron rápidamente. Tal conquista fue casi completa, solo ignoraron algunos pequeños territorios del norte por su escasa riqueza. De este modo, se produjo una fragmentación poblacional y cultural en el territorio, y la Península quedó dividida en dos partes: Una mitad norte, cristiana, que más tarde emprendería la Reconquista y una mitad sur, denominada Al-Andalus, donde la influencia árabe sobre sus pobladores fue muy relevante.

Antes de la Reconquista, los árabes dejaron su impronta en la Península en un gran número de ámbitos, permitiendo a estos territorios evolucionar y desarrollarse es muchos aspectos, tales como la arquitectura, la botánica, la agricultura, la filosofía, la medicina, la cocina… y, también, en el ámbito lingüístico. Estos 800 años de convivencia entre árabes y cristianos provocaron que el árabe, lengua oficial, y el romance se mezclaran, dando origen a palabras y expresiones que perviven hoy en día, como todas esas que empiezan por “al-” (almohada, alcalde, alférez, albañil, algoritmo…). Y la expresión “ojalá” es una de ellas.

Esta expresión forma parte de nuestro vocabulario diario y la empleamos sin darnos cuenta de su curioso origen. “Ojalá” es una expresión del árabe clásico “wa-šā’ allāh”, que significa “Quiera Dios”, generalmente usada para expresar buenos deseos para otroas personas. En el árabe hispánico hablado en la Península, la forma original de la expresión sufriría una adaptación local, y pasaría a ser “law šá lláh” ("si Dios quiere"). Cabe destacar que la pronunciación de “šá”, se asemeja al “ja” actual, de manera que, la expresión del árabe clásico se pronunciaría de manera similar al actual “ojalá”, mientras que en el árabe hispánico la pronunciación sería “lojalá”. Como con el tiempo la “l” inicial acabaría desapareciendo, el resultado sería una expresión que sonaría, en la oralidad, como el actual “ojalá” y tendría el significado actual: “si Dios quiere”.

Esta expresión siguió utilizándose para expresar esperanza o deseos de algo suceda, incluso después de la Reconquista y hasta nuestros días. No deja de resultar curioso, que una palabra que hace referencia a un Dios islámico se siga empleando en la actualidad en una sociedad cristiana. Pero esto mismo es un buen ejemplo, de cómo “ojalá” ha perdido parte de su significado religioso originario integrándose como una palabra más en nuestro idioma, así como en otros hablados en la Península, conservando sólo su significado último: “Deseo vivo de que algo suceda” (DRAE, 2014), sin importar qué Dios sea.

 

 

Fuente: Coromines, Joan & Pascual, José A. (1991-1997) Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico Madrid: Gredos

 

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