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El leísmo, laísmo y loísmo son los fenómenos resultantes de emplear de manera inadecuada los pronombres “le”, “lo”, “la”. Pero, ¿Por qué ocurre esta confusión? Pues bien, eso es lo que se va a explicar en este artículo.

El español es una lengua romance, esto es, proviene del latín, por lo que su gramática y su vocabulario han sido tomados de esta lengua. El latín tenía como pronombres demostrativos hic, haec, hoc, ille, illa, illud/illum, con sus respectivas formas, tanto en singular, como en plural.  El castellano, en sus orígenes, incorporó sólo ille illa illud/illum, y sus formas plurales, de los que con el tiempo se obtuvieron los pronombres “le”, “la”, “lo” y sus formas plurales.

El español mantuvo las funciones sintácticas latinas, de manera que si illa e illud (“la” y “lo”) eran caso acusativo, en castellano se establecieron como pronombres de objeto directo. Y como ille (“le”) era dativo, en castellano se mantuvo como objeto indirecto.

Sin embargo, pronto surgió entre los hablantes del castellano un nuevo problema: Estos pronombres no permitían distinguir el género gramatical, de modo que no se sabía si “lo” era masculino o neutro y si “le” era femenino o masculino.

Por tanto, tuvo lugar una renovación del sistema que dio como resultado una distribución híbrida entre la originaria latina y la nueva castellana, mediante la que sí es posible conocer el género al que se hacía referencia. De modo que “le” era un pronombre masculino, “la”, femenino, mientras que “lo” se usaba en contadas ocasiones, como neutro, derivando en un problema de leísmo y laísmo que afectó, durante la Edad Media a toda Castilla, pero también al norte de la Península en general. Este sistema perduró durante años, de hecho, escritores del Siglo de Oro (XVI-XVII), como Cervantes o Quevedo eran grandes leístas.

Si bien en un principio, la RAE apoyó tal sistema, pronto inició una reforma del mismo hasta llegar a la distribución que se conoce actualmente y que hace eco del sistema latino. Así pues, “le” es objeto directo, sin importar el género al que se refiera, mientras que “la” y “lo” son objeto directo, femenino y masculino, respectivamente.

En cualquier caso, a pesar de que la RAE haya fijado estas normas, no ha conseguido despejar el leísmo, laísmo y leísmo del habla popular, puesto que siguen siendo fenómenos frecuentes en el país, en especial, el leísmo. Así, puede ser habitual el uso incorrecto de “le” como objeto directo en, por ejemplo, “(los guantes) les compró”, en lugar de la forma correcta "(los guantes) los compró", o de “la”, como objeto indirecto ‘femenino’ en “la dijo”, en lugar de "le dijo".

Fuente: Diccionario Panhispánico de Dudas. RAE

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